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El cambio por el medio ambiente empieza en casa

Pañales, tazas y hasta cepillos de dientes amigables con el entorno. Las ofertas ecológicas crecen junto a la lucha contra la cultura del desecho.

Mujer recicla basura. Foto: Shutterstock
Hay beneficios en un consumo consciente del impacto ambiental. Foto: Shutterstock

Milagros tiene 29 años, está esperando su primer hijo y ya tomó una decisión: después de que su bebé supere los 4,5 kilos, pasará de los pañales descartables a los reutilizables. Su propósito es doble: por un lado quiere contribuir con el medio ambiente —se estima que un pañal desechable tarda hasta 500 años en degradarse— y, a la vez, ahorrar.

No es novedad, claro, que cuidar el medio ambiente es fundamental para lograr una vida sustentable en la Tierra. Guste o no, es el único planeta que tenemos, al menos por ahora. Como dicen quienes están detrás de varios movimientos ambientales a lo largo del mundo: no hay un planeta B. Aunque no sea un tema nuevo, el interés y las propuestas respecto a decisiones ecológicamente responsables siguen tan vigentes como siempre.

Club de Reparadores. Foto: difusión
El Club de Reparadores es itinerante, gratuito, y además de hacer arreglos, enseña a reparar objetos . Foto: difusión

Hace unas semanas se publicó en Revista Domingo un nota sobre las nuevas catástrofes ambientales que enfrentaremos (algunas ya suceden) por el cambio climático: no solo eventos meteorológicos en otras partes del planeta, sino fenómenos más cercanos como tormentas intensas, las inundaciones u olas de calor extremo. Esa nota surgió a raíz del informe Perspectivas del medio ambiente mundial, que Naciones Unidas publicó en marzo y que más allá del cambio climático, también hace otro llamado de atención: no estamos tomando el camino de mejorar nuestras políticas y comportamientos sustentables a largo plazo.

En Uruguay, este debate se reavivó por la reciente ley de bolsas de plástico, la contaminación de los cursos de agua dulce, los animales marinos que aparecen muertos en playas del Este y las cianobacterias. Todo eso, entre otros factores, contribuye a un cambio de actitud que empieza a notarse a nivel colectivo. En este informe, Revista Domingo conversó tanto con especialistas como con emprendedores con propuestas para un consumo menos dañino.

Responsabilidad ambiental

Están quienes siguen la línea del presidente estadounidense Donald Trump y, ante los datos, simplemente dicen “no me lo creo”. Pero no es necesario ir tan lejos, ni a las altas esferas del poder. Basta con remitirnos a nosotros, a nuestras familias, vecinos o amigos para ver cuántos pensamos en el medio ambiente cuando tomamos decisiones cotidianas.

Contenedores para clasificación de basura. Foto: Archivo El País
Para que el reciclaje sea efectivo, hay que clasificar en el hogar. Foto: Archivo El País

Aunque el impacto de las grandes industrias es grande en materia de contaminación —y es importante que haya un cambio en la forma de producción— “hay distintas responsabilidades”, dice Mariana Robano, ingeniera civil especializada en medio ambiente y directora técnica del programa ReAcción, de agencia Alva. “Como consumidores y ciudadanos, también tenemos una cuota”.

A usted le habrá pasado, a mí también, de ver a alguien arrojar un papel por la ventanilla del auto o tirar botellas de plástico en un contenedor común. Contaminar está prendido a nosotros como uno de esos hábitos del día a día. Para Robano, el problema está en que no nos hacemos responsables de la basura que generamos. La especialista explica que “es un tema de cómo nos han enseñado”, porque estamos acostumbrados a que una vez que despachamos la basura en contenedores la perdemos de vista definitivamente y ya no es nuestro problema.

“Esperamos que la Intendencia se haga cargo, o que alguien más lo clasifique. Pero si yo no clasifiqué mis residuos en el hogar, si yo mezclo yerba con papel, al papel lo arruiné. Entonces, necesariamente las decisiones de las separaciones de origen están en los hogares o en las empresas. Ahí hay una clara responsabilidad. Si elijo colocarlo en el recipiente adecuado, estoy viabilizando el reciclaje, pero si no lo hago no hay solución posterior”, añade.

La app “¿Dónde reciclo?” es una herramienta para empezar

Para los especialistas en medio ambiente, el ideal sería que cada hogar, empresa, individuo sea responsable de su propio desecho. Separar la basura correctamente en el hogar para que luego pueda ir al destino correcto y que sea posible reciclar o hacer compost. Creen que el sistema de recolección de residuos colectivo mitiga la responsabilidad individual, por lo que aquel que quiere pasar por alto la separación de residuos, no tendrá ninguna consecuencia.

