Locos por las alas

G.V.

Es lo mejor que se puede hacer con la ropa puesta", bromean mientras intentan explicar sensaciones. Al parecer, pilotar un avión es una experiencia ligada a emociones fuertes y placeres intransferibles. Al menos así lo definen tanto quienes quieren ser piloto, como quienes lo hacen por el puro placer de volar.

En Uruguay, los que eligen el cielo son cada vez más. En 2004 fueron 57 las personas que iniciaron cursos: 24 se recibieron de piloto privado, 22 de piloto comercial y ocho se licenciaron en Línea Aérea. Además, el campo del vuelo desde hace tiempo dejó de ser un Club de Tobi: en Uruguay hay dos mujeres comandantes, entre los 70 pilotos que actualmente están en ejercicio. Una de ellas trabaja en Pluna y otra en Uair. También hay dos instructoras uruguayas, una se desempeña en Chile y la otra en el Círculo Aerodeportivo de Melilla.

Aunque la carrera de piloto aeronáutico cada año adquiere más adeptos, todavía es una opción minoritaria de estudio no por falta de aspirantes sino por el alto costo de los cursos. La Dirección Nacional de Aviación e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia), dependiente del Ministerio de Defensa, —el organismo estatal que supervisa todo lo referido a la aviación civil— exige un mínimo de 40 horas de vuelo para dar el examen de piloto privado y obtener el permiso. Las academias del ramo cobran alrededor de 1.500 pesos la hora de vuelo. A eso se deben sumar las clases teóricas. De esta manera, el costo total del curso de piloto privado está entre 2.500 y 3.000 dólares.

CLASE EN EL CIELO. En Uruguay se puede recibir instrucción de vuelo en casi todos los aeródromos y aeropuertos del país; hay cinco escuelas en Montevideo y más de 30 en el interior. El primer paso es ser piloto privado, suficiente para quienes quieren tomar la actividad como hobby pues esta licencia permite realizar vuelos personales y llevar acompañantes, mientras no se cobre por ello.

Sarina Franzini Tabaj, de 34 años, es una de las apasionadas del vuelo que decidió ser piloto por puro gusto. Su madre trabajó toda la vida en el aeropuerto y de chiquita faltaba al colegio solo para ver despegar y aterrizar aviones. Con el tiempo comenzó a trabajar en una compañía de aviación y aprender a volar se convirtió en materia pendiente. "Después de ser madre me faltaba algo y era cumplir mi sueño de ser piloto. A los 30 años dije ‘es ahora’. Cuando empecé no tenía idea de nada. Era algo muy idealista", asegura.

Ella estudió pilotaje en el Aeromas Training Center, la única escuela de vuelo que opera en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Las otras cuatro que trabajan en Montevideo —Aeroclub del Uruguay, Escuela del Aire, Círculo Aerodeportivo y Aerotecno– están en Melilla.

Los instructores aseguran que para volar un Tomahawk (una avioneta Piper PA38, utilizada para enseñar) se necesita saber lo mismo que para pilotar un Airbus o un Boeing (aviones de transporte de pasajeros). "Las clases son las mismas para mí, que vuelo por placer, que para quienes quieren ser pilotos de profesión, con igual exigencia y conocimientos. No es que, como lo hago por hobby, vengo cuando quiero y hago lo que quiero", dice Sarina.

PRIMERA VEZ. Así como algunas pasiones se heredan o se inculcan, otras surgen sin mayores explicaciones. Nicolás La Buonora tiene apenas 17 años y aunque todavía no puede sacar su libreta de conducir, ya ha pilotado un avión sólo y en breve conseguirá su permiso de piloto privado. "Tengo pasión por esto desde que me conozco, desde que sé decir la palabra avión. Lo curioso es que en mi familia nadie, ni cercano ni lejano, fue piloto", relata. Comenzó las clases en octubre y hoy es uno de los casi 20 alumnos que tiene Aeromás. Ahora sale del liceo y se va a sus clases vuelo.

"El día que volás solo por primera vez es inolvidable", asegura el estudiante, que ya despegó por su cuenta en dos oportunidades. Para pilotar un avión solo se exigen 10 horas mínimas de vuelo acompañado por un instructor. Cuando éste considera que el alumno está listo, da el aviso para que se prepare a salir solo. Que se "prepare" es un decir, porque el aprendiz suele enterarse de este vuelo de sorpresa minutos antes de despegar.

Con respecto a los miedos que rodean a la actividad, Sarina compara volar con manejar un auto e incluso opina que a veces conducir en la calle es más complicado. "Manejando tenés un millón de cosas en la cabeza: el señalero, el semáforo, el que viene atrás. Volando sos tu y la torre de control. Con diez horas estás apto y te das cuenta que podés tener una emergencia, se te puede cortar el motor, te puede pasar de todo y sabés lo que tenés que hacer".

En general las familias reaccionan en el mejor de los casos con sorpresa ante la opción del futuro piloto. "Mis padres están contentos porque quieren lo mejor para mí. Un poco de miedo tienen, no te voy a decir que no. Pero yo no lo hago por lo que gana un piloto, sino porque realmente me gusta. Hoy un piloto no gana lo que debería por la responsabilidad que tiene", dice Nicolás.

Este razonamiento es compartido por Sarina, quien entiende que como piloto es responsable por ella, por el que lleva al lado, por el que está volando arriba y por la gente que está abajo. "Es arriesgado. Tengo una hija de 4 años y me gustaría que haga el curso de piloto solo por la forma de desenvolverte que te brinda. Te da otro sentido de la responsabilidad y te fortalece la toma de decisiones".

Ser piloto además, es una opción no apta para indecisos. Eso de empezar una carrera y luego dejarla puede resultar muy costoso en el caso de la aeronáutica. En Aeromas, el curso para piloto cuesta 65 dólares la hora y las regulaciones establecen que al menos se necesitan 40 de vuelo. Sin embargo, dice Sarina, aunque aprender a volar es caro, "el costo más grande es no cumplir lo que realmente querés hacer. Yo me sacrifiqué. No es que me sobraba la plata y dije: ’¿qué puedo hacer con esto? Ah, voy a ser piloto’. Es caro, pero ser médico es caro también, cualquier carrera es cara. Uno puede estudiar para lo que sea, pero amar lo que hace".

MAS DE 40 HORAS DE VUELO PARA SER EXPERTO

Para ser piloto profesional es necesario realizar cuatro cursos diferentes. El primero es el de piloto privado. Este nivel es suficiente para quienes solo pretenden volar por placer y no como un emprendimiento comercial.

La Dirección Nacional de Aviación e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia), dependiente del Ministerio de Defensa, exige un mínimo de 40 horas de vuelo para dar el examen de piloto privado y obtener el permiso.

Las academias del ramo cobran alrededor de 1.500 pesos la hora de vuelo. A eso se deben sumar las clases teóricas. De esta manera, el costo total del curso de piloto privado está entre 2.500 y 3.000 dólares.

No obstante, a través del Instituto de Adiestramiento Aeronáutico (IAA) de la Dinacia, el Estado brinda cursos gratuitos. Para ser piloto privado, el IAA solo da la parte teórica, en clases que duran 9 semanas. La práctica debe completarse en un aeroclub pagando el arancel correspondiente. Para conseguir permisos más avanzados, el IAA sí dicta gratis cursos completos. En estos casos el interesado debe postularse a una beca y tener un mínimo de 80 horas de vuelo como piloto privado.

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