Los misterios de una de las iglesias más imponentes de Córdoba

Torres asimétricas, mapa estelar y bestias: la Iglesia de los Capuchinos en Córdoba atrae a visitantes dispuestos a subir 182 escalones y conocer sus secretos

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Iglesia de Capuchinos en Córdoba
Foto: Federica Barretto

Por María de los Ángeles Orfila / Córdoba

Si bien el plato fuerte del recorrido que estamos por comenzar es subir los 182 escalones hasta el tope de la torre trunca, la parada frente a la fachada y la que se hace en el coro de este templo del barrio Nueva Córdoba -al lado del Paseo del Buen Pastor- son fundamentales para entender la obra completa. Detenerse en cada rincón y atrasar el ascenso vale la pena. Así que lo primero que hay que hacer es pararse en la explanada, ver hacia arriba y dejarse invadir por la sensación de que esa mole de hormigón armado de colores se viene encima.

Silvia, la guía responsable de Experiencia Capuchinos Tour, explica que los distintos tonos de rojo, amarillos y grises se deben a los ferrites mezclados con el concreto. Y que el estilo es neogótico, uno que solo lucen tres iglesias en toda la Argentina (las otras dos son la Basílica de Luján y la Catedral de la ciudad de La Plata).

El plan original -trazado en 1926 y culminado en 1933, aunque la fachada se terminó en 1980- y la decoración interior fueron obra del italiano Augusto Ferrari, quien vio en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los Padres Capuchinos, en la ciudad de Córdoba, la oportunidad para erigir una construcción metafórica sobre la existencia humana y su relación con Dios y no escatimó ni en detalles ni en secretos a semejanza de las grandes catedrales góticas.

Durante todo el recorrido hay que memorizar varios números para encontrar los significados solos. Y la lección empieza por el acceso principal. El templo tiene siete niveles que es la misma cantidad para, por ejemplo, los pecados capitales, las virtudes o los seis días de creación del mundo más el día de descanso. En la fachada hay 70 columnas que recuerdan lo que Jesús le dijo a Pedro: hay que perdonar “hasta 70 veces siete”.

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Iglesia de los Capuchinos en Córdoba
Foto: Federica Barretto

Veinticuatro de estas son lisas y están agrupadas de a tres y adelantadas del resto; Silvia indica que representan a los primeros cristianos. Las otras, de otros colores y con otros relieves, representan a los pueblos paganos convertidos al cristianismo. Y, en relación con esto, aparece San Pablo destacándose sobre los apóstoles (no se incluye a Judas) por ser uno de los mayores evangelizadores. “Aparece con el brazo elevado y con el dedo pulsando al cielo y con ropa diferente al resto”, señala la guía. Es muy fácil encontrarlo. También están Moisés y San Juan Bautista.

En el segundo nivel se puede ver cómo los atlantes sostienen las columnas o, como lo quiso decir Ferrari, los pecados. En el mismo nivel están las virtudes y la Virgen de la Inmaculada Concepción, devoción de los Capuchinos. Más arriba está la figura del Sagrado Corazón de Jesús. Más arriba aparece el nombre de la iglesia pero hay que saber leerlo: en azul está escrito Domus Dei que significa “casa de Dios” en latín, hay un triángulo con tres círculos que forman la palabra Sagrado y un rosetón con un corazón en el medio. Las estatuas de San Francisco, Santa Clara y Santo Domingo dominan el sexto piso que es hasta donde se llega en la visita. El último nivel, el séptimo, es solo para la aguja de la torre de la derecha. “Representa la elevación, la perfección, a Dios. La torre trunca, a la izquierda -la que pisamos-, es lo imperfecto, la humanidad”, explica Silvia.

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Iglesia de los Capuchinos en Córdoba
Foto: Federica Barretto

Inmensidad.

Entrar al templo ofrece otro golpe de sensaciones. Es inmenso -es la iglesia más grande de la ciudad de Córdoba; mucho más grande que la propia catedral que está más o menos a cinco cuadras-, oscuro, entreverado. La guía ayuda a la comprensión. Desde el coro señala cada elemento. La nave central y sus laterales, la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción sobre la zona consagrada que se puede girar, 58 columnas con capiteles con animales realizados en yeso -se destacan los elefantes, elegidos por Ferrari para representar la fortaleza de los primeros cristianos-, una bóveda divida en 12 partes que ilustran el cielo de la primera noche de cada mes del año 1930 de Córdoba con un color azul que pasa de un tono más claro para los meses de calor a más oscuro para los meses invernales y un friso de 30 murales de venecitas laminadas en oro y óleos sobre la vida de San Francisco. Todo lo hizo Ferrari.

