LEONEL GARCÍA
Hay algo que hermana a Diego Lugano, al fundador de Apple Steve Jobs, y al hiperactivo pecoso de nueve años que dirige el movimiento de los suyos en el recreo. Es lo mismo que hace que alguien siga a Cristina Fernández, admire a Oprah Winfrey, u obedezca al cerebro tras el robo al BROU de Rafael Perazza el año pasado. Se llama liderazgo. A veces se lo limita al carisma, a veces se lo usa como un sinónimo políticamente correcto de "jefatura". Pero según los expertos en comportamiento humano hay tanta diferencia entre jefe y líder como la que hay entre vencer y convencer.
Alguien que coordina y lleva adelante un proyecto. Maestro, arquitecto o servidor. Alguien que escucha, orienta y decide. Carismático, autocrático, paternalista, democrático o laissez faire. Así se nace, el carisma no se compra. Así se hace, la capacidad de influenciar es algo adquirido. Alguien que influye y provoca cambios. Y la lista sigue...
Parecen muchos los significados, los tipos y las connotaciones que hay atrás de una palabra aparentemente tan simple. Si definir a un líder por la positiva es algo complicado, hacerlo por la negativa tal vez resulte más accesible.
¿se nace? Primer mito señalado por Virginia Fasano, psicóloga, docente y gerente de recursos humanos de KPMG: "No cualquiera puede ser líder porque hay que tener condiciones especiales que son innatas".
"Se habla mucho si el líder nace o se hace y podemos estar hasta el fin de los tiempos sin que nadie pueda dar una respuesta absoluta; no la hay", indica Gabriel Gutiérrez, psicólogo deportivo que trabaja con las Selecciones Nacionales de Fútbol. Si bien hay especialistas que no desdeñan el factor genético en estas personalidades, raramente toman a natura como la responsable final. Los machos (y hembras) alfa se quedan en la selva. Pero en todo caso, ya desde la infancia, con reducido recorrido por la vida (ergo, menos aprendizaje), se ven los primeros atisbos de liderazgo.
Claro, este rol está basado en aptitudes más básicas. En el caso de los varones, el vigor físico o la habilidad deportiva suelen ser los argumentos que hacen a un líder de la barra. "Y lo mismo pasa en las niñas con la belleza", dice el investigador y psicólogo Roberto Balaguer, con vasta experiencia en el mundo educativo. "Son los modelos (el forzudo, el astro, la sexy) a los que los chiquitos quieren parecerse". Un buen estudiante, agrega, no suma muchos puntos en este terreno a esa edad. Nada muy distinto al guión de toda película teen de Hollywood que se precie. "Pero los estereotipos se basan en la realidad", resalta este experto.
A diferencia de lo que ocurre en el reino animal -donde el jefe de la manada se sienta en la piedra más alta hasta que un macho más joven lo desplaza a dentelladas- entre los humanos la evolución de los parámetros a la hora del surgimiento de nuevos liderazgos son más dinámicos. Este experto añade que a medida que se crece, la tan mentada inteligencia emocional (la habilidad para manejar sentimientos propios y ajenos) comienza a tallar. Y luego...
"Muchos líderes del presente fueron `vilipendiados` de chicos. Y por el contrario, aquellos que en un contexto de `tiro más corto` podían liderar, cuando pasa a ser necesario un esfuerzo sostenido la van quedando", sostiene Balaguer. ¿Y ahí qué pasa?
"El líder se forma a sí mismo a través de un proceso de aprendizaje, que incluye la observación atenta de la realidad, la reflexión honesta y la práctica diaria concreta en plena interacción con otras personas y el medio social", resume Fasano. "Los buenos líderes no se hacen de un día para otro, pero se pueden construir. El liderazgo se aprende pero tiene dos pre-requisitos: carácter y valores", piensa Enrique Baliño, ingeniero y fundador de Xn Consultores, y autor del libro No + pálidas, basado en sus conferencias motivacionales.
¿SOLO CARISMA? Segundo mito indicado por la gerente de KPMG: "Los líderes tienen mucho carisma". Esta característica ha sido resaltada por todos los expertos consultados. "Al líder se lo sigue, no se lo obedece", sintetiza Gutiérrez. Sin dudas, ayuda; pero no es considerada una característica excluyente.
