DR. PABLO PERA PIROTTO
La utilización de la toxina botulínica con fines estéticos se ha hecho muy conocida a nivel popular en los últimos tiempos ya que muchas modelos, actrices y cada vez más hombres públicos han declarado que se benefician de su aplicación.
El Botox, que es en realidad el nombre de la primera marca comercial de origen estadounidense que fue lanzada al mercado hace décadas, en manos de médicos especialistas familiarizados con su manejo logra excelentes resultados en la disminución de las arrugas del rostro, llegando incluso a borrarlas en algunos casos.
Su mecanismo de acción se basa en la reducción o paralización temporal de los músculos que al contraerse provocan la aparición de esas arrugas. La frente, el entrecejo y las marcas a los costados de los ojos conocidas como "patas de gallo" son su principal indicación.
Pero no la única, ya que también tiene otros usos tanto en el campo de la estética como para tratar patologías médicas. De todas formas, esa es una frontera que muchas veces es difícil de determinar, ya que alteraciones estéticas pueden repercutir en forma importante en el psiquismo y la vida de relación de una persona, alterando en forma notoria su calidad de vida.
Por ejemplo, la toxina botulínica tipo A también es utilizada para corregir asimetrías faciales, como por ejemplo, cuando una ceja está muy por encima de la otra, así como también para mejorar el aspecto de una cicatriz que se deprime significativamente al contraer algún músculo específico o realizar un gesto.
Otra de sus aplicaciones son los casos de la llamada "sonrisa gingival", que ocurre en aquellas personas que cuando sonríen dejan al descubierto no solo los dientes sino toda la encía. Mediante la aplicación de pocas unidades de la sustancia en puntos determinados, se logra mejorar sensiblemente esta alteración, descendiendo el labio superior a una posición normal.
Muchas personas sufren de un trastorno llamado hiperhidrosis, caracterizado por una sudoración excesiva que ocurre principalmente en las palmas de las manos, en las axilas, en la cara, y las plantas de los pies.
Esto sucede aunque el individuo no haya realizado ningún ejercicio, y también en días de mucho frío. Si bien sus consecuencias físicas no son demasiado graves, sí lo son las implicancias psicológicas que puede desencadenar: se suele evitar estrechar la mano, se usan permanentemente pequeñas toallas o pañuelos descartables para secarse constantemente, se intenta tapar la zona de las axilas porque empapan cualquier ropa que se utilice en muy pocos minutos.
Para esto, la toxina botulínica ha demostrado tener muy buenos resultados, disminuyendo notoriamente la transpiración, al cortar el estímulo nervioso que hace contraer a las glándulas sudoríparas.
En el campo de la neurología se la utiliza desde hace décadas para aliviar intensas contracciones patológicas de importantes músculos que provocan dolor y pueden llevar a otras complicaciones importantes.
Cada vez son más las indicaciones y usos que se le dan a este producto, que, como mencionábamos, es seguro siempre que sea aplicado por médicos entrenados en su uso.
Pero también hay que mencionar que a veces, la aplicación de la toxina botulínica puede verse limitada por su costo o por su duración, que si bien es variable, difícilmente supera los cinco o seis meses.
De todas formas, hay que destacar que puede ser reaplicada una vez que los efectos disminuyen o incluso luego que desaparecen.