Sin embargo, también se postula que la educación y culturización pueden facilitar el camino y por eso brindan distintas herramientas para que reciclar sea una tarea más sencilla. Desde instructivos detallados de cómo clasificar cada desecho (se pueden encontraren la web de ReAcción), que van más allá del “húmedo” y “seco”, hasta una aplicación que muestra todos los puntos en donde se puede reciclar.

La aplicación “¿Dónde reciclo?” es relativamente nueva (se lanzó en 2017), y fue desarrollada por la asociación civil Compromiso Empresarial para el Reciclaje (Cempre) y la organización DATA.

Aunque todavía le faltan detalles (las indicaciones para algunas ciudades del interior son escasas), permite también identificar en qué tipo de contenedores se debe tirar cada desecho (dónde ir por pilas, baterías, plástico, vidrio y otros materiales), y da consejos básicos para la clasificación en el hogar. Las opciones van desde una clasificación básica (entre materiales reciclables y mezclados) pasan por una intermedia que incluye los compostables y concluye en una avanzada que separa entre los residuos peligrosos, metal, papel y cartón, plásticos y todas las opciones anteriores.

Hasta ahora, la aplicación, disponible para Android e iOs, lleva algo más de 1.000 descargas.

Tanto desde ReAcción como desde Cempre (Compromiso Empresarial Para el Reciclaje) consideran que el contenedor de basura colectivo no ayuda en la educación hacia una responsabilidad con nuestros residuos. En un taller brindado en conjunto explicaron que cuando existía el sistema de bolsa (aunque reconociendo que no es el más eficiente) el mensaje era: “El residuo es mío, yo soy responsable”, y pusieron como ejemplo el nuevo sistema que implementa la Intendencia de Canelones de los contenedores individuales.

Si bien solo un 10% de la población canaria tiene el contenedor de residuos “secos”, cada uno está a cargo de la clasificación de su basura. Y siempre está la opción de acercarse a los supermercados, donde está la movida “Tu envase sirve”. “Los contenedores colectivos no son de nadie. No sentimos que nos estén mirando. Entonces lo que hagamos con eso no importa”, dijo Federico Baráibar, director ejecutivo de Cempre, en el taller.

Pero el desecho o el reciclaje es solo un punto de nuestra responsabilidad, porque antes está la decisión de consumo. ¿Elegimos el refresco en botella retornable o desechable? ¿Cuántos vasos o utensilios como platos, sorbitos o cubiertos desechamos día a día? ¿Por qué no optamos por lo reutilizable?

Un club de reparadores pensado para olvidar los desechos

La iniciativa Club de Reparadores nació en Argentina, en 2015. La idea era reunir en espacios públicos a personas que supieran reparar ya fuera indumentaria, juguetes, electrodomésticos o muebles para realizar reparaciones voluntarias, dialogar con el público y enseñar a otros a poder arreglar sus propios objetos domésitcos. Son eventos itinerantes, voluntarios y gratuitos.

A Uruguay la iniciativa llegó en 2016, de la mano de la agencia Alva, y ya realizó 16 encuentros de reparadores. La ingeniera ambiental Mariana Robano es una de las representantes del club del lado uruguayo y explicó que la idea no es que la gente vea estos eventos como un service gratuito, sino que se anime a acercarse con apertura al diálogo y a aprender.

“El objetivo es enseñar a la población -o a aquel que va a reparar cosas- a cambiar su relación con el consumo en este sentido: empezar a elegir qué cosas se pueden reparar y qué no, y así cuando compro algo, mirar si trae tornillos, repuestos. Una vez que uno se enfrenta con la acción de reparar, logra ver si un objeto es reparable o no”, cuenta.

Con esta iniciativa se fomenta la reutilización de objetos y se extiende la vida útil de esos utensilios que muchas veces parecen tener fecha de caducidad. Es una contrapartida del “use y tire”, y además es volver rescatar y valorizar los oficios de reparadores que en Uruguay todavía no se extinguieron del todo, y que se ven como fundamentales para una forma de vida sustentable.

Desde el club definen los encuentros como instancias en la que el público aprende a relacionarse de una manera distinta con los objetos. “Entiendo por qué hay que reparar, aprendo que la obsolescencia programada está mal, por qué está mal, por qué ese consumo de recursos, que son finitos, nos llevan a que tengamos que cambiar los hábitos”, cuenta Robano.

Los próximos encuentros del Club de Reparadores están programados para el próximo 22 de junio en el barrio Peñarol y en julio en Casavalle. Los encuentros son anunciados siempre en sus redes sociales.