El psicólogo laboral Gunther Gammarra destaca dos atributos antes del carisma: "buena escucha" y "capacidad de tomar decisiones". Para este experto, la palabra líder tiene una suerte de connotaciones "místicas" -intimamente ligadas a lo carismático- que no le terminan de cerrar. "No tiene por qué estar revestido de eso, no hace falta ser la Madre Teresa de Calcuta (una líder, sin dudas); con esas características señaladas ya alcanza para ser una persona respetada", agrega.
Baliño, directamente, asegura que no es necesaria una personalidad avasallante; en su lugar, apunta a "la credibilidad y la confianza". Si el liderazgo se hace y no gira solo entorno al carisma, se requiere una importante tarea de aprendizaje. "Los buenos líderes estudian. No se sienten sabios, saben decir `me equivoqué`, y lo confiesan sin tapujos. Aprenden todos los días. Saben que no pueden atravesar la fina línea que divide la `confianza en sí mismos` de la `soberbia`. En la sociedad del conocimiento eso es un pecado mortal", agrega el fundador de Xn.
Virginia Fasano enumera lo que para ella son las características que hacen a un líder exitoso: "No está conforme con una situación determinada y decide actuar para cambiarla, es capaz de entusiasmar y movilizar a otras personas, posee una visión amplia y profunda del contexto, sustenta valores atrayentes, y tiene metas bien definidas y es muy tenaz en sus esfuerzos para alcanzarlas".
Parece una receta para un empresario de elite. Sin embargo, ella considera al técnico de la Selección Uruguaya, Óscar Tabárez, como un ejemplo perfecto. Cuando él asumió, a principios de 2006, solo aspiraba a gente que creyera en su proyecto. "Por entonces se decía que imponía una disciplina `a la europea`. Es a lo que hoy se designa como `profesionalismo`", recuerda esta psicóloga.
¿SOLO TOP? Viene bien el ejemplo anterior para un tercer concepto que Fasano señala como mito: "El liderazgo puede darse en los niveles superiores de las organizaciones". Es cierto que ahí su influencia es muy notoria: "Grandes líderes, en los altos puestos, hacen una grandísima diferencia", enfatiza Baliño.
Pero limitar este rol únicamente a las cabezas corporativas no le hace justicia al término. Puede estar presente en todos los ámbitos y en todos los niveles. Ejemplos como los de Tabárez y Lugano son claros. El liderazgo está presente, con sus características particulares, hasta en las organizaciones delictivas (ver nota aparte). Y aún hay más.
Existe el liderazgo situacional. "Es el que surge esporádicamente, madurando su rol y se animan a tomar decisiones, proponer algo diferente y se salen por el momento de lo que significa el rol asignado y el rol asumido", lo define Gutiérrez. Gamarra, a su vez, vuelve a apelar al fútbol. "A mí me parece que (Andrés) Scotti es un buen líder de las emergencias, que entra cuando hay algún problema, como ante Argentina...".
Hay situaciones extremas, de crisis, en las que un "tapado" emerge de una manera antes impensada. Fernando Parrado era, antes del 13 de octubre de 1972, un rugbier de escaso carisma que no sobresalía entre los suyos. Hoy, luego de pasar a la posteridad como uno de los héroes del "Milagro de los Andes", se dedica a dar charlas motivacionales sobre liderazgo y trabajo en equipo a empresas y organizaciones de todo el mundo.
En altos puestos empresariales, un jefe, digamos, "tradicional", también puede sacar resultados. Para Gamarra, hay estructuras corporativas (también sociales) que no facilitan salirse de esquemas de gerenciamiento clásicos. Baliño, por su parte, señala una notoria diferencia: "Para resultados ordinarios no se necesita nada. Para conseguir resultados extraordinarios, que muchos pueden pensar que son imposibles, necesitamos líderes".
¿solo manda? Dejando de lado cualquier intención desmitificativa, hay un aspecto medular que sirve para entender bien cómo viene el tema: un jefe puede ser impuesto, nada muy diferente a un título nobiliario; un líder, no.
