DE PORTADA

La magia o el misterio de lo imposible

La magia está pasando por un buen momento en Uruguay. Pero ¿qué es? ¿en qué consisten los trucos? ¿cómo vive un mago? 

El mago Ariel, un referente de la magia en Uruguay
El mago Ariel, un referente de la magia en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé

Harry Scott me abre la mano derecha y pone sobre mi palma extendida dos monedas. Me dice que si yo adivino dónde terminarán las monedas me gano 1000 dólares. Me pide que la cierre y que las apriete con fuerza. Estoy segura de que están ahí. Me agarra la mano y me pregunta si sentí algo. Le digo que no, mi mano nunca se abrió. Me pregunta quién de los dos tiene las monedas. Le digo que todavía las tengo yo, que las tengo que tener yo, que nunca abrí mi mano para soltarlas, que sería imposible que las monedas no estén apretadas con mis dedos. Uno, dos, tres. Abro la mano. Sucedió: las monedas no están más conmigo, sino que las tiene él. Me sorprendo, me río, me miro la mano, quedo fascinada, alucinada. Él solo sonríe. A mí no me importa cómo sucedió aunque me genera curiosidad. Solo sé que pasó, que las monedas viajaron de mi mano a las suyas sin que yo la abriera ni me diera cuenta. Eso es a lo que los magos y las magas le llaman magia: al instante en el que lo imposible sucede en la vida real, al momento en el que ocurre el milagro.

Aunque la magia sea, en el fondo, un contrato en el que el mago y su público acuerdan que lo que va a suceder siempre tendrá detrás un truco, un secreto, un misterio que no será develado, para que la magia suceda solo hace falta creer. Creer en la ilusión, en eso que pasa ante nuestros ojos sin importar que sea un “engaño”, creer, como dice el mago Daniel K, en el “momento mágico”: ese que sucede en la comunión del mago con su público, ese preciso instante en el que la gente se emociona.

La magia está pasando por un gran momento. En Uruguay desde hace tres años funciona el Club Uruguayo de Magia y tiene, más o menos, 50 socios. Aunque los que logran vivir de la magia son muy pocos, se estima que hay al menos unos 100 aficionados que año a año participan en los eventos que se realizan en Montevideo.

A los magos les resulta difícil decir qué es la magia. Y aunque todos los consultados para esta nota coinciden en algún punto, también tienen sus matices. “Es sorprender, entregarse al juego; ya sabés que te van a engañar, es un pacto de a dos, pero entregás tu conciencia y tu corazón para que suceda el milagro. Noche tras noche; show tras show”, dice Judy del Bosque, maga. Para Harry Scott “es una disciplina que se puede definir como una rama artística. Fu-Manchú, un gran mago, decía que se necesita un 20% de técnica y un 80% de actor. Lo que hacemos es interpretar un personaje que supuestamente tiene poderes, que hace aparecer y desaparecer cosas, que tiene el dominio de ir contra el tiempo y contra las leyes naturales, pero en definitiva estás haciendo el trabajo de un actor”. El Mago Ariel dice que la magia “es muchas cosas. Es un arte, es una profesión, es una pasión, es una religión”. Para Manuela Rud, que tiene 18 años pero hace magia desde los 12 y es una de las pocas mujeres del mundo que se dedica al cardistry (malabares con cartas), es una “experiencia de pasión” que comparte con el público. Daniel K dice que es “vivir cosas imposibles pero en la vida real, es poder conectar, emocionar, transmitir cosas”.

Ellos cinco son algunos de los referentes de la magia en Uruguay. Sus historias, claro, no tienen nada que ver, más que en el deseo de querer dedicarse a hacer trucos.

De familia 

La magia es su mundo natural, en el que vive desde que nació. Su padre, el primer Mago Ariel, lo llevaba a sus shows desde que él tenía 9 años. A los 12 le permitió hacer su propio número dentro de uno de sus espectáculos. Lo presentó como el Mago Ariel Junior y él hizo trucos con pañuelos, con flores, con palomas.

“Mi mundo siempre fue el de la magia, por eso yo siempre digo que vivo en un mundo paralelo. Cuando mi papá se retiraba del escenario, yo me enfrentaba solo al público y a lo que viniese. Desde ahí empecé a foguearme en la magia. Después hacía las giras con él”, dice Ariel, que ahora tiene 63 y siempre ha vivido de la magia. “A veces suena raro que yo diga que nací para ser mago, pero creo que es así”.

Cree que para ser mago hay que tener carisma, que no se trata solo de aprender el truco. También piensa que el trabajo duro es la clave. Por eso, él sigue estudiando y entrenando como cuando recién empezó. Su casa está llena de libros y la mayoría son sobre magia. Le dedica, de lunes a viernes, al menos dos horas por día. “No cualquiera puede ser mago. Pero si uno se propone algo, lo logra. Eso yo lo tengo clarísimo. La disciplina le gana a cualquier talento pero tenés que trabajar mucho”.