La ingeniera cree que “las empresas y las industrias tienen otras responsabilidades, y en la forma de producir tienen que hacerlo con ciertos estándares ambientales. Pero no olvidemos que esas industrias producen para los consumidores. O sea que producen lo que el consumidor demanda, y hay que empezar a demandar otras cosas. Hay que apostar y educar hacia la responsabilidad (...) El consumidor no tiene asociado la generación de residuos es consecuencia de su elección. Si yo elijo envases o productos con sobrepackaging, o productos en tamaños muy chiquitos cuando por mi nivel de consumo en vez de comprar de a 200 gramos podría comprar de a un kilo. Eso es lo que tenemos que empezar a cambiar”.

El cambio de la bolsa de plástico por la chismosa fue impuesto (y necesario). En enero de este año se aprobó el decreto de la ley 19.655 que reglamenta el uso sustentable de bolsas plásticas, y que entró a regir en marzo cuando se prohibió la importación y fabricación de todas las que no sean compostables o biodegradables. Si bien la obligatoriedad de pagar por bolsas plásticas regirá recién a partir del 30 de junio, ya hay comerciantes que las cobran desde abril (por miedo a quedar sin stock) y el efecto fue inmediato: el consumo cayó 80%.

Mujer usa una tote bag. Foto: archivo
Impacto. Uno de los cambios principales es el uso de la chismosa (o tote bag) en lugar de la bolsa de plástico.. Foto: archivo

“Si te la cobran te enfrentás a una decisión que antes no tenías que tomar, y decís, ‘¿La preciso o no?, ¿Vale la pena?’ Va más allá de lo que duele en el bolsillo porque la reducción se ve en todos los barrios”, dijo en su momento Alejandro Nario, director de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) a El País.

Más allá del cambio obligatorio de las bolsas, hay otros productos contaminantes que tienen alternativas sustentables. En Uruguay todavía no se encuentran a nivel masivo, pero hay optimismo hacia el futuro. Robano afirma que “cada vez hay más información de la crisis que tenemos. En Uruguay estamos viendo consecuencias que nos afectan”, y eso lleva a una concientización en crecimiento.

Pañales reutilizables

En Uruguay son varias las tiendas (algunas online) que trabajan con pañales de tela y promueven el cambio en las familias con bebés. Es el caso de Ecoyo, la tienda que Isabel y Karina abrieron en la web hace dos años y medio.

“Somos mamás que empezamos a usar los pañales de tela modernos y nos pareció una opción tan fabulosa que quisimos hacerlo una realidad para las familias uruguayas”, cuenta Isabel. Cuando comenzaron a usarlos, no había mucha referencia en el país y dicen que su acercamiento fue a “ensayo y error”. Investigaron, vivieron sus propias experiencias (en familias que, dicen, son muy diferentes) y decidieron ser un puente para nuevas madres y padres. En su caso, se decidieron por los pañales de tela de bolsillo porque, aseguran, son los más prácticos y económicos.

Pañales de tela. Foto: archivo
Se estima que los pañales desechables tardan unos 500 años en degradarse. Estos pañales reutilizables pueden ir al lavarropas y secarse al sol. . Foto: archivo

Las chicas de Ecoyo disfrutan también de asesorar a quienes se acercan a preguntar (estarán este fin de semana en la Expo Bebé del LATU), y cuentan que uno de los principales argumentos de quienes no los eligen, es el tiempo que insume la limpieza del pañal. Sin embargo, explican, los pañales que ellas comercializan no son como los de antaño: se pueden poner en el lavarropas y blanquear al sol. Además, los recomiendan porque son de tela respirable y sin productos químicos potencialmente nocivos.

Milagros cuenta que no está totalmente en contra de los pañales desechables. “Pero pudiendo utilizarlos lo menos posible, mejor. Soy mamá primeriza así que tendré que ir experimentando sobre la marcha”. Tampoco conoce a nadie de su círculo cercano que haya experimentado, y están quienes le dicen que “está loca” por optar los reutilizables. Ella responde: “Considero que la gente que me dice ‘No tenés idea en lo que te metés’, no se ha puesto a pensar en el impacto que se puede llegar a generar con estos pequeños actos”, reflexiona.

Otros productos que Isabel y Karina incorporaron a su tienda son las toallas femeninas de tela (funcionan similar a los pañales y se pueden meter al lavarropas) y la copa menstrual, una opción que se populariza cada vez más. “Nosotras fuimos criadas en el auge de lo desechable, donde el ‘Use y tire’ es lo más práctico. Ni siquiera se nos pasó por la mente cuestionar el impacto que esta conducta trae a nuestro mundo”, opina Isabel.

