Los campeones del sacrificio

El Tanque Sisley no tiene teléfono y sí enormes carencias. El presidente lava la ropa, el cuerpo técnico aporta materiales y tener agua caliente, sueldos al día y cancha para entrenar fueron un lujo. Aun así, subieron a la "A". Pero varios de los héroes no estarán presentes.

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El grupo fue signado como el gran responsable del logro. Soportaron carencias increíbles para un fútbol que se dice profesional. Y muchos no llegarán a la "A".

LEONEL GARCÍA

Primero, un toque de ficción. Jacobo Köller tiene una rutinaria existencia y una fábrica de medias de paupérrimo presente. Es uno de los personajes principales de Whisky, la multipremiada película uruguaya de 2004, dirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Revella. Lo único que consigue sacar a Jacobo (Andrés Pazos) del tedio -antes que su hermano Herman (Jorge Bolani) llegue a trastocarle la existencia- es ir al estadio a ver a su pasión: El Tanque Sisley.

"Fue emocionante que a través de esa película en todo el mundo se conocieran nuestros colores", se emociona Fredy Varela, de 72 años y presidente desde hace casi tres lustros del Club Cultural y Deportivo El Tanque Sisley. Posiblemente nadie en Cannes recuerde particularmente el detalle del "verdinegro", pero lo cierto es que hay motivos más recientes para estar orgulloso. Esta institución se clasificó el 4 de mayo campeón de la tabla anual de la Segunda División Profesional del fútbol uruguayo, la vieja "B", en la temporada 2009/10, ganándose el derecho -por segunda vez en su historia- a jugar el próximo torneo de Primera; la "A", para los íntimos.

Y si como asegura el cliché, la realidad supera a la ficción, este ascenso sería una película entre épica y comedia dramática. Otros históricos axiomas futboleros -"es un club donde todo se hace a pulmón", "es un ejemplo del profesionalismo en alpargatas"- también encajarían perfectamente en esta historia. Si El Tanque fuera una fábrica de medias, no sería muy distinta a la de Jacobo.

Jugadores y cuerpo técnico del plantel campeón no escapan a los lugares comunes a la hora de hablar del título. "Esto fue fruto del trabajo de todos", "el grupo fue fundamental", "estamos orgullosos de haber logrado el objetivo". Lejos del cassette, un hombre muy cercano al plantel lanza la confidencia: "Si no ascendíamos, nos la íbamos a ver muy negras".

Es que con el ascenso se le abrieron las puertas a un grupo inversor argentino para inyectar dinero a una de las instituciones más carenciadas de la Segunda División, lo que es mucho decir. Esto incluye un jugoso premio para los campeones. Pero como dice el refrán, la alegría dura poco en la casa del pobre. Esto también significará la partida de muchos de los jugadores que lograron la hazaña. Para empezar, el entrenador Luis Duarte afirma que él y el cuerpo técnico que lo acompañó están -al cierre de esta edición- con un pie afuera del club (ver nota aparte).

Acá no hay. Pero antes de esa incertidumbre, hubo un ascenso conseguido con condimentos heroicos y hasta bizarros. Este club, ahora en la elite del fútbol profesional uruguayo no tiene página web oficial. No deja de ser lógico: tampoco tiene teléfono. El de la casa del presidente, en El Pinar, es lo más parecido a tan vital elemento. Por suerte, existen los celulares. Aunque sus responsables afirman que en la Segunda División las dificultades no escapan a ningún club, lo cierto es que El Tanque tiene un posgrado en la materia.

¿Equipier? No hay. El presidente asegura que tanto él como su esposa se encargaron de lavar la ropa. El preparador físico Andrés Ladanyi aportó pesas, vallas y conos para entrenar. Uno de los asistentes técnicos, Hamilton Herrera, polifuncional en los hechos, se encargó de los chalecos. El material para las prácticas y los partidos muchas veces debió ser acarreado por los propios jugadores.

La leña para las calderas y poder bañarse con agua caliente -lujo de no todos los días- la salían a buscar los jugadores o la traía el propio presidente. ¿Médico? "Visita de médico, como se suele decir", ríe Duarte: cantaba presente en los partidos pero no en todos los entrenamientos, como sería lo ideal. ¿Turnos dobles o triples de entrenamiento? "No supimos lo que es eso", agrega el coach. "En todo este tiempo apenas cruzamos cuatro veces el Puente Carrasco para ir a la `Turisferia`", en el Parque Roosevelt. Turnos normales, y gracias. Y no siempre en su cancha.