Dice que le gusta investigar y que, aunque no suele inventar trucos, sí le gusta adaptar los clásicos a su impronta. “He hecho de todo, desde grandes ilusiones, magia de salón, close up (NdR: magia de cerca), cartomagia. Estuve compitiendo durante 20 años seguidos y tengo 18 premios a nivel mundial”. Además, tiene experiencia en magia para adultos y para niños. Y, aunque parezca que no, dice Ariel que los adultos son los que más se asombran. “Ellos saben que es un truco pero cuando lo ven se impresionan y les fascina, no buscan ver cómo lo hiciste. Los niños siempre quieren buscarte el secreto. Los adultos son lógicos. Los niños utilizan la fantasía, entonces creen que haces aparecer a una paloma pero que la tenías escondida adentro del reloj, por ejemplo. Tienen respuestas maravillosas, me enseñan mucho”.

La maga

Judy del Bosque, maga, ahora de gira internacional
Judy del Bosque, maga, ahora de gira internacional

Judy del Bosque cree que la magia la buscó cuando era una niña. Y la encontró. “Todo el tiempo me ocurrían cosas mágicas. Pensaba en un número y aparecía en ese instante una carta con ese número en el tronco de un árbol. Miraba a una persona y ya podía adivinar su profesión, qué estaba pensando (eso a veces es un riesgo. Descubrís cada cosa y debés guardar el secreto). Fui a ver a David Copperfield y nunca imaginé que me invitaría a su camarín, me regalaría un truco, yo a él otro y quedaríamos en una relación hermosa”, cuenta la maga que ahora está en Israel dando shows, después de pasar por Italia y Suiza.

Decidió dedicarse a la magia porque sentía la necesidad de contarle a las personas con las que se cruzaba “que la verdadera magia existe”: “Utilizo las herramientas que me ofrece la magia, como cartas o mentalismo, para transmitirle al público que puede creer en todos los hechos y ‘aparentes coincidencias’ que ante ellos se presentan”. También es profesora de matemáticas y física aunque ahora, por la cantidad de shows y giras que tiene se le hace imposible seguir dando clases.

Judy hace magia de escenario o close up, es decir, magia de cerca. “El público enloquece, ocurre a centímetros de su rostro”, cuenta. “Mis espectáculos, tanto en teatros o fiestas particulares, son muy divertidos. Tienen trucos muy sorprendentes, mentalismo, apariciones. Hay mucha participación del público”. Para ella, no cualquiera puede ser mago o maga. “Creo que no alcanza con estudiar o comprar un par de trucos. Se necesita practicar infinitas horas, saber transmitir la magia, envolver al público, hacerlo soñar contigo, lograr que entre en la burbuja del juego y olvide la realidad por ese rato. Así y solo así, el milagro esa noche también ocurrirá”.

Lo imposible

Daniel K, uno de los magos más populares de Uruguay
Daniel K, uno de los magos más populares de Uruguay. Foto: L. Mainé

La primera vez que Daniel Ketchedjian (o Daniel K) se enfrentó a la magia tenía 5 o 6 años. Su padre era un aficionado y le hacía desaparecer un pan debajo de una servilleta. “Para mí eso era mágico”. Hoy es uno de los magos más populares e importantes de Uruguay.

“Al principio lo que disfrutaba era tratar de descubrir el secreto. Miraba al mago, me fascinaba y después estaba horas tratando de descubrir el secreto. Y gozaba cada vez que lograba entender cómo lo hacían. Después por suerte descubrí que la magia es otra cosa y me apasionó: entendí que se trata de conectar con la gente, de vivir el efecto y no tanto el truco, que para mí, aunque sigue siendo la esencia de la magia, pasó a un segundo plano”.

Sin que se diera cuenta, Daniel empezó a encantarse con la magia, a aprender y a hacer sus primeros shows en los cumpleaños de los hermanos de sus amigos del liceo a cambio de una porción de torta. Cuando terminó de estudiar no hubo dudas: se iba a perfeccionar como mago. “Estudié teatro, comunicador televisivo y empecé a hacer mis primeros pasos en la televisión. Perfeccioné mi inglés porque tenía ganas de proyectarme hacia afuera, y de hacer cursos en el exterior. Después hice la Licenciatura en Comunicación y me sirvió mucho”.

Entre el 28 de mayo y el 2 de junio Daniel estará con su show en The Magic Castle, en Los Ángeles, un club nocturno de magia en el que se presentan los mejores magos del mundo. Esta es la sexta vez que hará su magia allí.

Daniel hizo grandes ilusiones inspirado en David Copperfield pero después eligió la magia de salón, la que sucede bien cerca de la gente. “No importa que esté en un teatro con 1500 personas o en una fiesta con 30. El elemento necesario para que la magia suceda es la conexión y la comunicación que tengas con la gente”.

Cree que lo que encanta de la magia es el “misterio de lo imposible, el saber que hay algo más que no podemos descifrar. Lo importante en la magia teatral es recalcar que hay un secreto detrás, pero que se hace a sabiendas del espectador. Hay un pacto de que yo te voy a intentar asombrar con algo que yo sé y vos no, con la única intención de que disfrutes”, dice.
Así, mientras nos sigamos asombrando la magia se va a seguir reinventando, va a seguir existiendo. No hacen falta galeras ni grandes máquinas. Para que la magia suceda solo se necesita creer.