Ropa de segunda mano

Carmela (26) y Agustina (30) son primas, socias y responsables de la Feria Revolver, que empezó por su gusto personal por la ropa vintage y se convirtió en su granito de arena hacia la sustentabilidad.

Feria Revolver. Foto: difusión
Revolver. Empezó por el gusto por lo vintage, hoy hablan de sustentabilidad. Foto: difusión

Ellas saben que la industria de la moda es de las que más contaminan, y que una de las alternativas es la reutilización, que se da tanto con la donación de ropa, como con la venta de ropa de segunda mano. Les gusta creer que con el impulso de la ropa vintage se crea una moda que beneficia el medio ambiente, y que se puede convertir en un cambio de hábito permanente.

Con esto en mente, los expositores de Revolver (la próxima edición es el 22 y 23 de junio en Sinergia) tienen una premisa importante a cumplir: ser sustentables. Así, las responsables eligen marcas que trabajen con ropa de segunda mano, pero también diseñadores que reciclan esas prendas usadas (upcycling) y las convierten en algo “único y exclusivo”. Otros diseñadores emergentes trabajan con materiales benévolos, desde telas orgánicas hasta etiquetas de papel reciclado.

La taza reutilizable

En un viaje de formación como barista que Alicia Radi hizo a Inglaterra, conoció las KeepCup, unas tazas reutilizables para cafeterías que unos hermanos australianos crearon hace una década. Tanto Alicia como su socia y cofundadora de Cafetto Prado, Nuria Varela, vieron que ese sistema podría contribuir al abandono de los vasos descartables del café para llevar.

Tazas keepCup. Foto: Gerardo Pérez
Importados. En Montevideo hay una red de cafeterías que promueve el uso de los vasos reutilizables y ecoamigables KeepCup. Foto: Gerardo Pérez

La sinergia con la empresa australiana fue compleja, por el tamaño del mercado uruguayo. Pero finalmente lograron convencer a Abigail y Jaimie Forsyth, los creadores de KeepCup, de que la idea tenía que ir más desde el lado de la cultura de la reutilización, que desde el rédito económico. Este año, Cafetto Prado se convirtió en el representante oficial de la marca en Montevideo, y también lograron otra sinergia: la de cafeterías de especialidad en Montevideo que se sumaron y crearon una red. Ahora, el cliente que tiene uno de estos vasos (que además son de materiales amigables) puede ir a cualquier local de la red y obtienen descuento en su café, incluso si en lugar de llevarlo quieren tomarlo en el lugar.

¿Qué más?

Por el camino de la venta de productos reutilizables y ecoamigables está también la tienda virtual Ecoshop. Paula López la fundó por la necesidad de trabajar en algo que la apasionara. Se inspiró cuando en un programa de televisión conoció la historia de una pareja de Bilbao que había creado la tienda web Sinplastico.com. Les escribió, la asesoraron y empezó a investigar posibles proveedores que trabajaran de forma responsable con el medio ambiente.

Cóctel con un sorbito de acero
Los sorbitos de acero son una alternativa para los de plástico —mortales para las tortugas—.

Hoy, vende desde cepillos de dientes de bambú, brochas de maquillaje veganas, bolsas de algodón orgánico a utensilios de cocina de materiales más duraderos que no tienen ni bisfenol A ni plomo. Uno de los productos que ha crecido en popularidad para Ecoshop es el de los sorbitos de acero inoxidable. Los de plástico son mortales para las tortugas, y las campañas en su contra han llevado hasta a que cadenas de comida rápida ya no las den por sentado.

Aunque es una empresa relativamente nueva y todavía está buscando su público, tiene clara su premisa, que bien puede resumir la de todos estos impulsos: “Cada acción a favor del medio ambiente cuenta”.

¿Qué es la economía circular?

“La economía circular podría reducir hasta un 99% los desechos de algunos sectores industriales y un 99% de sus emisiones de gases de efecto invernadero, ayudando así a proteger el medio ambiente y combatir el cambio climático”, sostiene un artículo de la web de Onu Noticias. En Uruguay, Cempre y ReAcción son algunos de los promotores de este tipo de economía, un sistema que permitiría alargar la vida del planeta, o al menos mejorar. “Es una alternativa al modelo de extraer, producir, usar y tirar”.

¿De qué se trata? Es un nuevo modelo de negocio que imita a la naturaleza y está basado en la reducción de desperdicios. Para esta economía, el reciclaje es el último y postergado eslabón de la cadena, pero el desecho no existe, sino que hay que ir por la reutilización, la reparación y la refabricación.

Según ONU, esta mutación a nivel de sistema también implica un cambio en los ciudadanos, que debemos alejar nuestro “chip de consumo” de todo lo que es descartable porque es más práctico, porque aunque útil, es dañino para el planeta.

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