Porque como si el rosario no tuviera suficientes cuentas, durante algunas semanas no pudieron contar para entrenar con su cancha del Estadio Víctor Della Valle, en Carrasco Norte, debido a que la estaban sembrando. Debieron mudarse al Parque Huracán o realizar los trabajos en la "tribuna" (de algún modo hay que llamarla) ubicada detrás del arco Norte. Es un espacio muy reducido y con más abrojos que pasto.

¿Más alternativas para practicar? El estacionamiento de las afueras del estadio -más piedras pero menos abrojos, relatan los héroes del ascenso-, en plena calle Santa Mónica, o subir y bajar las escaleras de la tribuna principal. "Ahí se notó todo lo bueno del trabajo del profe (Landany)", reconoce Duarte.

Así y todo, El Tanque logró el ascenso antes (o en lugar) de instituciones que, aseguran, cuentan con muchas más comodidades, títulos o experiencia en esto de subir y bajar de Primera a Segunda. Como ejemplos, los flamantes ascendidos señalan a Bella Vista y Progreso -ex campeones uruguayos-, Juventud, Rentistas, y hasta el gerenciado Boston River o el Durazno F. C. de Gaby Álvarez.

Ni que hablar de hinchada. A su parcialidad le pueden caber varios adjetivos, pero "numerosa" no es uno de ellos. Tampoco hay muchas hazañas para añorar: nacido en 1955 en la esquina de Yaguarón y Cerro Largo (donde había un tanque de nafta que le dio nombre), El Tanque solo una vez llegó a Primera División; fue en 1991 y volvió a bajar tras culminar último en el campeonato. Eso sí, en una semana batió 2-0 a Nacional y 1-0 a Peñarol. Sí, la mitad de sus únicas cuatro victorias en la "A" fueron ante los grandes.

El grupo. Preguntar si el plantel contó con un psicólogo ya parece hasta ofensivo. "El propio equipo hizo de psicólogo", responde Duarte. Y vaya si tuvieron que hacer frente a dificultades. A las rencillas inevitables en un universo de 28 jugadores, se le sumaron los problemas de bañarse con agua fría, de no tener equipamiento para entrenar, de sufrir atrasos de dos y hasta tres meses de sueldo (el salario en la "B" ronda los $ 10.000), e incluso tragedias personales.

En el incendio de la refinería de La Teja, el 22 de octubre pasado, falleció el bombero José Luis Maldonado; este funcionario era el padre de Luis "Toco" Maldonado (25), el capitán del plantel campeón. "Fue muy grande el apoyo que recibí en ese momento. Este grupo es espectacular", dice el jugador, tratando de no quebrarse.

Y en este conjunto de psicólogos a la fuerza -reunidos días atrás para preparar la foto del campeón y organizar un asado de celebración, cuando todavía no se hablaba de posibles bajas y todo era sonrisas- sobresale el ex aurinegro Serafín García (34), el nombre más conocido del plantel. Aún así, no hay diferencia con el resto: "Yo no estoy `salvado` con el fútbol. Salí campeón y jugué en el exterior, pero la tengo que pelear día a día como el resto de mis compañeros. Ahora, grupos como este -y estoy en esto hace años-, difícil que haya". Todos están orgullosos del logro, revalorizado por las privaciones sufridas. Varios, incluyendo al DT, ya tienen el cuero curtido por las privaciones de la categoría, tras haber venido de Villa Española, otro club que puede dar cátedra sobre los debes del profesionalismo futbolístico en Uruguay.

Daniel Martínez (28), el goleador, tiene en su currículum un pasaje por el fútbol de Azerbaiyán. "Sin duda, allá hay mucho más profesionalismo que acá", afirma sobre su experiencia en la ex república soviética. También Antoine Heilla (27), un camerunés que hace seis años llegó a Uruguay, sostiene que los clubes importantes de su país (en el puesto 144 de 179 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU) tienen mejor infraestructura que El Tanque.

Con seis años en la institución, Gabriel Corral (33) es casi un histórico del club. Para el cuerpo técnico, su presencia en el plantel fue fundamental para mantener el ánimo del equipo en alto aún en los momentos más duros. "La gran virtud que tuvimos fue el grupo, y su mayor acierto fue tomar las decisiones correctas ante las dificultades. Seguir entrenando aún con agua fría y mantener el objetivo claro, que era el ascenso". Estar en la "A" no solo es un honor, sino también más sponsors y plata. "Es otra vidriera".

Corral asegura que todos sus compañeros necesitan una entrada extra de dinero. Él trabaja en el aserradero de su padre. Otro caso es el del propio Atilio Álvez (26). El autor del gol decisivo ante Sud América - el que significó el título y el ascenso, el que permitió la llegada de un grupo inversor y el sueño de un futuro mejor- debía ir todos los días desde Carrasco Norte a atender su almacén en Las Torres, cerca del Cerro, una vez terminados los entrenamientos, de dos de la tarde hasta la noche.