Otro número que se repite es el ocho. “La capilla es octogonal y la base de la aguja también lo es”, cuenta Silvia. El número ocho también está escondido en los rosetones que miran hacia el este y el oeste. El recorrido hacia la cima de la torre trunca permite verlos de cerca. Al del oeste se lo ve a través de una ventana en una terraza lateral; al del este se lo ve a muy poca distancia. Estas ventanas circulares tienen seis metros de largo y presentan cuatro sacramentos repetidos cuatro veces en los pétalos de una flor. “El 16 es el doble del ocho y el ocho es la eternidad para la Iglesia”, comenta. El ocho simboliza la resurrección y la regeneración (en la Biblia hay ocho resurrecciones, por ejemplo).

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Iglesia de los Capuchinos de Córdoba
Foto: Federica Barretto

En lo alto.

El ascenso al coro es fácil. De ahí se sale a una de las terrazas laterales para ver de cerca algunos de los arbotantes y entender cómo se hacía para que las magníficas catedrales góticas se mantuvieran en pie. Estos medio arcos recoge la presión desde la bóveda hasta los contrafuertes externos; de esta manera, los constructores aligeraban el peso de los muros y podían hacer templos más altos.

Se ingresa y se sigue la escalera -ahora con más dificultad- hasta salir por otra terraza para tener un encuentro cercano con las quimeras. De esta experiencia uno se lleva el aprendizaje de cuál es la diferencia entre una quimera y una gárgola. Y es la siguiente: la gárgola cumple la función de desagüe; la quimera es una bestia que parece salida del averno pero está defendiendo el templo. Hay seis de un lado y cinco del otro. “Es un juego psicológico”, dice Silvia. Y sigue: “Era un elemento que en la Edad Media era sombrío porque la Iglesia era muy poderosa y manipuladora. Se manipulaban las mentes para lograr que la persona se convirtiera al cristianismo a través del temor a Dios. O estabas con Dios o estabas con el demonio y si estabas con el demonio corrías el riesgo de ser eliminado”.

Y de aquí no hay escapatoria. La escalera que lleva hasta la cima de la torre trunca se hace cada vez más angosta, más empinada y con un techo cada vez más bajo. Prácticamente hay que subir de costado. Pero si se resisten las vueltas, la altura y el esfuerzo se llegará al tope, por lo menos, de lo que puede conseguir la humanidad. Ahí se está cerca de la torre que se eleva todavía por otros 70 metros por la aguja y cuatro metros más por la cruz y que nos recuerda que la eternidad y la trascendencia siempre nos serán ajenas.

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Iglesia de los Capuchinos en Córdoba
Foto: Federica Barretto
Vistas a la ciudad

De martes a domingos, la visita guiada por la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los Padres Capuchinos se contrata directamente en el templo (Buenos Aires 693) y tiene dos horarios: 17:30 y 19 horas. No es necesario reservar; hay que estar unos minutos antes.

El recorrido diurno cuesta 1.500 pesos argentinos por adulto; el nocturno, $ 1.800. Los niños de 6 a 12 años pagan $ 1.000 en cualquier horario.

Desde la torre trunca se tiene, además, una vista panorámica de la ciudad de Córdoba: el centro histórico, el barrio Nueva Córdoba y los barrios para la movida gastronómica y nocturna, Güemes y General Paz. En el horizonte se ven las sierras, esas que seguro significarán una escapada o unos días de vacaciones.

La iglesia de los Capuchinos está al lado del Paseo del Buen Pastor, un centro cultural, gastronómico y comercial que tiene tres grandes atractivos: un espectáculo de aguas danzantes a partir de las 16 horas (se repite cada hora), las estatuas de Rodrigo Bueno y la Mona Jiménez y una hermosa capilla. A pocas cuadras del templo hay varios museos que merecen una visita: el Museo Superior de Bellas Artes Evita (también conocido como Palacio Ferreyra), el Museo Provincial de Ciencias Naturales y el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa.

Cerquita también está Patio Olmos, un edificio de llamativo diseño arquitectónico y estilo parisino que hoy es uno de los centros comerciales de la capital cordobesa.

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