Según Fasano, mientras un gerenciamiento implica utilizar "la autoridad inherente a su rango para lograr el acatamiento", el liderazgo se basa en "la habilidad de influenciar a un grupo" para obtener las metas perseguidas.
Para encajar en el rol, la persona necesita una legitimación de su entorno. "No hay líderes si no hay seguidores", señala esta especialista. "Si no es respetado por los demás, automáticamente deja de serlo", agrega Gamarra. Este es un proceso psicodinámico de complejidad tal que preguntarse si es el líder el que precede a los liderados, o al revés, es tan difícil de responder como averiguar lo del huevo y la gallina.
Gracias a sus frecuentes apariciones en la narrativa deportiva, ya están muy difundidos los términos de "líder positivo" o "líder negativo". Para Gutiérrez, el psicólogo de la Selección, la diferencia pasa justamente por la actitud ante las dificulates. "El primero es pro-tarea, se enfoca en los objetivos del grupo o la organización y orienta la nave hacia ese puerto. Y el segundo a veces aparece como contrapeso de dichas tareas, pone trabas a esos objetivos pero no propone soluciones alternativas; es decir, no aporta a la causa y, es más, es tóxico para la misma".
Entre el líder y el grupo hay -o debería haber- feedback y empatía. Debe motivar e influenciar. Pero no lo debe hacer pontificando desde un pedestal. En lugar de eso actúa, consigue que las cosas sucedan, sabiendo que tendrá sobre él la mayor carga de la responsabilidad. "Los buenos líderes hacen, no solo hablan", subraya Enrique Baliño. "Los que solo hablan, son críticos que siempre miran desde la vereda de enfrenta y ponen palos en la rueda". El autor de No + pálidas, sostiene que en Uruguay todavía no se entiende mucho eso de que un líder debe tener como una de sus principales virtudes la capacidad de ejecución. "Acá somos especialistas en el debate".
El empresario estadounidense Seth Godin, considerado uno de los grandes genios del marketing a nivel mundial, ha desarrollado una serie de conceptos para ejercer el liderazgo, varios de los cuales exceden en mucho el ámbito de los negocios y la política. Entre ellos, se destacan: no comenzar por oponerse a algo (al contrario, ser creativos), inspirar y no instruir, llegar primero, hacer sentir útil a la gente, y -con especial énfasis- respetar a la gente. Si esto a usted le parece poco o mucho, ya tendrá una idea sobre si puede dar la talla para esta tarea o no.
Dixit
Características que no se compran
"El liderazgo tiene como prácticas fundamentales: servir de modelo, habilitar a otros para actuar, inspirar una visión, desafiar el proceso, crear confianza para la cooperación, desarrollar la comunicación y brindar aliento". Virginia Fasano, gerente de recursos humanos de KPMG (foto).
"El rol del líder es más caro y difícil de sostener que quien debe hacerle caso. No se compra, no se consigue a la fuerza sino en base a conducta, comportamientos y valores". Gabriel Gutiérrez, psicólogo de las Selecciones de la AUF.
"Los buenos líderes tienen una energía por encima del promedio. Y tienen la capacidad de contagiarla". Enrique Baliño, Xn Consultores.
Un caso donde se requiere autocracia
En el mundo delictivo, tal vez más que en ningún otro, líder se hace y, definitivamente, no se nace. "El rol se construye por situaciones que tienen que ver con el delito. Primero haces tareas subordinadas y luego vas realizando procesos -participar en una pelea, `bancarte` una cana o un balazo, lastimar a otro- que te van validando dentro del grupo, posicionando en la interna", sostiene Robert Parrado, psicólogo, licenciado en Seguridad Pública y policía con 31 años de servicio.
Una estructura delictiva más o menos importante es piramidal. Aquí no corre un estilo paternalista, liberal o democrático. Acá funciona el liderazgo autocrático (muy eficiente en contextos de crisis, según el teórico Cyril Levicki) en su mayor nivel. "Aquí el líder está definiendo la libertad o la vida de un grupo. Debe tener la capacidad de resolver, orientar y dirigir, y que sus órdenes sean aceptadas", resume Robert Parrado.