Entre la magia y la hipnosis
Harry Scott, mago e hipnotizador

Harry Scott es el único en Uruguay que además de magia, hace hipnosis. Así, en sus shows puede mezclar las dos cosas: hace aparecer y desaparecer objetos, hace trucos de cartas y de mentalismo, pero también dice “1,2,3 sueño” y controla la mente de su público, los hace olvidarse de un número, los hace bailar, los hace ganar el Cinco de Oro; después, no se acuerdan de nada.

Harry conoció la hipnosis cuando conoció a Tusam, en 1986. “Yo empecé trabajando como fotógrafo de su espectáculo en Punta del Este. En esa ocasión además había invitado a un mago argentino, Hugo Daniel, yo era un adolescente y quedé fascinado. Después pasé a ser asistente de Tusam y estudié cuatro años de parapsicología”.

En el 89 empezó a hacer shows de magia de forma profesional y dos años más tarde incorporó la hipnosis a sus espectáculos.

Cuando Harry duerme a las personas de su público que se animan a la hipnosis, los demás no pueden creer lo que están presenciando. “La hipnosis no es magia, es una técnica que trabaja con el inconsciente de la persona, se utiliza como terapia”, aclara. “Pero de mis shows es lo que más sorprende, porque en la magia vos sabés que siempre hay un truco detrás, en la hipnosis no, no hay ningún secreto”.

Para Harry el mago es como un actor que interpreta al papel de alguien que tiene poderes y que “cuando se apagan las luces es una persona común y corriente. “Tenés que practicar mucho para interpretar a ese personaje y que te salga de forma natural, pero además tenés que ponerle tu sal y pimienta, es decir, tu impronta”.

Para Harry la magia ha crecido mucho en los últimos diez años y además se ha reinventado. “Antes en Uruguay para saber un truco de magia tenías que recurrir sí o sí a un libro o esperar a que viniera un mago del exterior. Ahora lo podés aprender en Internet. Eso nos ha obligado a reinventarnos. Una vez hablando con un campeón del mundo me dijo: la magia es como la matemática: infinita. Cuando creés que llegaste al final, se te abre una puerta hacia otro mundo”. Sin embargo, dice que hay trucos clásicos que siguen funcionando, como juegos de cartas, cortar a un persona en tres partes o suspenderla en el aire. ¿El secreto? El asombro, siempre.

Manuela, magia y habilidad con las cartas
Manuela Rud, una de las pocas uruguayas que hace cardistry

Cuando tenía 12 años Manuela Rud viajó a China a ver a su mamá, que vive allí desde 2007. Mientras su madre estaba trabajando, Manuela escribió en Google “¿qué hacer cuando uno está aburrido?”. Entre todas las posibilidades Google le dijo que hiciera magia.

Ahora Manuela tiene 18 años y además de maga, hace cardistry, que nada tiene que ver con la magia, pero que es una técnica muy utilizada por varios magos. “Es como hacer malabares con las cartas, es más de destreza. Implica muchas horas de práctica, de rutina, de probar cómo hacerlo. Yo practico los movimientos, y los repito hasta que me salgan perfectos. Además invento movimientos nuevos”.

Manuela se dedica a la cartomagia, y en sus shows utiliza el cardistry al comienzo, mientras se presenta, para mostrar su destreza. Cree que la magia es más efectiva en vivo, y el cardistry funciona mejor de forma virtual. Por eso empezó a filmar lo que hace y a subirlo a su cuenta de Instagram, @manuelarud, donde tiene más de 20 mil seguidores.

Planea dedicarse a la magia profesionalmente y tener su propio negocio de cartas y además tiene pensado comenzar su canal de YouTube para hacer pequeños tutoriales de los movimientos con cartas, así, si alguien quiere aprender, allí tendrá una opción uruguaya.

festimagia

Entre trucos y clases

La primera vez que se realizó el Festimagia en Uruguay, Ariel lo organizó como una forma de homenajear a su padre, para agradecerle por haberle enseñado tanto y, sobre todo, por “el maravilloso mundo” en el que le permitió vivir. Vinieron magos invitados de Brasil y Argentina y se realizó en el teatro de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Fue un éxito.

“Después fui a un Mundial en Portugal, donde había magos de diferentes países. Y Gustavo Lorgia, mago colombiano, me sugirió que hiciera un festival de magia en mi país, de forma continua”. Así que desde 2001, año tras año, los uruguayos tienen la posibilidad de ver magia de todo el mundo y los magos de aprender con sus colegas.

Este año el Festimagia se realizará el 6, 7 y 8 de setiembre en el Teatro Stella, con un homenaje a Henry Evans, campeón mundial de cartomagia y de close up. Además, vienen magos invitados de todo el mundo. El primer día es una gala de magia para adultos y los otros dos son galas familiares.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados