Diego Castro (48 años) asegura tener un súperpoder. Uno le lanza un año cualquiera y él responde sin fallar quiénes fueron los ganadores en cada categoría del Carnaval. Domingo lo pone a prueba y cumple. Es que son casi 35 años viviendo la Fiesta de Momo por dentro, primero como espectador, luego como periodista, ¿algún día como protagonista? “No he tenido una oferta concreta, pero toda la vida fantaseé con esa idea”, confiesa quien por estos días ya está dentro de una especie de túnel del que recién saldrá en casi un par de meses. “El jueves pasado tuve una cena con mis hermanas porque me dijeron ‘hasta marzo no te vemos’”, bromea. Pero es real.
“Yo con el Carnaval no tengo término medio. Es todo 100, 100, 100…”, dice y se remonta a los años en que todo empezó. Recuerda que fue su madre, enfermera, la que lo acercó al Carnaval. Ella quería ver a parodistas Los Klapers, pero Diego tenía 7 años y prefería quedarse en el Parque Rodó. “Entonces tenemos que subir al Mambo, sino vamos al Teatro de Verano”, lo coaccionaba y el pequeño, que no le gustaba nada ese juego, terminaba viendo Carnaval.
Hijo de un policía, lo crió una abuela que no entendía nada de Carnaval y que todos los días le llevaba el diario. Eso ayudó a despertar su vocación periodística.
“Con el diario hacía un informativo de radio”, rememora aludiendo a un medio de comunicación con el que considera que todavía tiene algo pendiente. “Leía las noticias, pero también agarraba el casetero y grababa música y tandas. Sin saber lo que era un guion, yo ya lo armaba”, apunta sobre una anécdota que años más tarde contaría en la Facultad de Comunicación de la ORT provocando la risa de sus compañeros.
Alguna vez quiso ser abogado o licenciado en Relaciones Internacionales. “Así viajo”, pensaba, pero los medios de comunicación pudieron más.
Los medios y el Carnaval. Ya era adolescente cuando descubrió que en la esquina de su casa de Arrieta y Parma, muy cerca de donde hoy está el Antel Arena, ensayaba la revista Uruguay Show. “Yo iba todos los días, pero todos los días”, enfatiza. Así fue que se aprendió las letras de memoria, y Lilián Rodríguez y Mónica Santos, dos de las figuras del conjunto, comenzaron a usarlo de apuntador. Fueron ellas que le pusieron Linterna Verde porque iba vestido con un short verde flúo.
“Eso me terminó llevando a que me gustara el Carnaval, a escuchar la radio, básicamente CX 42, Emisora Ciudad de Montevideo”, cuenta. Era fanático del programa Rememorando, que se irradiaba en las mañanas con contenido carnavalero y juegos con los oyentes. Un día hicieron una pregunta de la que Diego sabía la respuesta… pero no tenía teléfono. Se compró una ficha para un teléfono público, esperó pacientemente que lo atendieran, pero no llegó a tiempo.
Daniel Porciúncula, conductor de Rememorando, se compadeció de ese joven entusiasta y le dio igual el premio. “Lo tengo hasta el día de hoy, porque sigo en la vuelta”, señala Diego de esa picadita de papitas y maníes que ganó y que lo hizo entrar a un lugar del que no se fue más. Al año siguiente estaba leyendo fichas técnicas en el Teatro de Verano y cubriendo el Carnaval de las Promesas, y al otro año ya hacía informes desde el teléfono de los cuidadores del Teatro —los Quintas— dado que aún no había celulares. “Fue mi primera tarea periodística grande”, señala.
Ya Uruguay Show no salía más en Carnaval, así que la propuesta del “Negro” Prieto de sumarlo a la revista no se pudo concretar. Igual el bichito de la actuación siempre estuvo. Como era tímido, le aconsejaron estudiar teatro e hizo un taller de actuación con Tabaré Rivero, que incluso le ofreció prepararlo para Ingresar a la entonces Escuela Municipal de Arte Dramático. Se entusiasmó, pero lo pensó mejor y prefirió terminar primero de estudiar periodismo.
La EMAD no volvería a estar en los planes, pero sí actuar ya que lo hizo en varias obras. Recuerda que la primera oficial fue Yerma, junto a Lucía Rodríguez. “Cuando éramos dos ilustres desconocidos”, apunta entre risas. Luego estuvo un tiempo largo sin volverse a subir a un escenario, hasta que cursó otro taller y aparecieron obras cómicas como la que hará este año, aunque aclara que esta vez no será una “comedia livianita”. “Es básicamente para divertirme, pero calculo que mal del todo no lo hago porque sino no me llamarían”, considera.
Obviamente que sueña con alguna vez actuar en el Teatro de Verano y le gustaría que fuera con un conjunto de parodistas o con una murga. “Tengo un tallercito hecho con Pablo Milich, con el que en 2022 llegamos a cantar en Buenos Aires, en un bolichito en la localidad de Mercedes y en una Escuela de Arte”, revela.+
Febrero eterno
Diego sostiene que el Carnaval fue su escuela de periodismo. Por esa puerta entró a la radio, luego escribió del tema en La República y La Diaria, trabajó seis años en el diario El País cubriendo también otro tipo de información y desde 2015 integra Telemundo (Canal 12). En 2022, Xabier Lasarte se jubiló y tomó su lugar. “Él hacía de todo y yo estoy en la misma”, detalla.
Ahora sí, comienza el Carnaval y esa cobertura no se la saca nadie. Su horario comienza a las 11 de la mañana y va hasta que actúa el último conjunto del Concurso Oficial. En el medio se hace un tiempo para pasar por su casa y tomar unos mates con Fabiana, su pareja desde hace tres años. “A veces me acompaña”, comenta de quien nunca había tenido contacto con esta fiesta popular y que, por suerte para él, le gustó. Lo mismo su hijo Santiago, de 17 años, al que, por supuesto, llevó de chico al Teatro de Verano y del que no olvida su primera reacción. “Tenía un año y medio, estaba jugando con papelitos, empezó a cantar la murga, levantó la cabeza y se quedó mirando como hipnotizado”, describe del hoy profesor de solfeo. “Por suerte me salió carnavalero y de Peñarol”, apunta haciendo referencia a su otra pasión: el equipo carbonero. Su padre lo llevaba a ver a Fernando Morena, hoy va a casi todos los partidos y hasta militó para Ignacio Ruglio.
En el Carnaval, en tanto, no es hincha de nadie, pero reconoce que tiene más cercanía con algunos conjuntos que con otros. “Tengo afinidad con todos, pero siento que algunos me reciben con otra alegría”, explica y menciona a las murgas Doña Bastarda, La Gran Muñeca y Curtidores de Hongos.
Si bien existe esa buena relación, advierte que no se priva de criticarlos cuando corresponde y que eso le ha costado más de un enojo porque en general al carnavalero “le falta autocrítica” y “pesa mucho el ego del artista”. Por ejemplo, el año pasado osó decir que los Humoristas no hacían reír y se le quejaron todos los conjuntos de la categoría. “Hace un par de años que ya no me estoy callando algunas cosas que antes sí me callaba”, confiesa y las consecuencias de eso lo han llevado a rechazar alguna propuesta para ser jurado. No quiere perder amigos.
Por supuesto que la Noche de los Fallos es uno de sus momentos preferidos. “Esa noche meto la copa Sindor… sin dormir”, bromea.
Es una mezcla de adrenalina, emoción, y puesta a prueba de los pronósticos que infaltablemente realiza y que rigen el itinerario que hará con el camarógrafo y el chofer. Acierta bastante, pero también puede pasar que le erre y eso lleve a un viaje en auto de La Teja a Malvín Norte en apenas 10 minutos para estar en el momento cúlmine. “Están mirando los puntajes, la gente explota y es como un grito de gol, todo el mundo llorando”, describe quien también ha llorado con más de un espectáculo carnavalero.
“A mí las cosas me llegan por la murga”, afirma y se le viene a la mente la época de la pandemia, aquel 2021 que no hubo Carnaval y a Diego le faltaba “la vida entera”. En contrapartida, le hizo comprobar cómo era tomarse vacaciones en enero, “cosa que nunca”, dice. Había acumulado muchos días libres por su trabajo en tiempos del covid-19 ya que no era personal de riesgo. “Creo que me fui el 23 de diciembre y volví por el 16 de enero. Era una tristeza, no había ensayos, no había nada. En 2022, cuando empecé a escuchar y ver una murga en vivo, se me erizó la piel”, recuerda y añade que alguna vez llegó a poner en duda mudarse a Barcelona porque no iba a tener Carnaval. “Al final no se dio”, aclara.
En el tintero le estaría quedando conducir un programa de radio nocturno “de lo que sea”. “Música, hablar con la gente… eso me encanta”, señala y acota que una vez llevó las riendas de Musicalísimo, el programa de Abel Duarte. También le gustaría hacer en TV un programa similar al De igual a igual que Omar Gutiérrez conducía los sábados o al del “Colo” Gianarelli en Canal 10.
Fundamental: Momo siempre tiene que estar. “Cuando me dicen ‘a vos te gusta el Carnaval’. Yo digo ‘no, gustarme, me gustan las milanesas; el Carnaval es otra cosa”, remata.