Cosas del fútbol, hoy es una incógnita cuántos de estos campeones sacrificados permanecerán en el club para gozar de la Primera División y su "vidriera". Para varios, solo quedará el premio prometido y el recuerdo de haber sido héroes durante los tiempos de las vacas flacas.

Plata y polémica por la llegada de un grupo inversor

Con el ascenso, El Tanque Sisley logró que un grupo inversor argentino se uniera al club para instalar una Sociedad Anónima paralela a la institución, la cual tendrá el 70% de las acciones, dice el presidente Fredy Varela.

"El club necesita un grupo inversor -que no es gerenciador- que haga infraestructura, mantenga los sueldos al día y pague los déficit que tenemos a la Asociación Uruguaya de Fútbol. ¿Sabes cuántos sale, modestamente, mantener el equipo en Primera División? Entre 40 y 50 mil dólares. ¿Qué aportamos nosotros? Jugadores para futuras transferencias", señala el titular de El Tanque, que tendrá el 30% de las acciones de esa S.A., y que mantiene en reserva el nombre de estos asociados.

Gracias a este acuerdo, logrado gracias al ascenso, el plantel recibirá un premio para repartir de 100 mil dólares, asegura Varela. Tal vez por eso, el gol de Atilio Alvez que aseguró el título en el último partido ante Sud América se gritó como si de una final del mundo se tratara. El entrenador campeón, Luis Duarte, agrega que también se habló otros US$ 30 mil para el cuerpo técnico por ese logro.

Mientras tanto, el club busca hacerle un necesario lifting al Estadio Della Valle. Se construirán dos baterías de baños, se cambiarán todos los tejidos y se le dará una imprescindible mano de pintura. También se busca un local donde funcione una sede, un viejo anhelo, en la zona repuestera, la misma en la que el club fuera fundado.

"Nuestra cancha tiene la capacidad locativa como para jugar en Primera. Hay lugar para 2.400 personas sentadas y más de 3.000 paradas. Perfectamente podemos jugar en la `A`", dice el dirigente.

Más cambios. Pero nada es, ni remotamente, gratuito. Si la exigencia para este acuerdo era ascender, para que siga en pie es necesario que el equipo se mantenga en Primera División. "El compromiso para que se mantenga en la `A` es compartido entre el club, que yo sigo presidiendo, y la Sociedad Anónima, de la que soy vicepresidente", afirma Varela. "Muchos de los actuales jugadores no seguirán en el plantel. La necesidad de refuerzos es indiscutible". El poder de decisión de un grupo con el 70% de acciones, también.

Al cierre de esta edición se producían negociaciones y no estaban definidos qué jugadores dejarán la institución. El cuerpo técnico encabezado por Luis Duarte también estaba en el tira y afloje; y más cerca de irse que de quedarse.

"Surgieron muchas diferencias. Ahora se pretende quitar del plantel a muchachos -algunos jugadores y el asistente técnico Hamilton Herrera, por ejemplo- que fueron vitales para lograr el campeonato. Son partícipes de la hazaña que hicimos, no pueden destrozar al equipo, y el cuerpo técnico no puede desarmarse", dice el DT.

Entre allegados al club, las opiniones están divididas. Hay quienes consideran que son las "reglas de juego" que impone el cambio de categoría, pero otros califican como una "traición" y "falta de gratitud" desarmar el plantel que logró el ascenso a pesar de todo, "por plata".

"El uno, alma mater y dueño"

Fredy Varela dice que el presupuesto de su club este año ha sido de US$ 20 mil mensuales. Los ingresos que generan los poco más de 600 socios lejos están de cubrirlos. "Por suerte siempre hay gente a quien acudir", señala el presidente y nombra una larga lista de empresas "colaboradoras": restaurantes, supermercados, casas de repuesto y un prolongado etcétera. Otro gran porcentaje de los recursos sale del bolsillo propio y, "por supuesto, del doctor Víctor Della Valle", a quien colma de elogios.

Della Valle es abogado, histórico dirigente de Nacional e hijo de uno de los fundadores de El Tanque. El estadio de la calle Santa Mónica lleva su nombre. Para Varela es mucho más: "Es a él a quien acudo cuando hace falta algo. Vamos a entendernos, él es el número uno de la institución, el alma mater, ¡es como si fuera el dueño!" Varela, empresario retirado, no tiene empacho en decir que su cargo como presidente depende de él, a quien parece considerar casi un Cristo pagano. "El día que no tenga su confianza daré un paso al costado".

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