El fin de semana hay partido en Rivera. Suena el silbato, se escuchan gritos y bombos, y aparece un felino de pelaje pajizo. No es un invento caprichoso ni un personaje salido de una caricatura: es Marco, la mascota de la selección local, inspirada en el enigmático Leopardus munoai, uno de los mamíferos más amenazados del país.
El gato de pajonal es un pequeño felino silvestre del bioma Pampa, endémico de Uruguay y con presencia en el sur de Brasil y una porción de Corrientes, totalmente esquivo y de hábitos nocturnos: en los últimos 20 años fue registrado apenas una veintena de veces, muchas de ellas tras atropellamientos en rutas.
Detrás de la iniciativa estuvo Santiago Turcatti Oviedo, director y fundador de Rock and Pampa – Uruguay Small Wild Cat Program, un programa dedicado a la investigación y conservación de pequeños felinos silvestres en Uruguay y el sur de Brasil, que impulsó y financió la creación de la mascota.
“La intención fue clara desde el inicio: que el deporte, esa pasión que une generaciones, también pudiera contar una historia sobre nuestra biodiversidad”, explica Turcatti a Domingo. “Que cada foto con la mascota, cada partido y cada evento fueran una oportunidad para recordar que estos felinos todavía habitan nuestros campos, aunque pocas veces los veamos”, agrega.
El nombre tampoco es casual. Marco alude a los marcos que delimitan la frontera y, al mismo tiempo, funciona como puente simbólico entre territorio, identidad y naturaleza. En un departamento atravesado por límites políticos, la mascota propone otro tipo de pertenencia: la que nace del paisaje compartido.
El gato de pajonal uruguayo pesa entre tres y cinco kilos, es apenas más pequeño que un gato doméstico grande y se distingue por su pelaje largo y pajizo, sin manchas en el lomo y con líneas oscuras en las patas. Esa coloración le permite camuflarse en pastizales, pajonales y chircales. Su dieta incluye roedores, micromamíferos y aves que nidifican en el suelo.
Pero su hábitat se reduce. La transformación de pastizales en monocultivos, la quema, la caza con perros y el atropellamiento en carreteras fragmentan poblaciones que ya presentan problemas de conectividad y variabilidad genética. Su estado de conservación es crítico.
En ese contexto, la apuesta de Rivera resulta singular. “Impulsamos y financiamos la creación de Marco, apostando a una forma distinta de hacer conservación: cercana a la gente, conectada con la identidad local y capaz de integrar cultura, deporte y biodiversidad en un mismo mensaje”, señala Turcatti.
La estrategia no reemplaza la investigación científica ni las políticas públicas necesarias, pero suma un componente clave: la conversación social. En un país donde, como advierten especialistas, faltan planes de acción específicos para muchas especies amenazadas, instalar el tema en la tribuna puede ser un primer paso. Porque conservar no siempre empieza en publicaciones académicas. A veces empieza en algo tan simple como una mascota de fútbol que despierta curiosidad, orgullo y preguntas.