Laura a través de Cristina

Las hermanas Canoura se embarcaron en un proyecto desafiante: que una, la periodista, contara la vida de la otra, la cantante. El resultado ya está listo y tiene forma de libro.

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FELIPE LLAMBÍAS

La radio suena, clavada en el 690 del dial AM, en el décimo piso de un edificio al costado del Canal 5. La luz entra en esta tarde y el cielo despejado se luce a estas alturas en el apartamento que Cristina compró apenas volvió del exterior, en 1984. La cita era con las dos hermanas, las Canoura, para hablar del nuevo proyecto que involucra a ambas. Ese era el sitio elegido para el encuentro porque a Laura no le gusta que los periodistas, y sobre todo los fotógrafos -que "chusmean mucho"- vayan a su casa. "Mi casa es mía, para mí", dice.

La idea estaba planteada. El productor musical de Laura Canoura, Mauricio Martínez, le decía que tenía que hacer un libro que contara su vida, la de la destacada cantante uruguaya. El director de la editorial Medio y Medio, que conocía al productor, había pensado en una obra que contuviera su biografía, fotos y entrevistas a quienes conocen quién es esa mujer. Lo único que faltaba era el autor.

Canoura no se sentía cómoda escribiendo su propia historia porque consideraba que no lo sabía hacer y quería que lo narrara alguien con más oficio para que el resultado final fuera realmente bueno. Enseguida pensó en su hermana, Cristina, quien ejerce como periodista desde hace 35 años.

Ellas hablan una encima de la otra, se preguntan, se contestan. Y su relación es mucho más fuerte desde que comenzaron a trabajar en este proyecto conjunto. "Valoro muchísimo la etapa post libro porque se modificó el vínculo con Cristina", dice la exitosa artista.

-Me gusta cómo escribe, ese costado novelado que le da y que ya había visto en Los invencibles- cuenta Laura en referencia al primer libro de su hermana mayor-. Es un sello personal que tiene. Ojalá yo hablara tan lindo como escribe ella. Tiene una cosa seria en la investigación pero también muy humana. Sin medir ningún tipo de consecuencias posteriores, se me ocurrió que lo mejor era que lo hiciera ella.

-Y yo lo recibí con la mayor inconsciencia- señala Cristina-. Me encanta escribir y, en realidad, la pregunta que me hice fue por qué no. Pero tampoco medí mucho las variables. Pensé que poniendo distancia profesional y apelando a lo que uno sabe la remaba perfecto. ¡Y no la remás perfecto! Un remo se te va para un lado, el otro se te va para el otro… entra la variable afectiva y además, toques el tema que toques, hay miradas divergentes. Si se tratara de un entrevistado común y corriente tomas nota y sigues para adelante, pero en este caso yo tenía una visión personal sobre las cosas que contaba Laura.

Así fue como, hace poco más de un año, comenzó el proyecto Quién es esa mujer. Laura Canoura por Cristina Canoura, que ya está a la venta en librerías ($ 390). Cristina la visitaba todas las semanas a la misma hora para conversar. Laura la esperaba con el mate pronto. Lo único que no pudo hacer, porque se dio cuenta de que era imposible, eran las entrevistas a los amigos de su hermana. Quería a alguien que no tuviera nada que ver con ninguna de las dos para esa tarea, que finalmente encargó a la periodista Macarena Langleib.

Por más que está escrito por la mayor de las Canoura y la mirada de ella está presente a lo largo de toda la obra, esta intervención es muy sutil. Su voz se escucha poco y directamente deja que la protagonista hable en primera persona para contar una historia que ha comenzado mucho tiempo antes, hace algo más de cinco décadas.

Y el camino de ambas empezó entonces.

Cristina tenía ya diez años cuando en aquella casa de La Unión, en el verano de 1957, nació Laura, su segunda y última hermana. El parto fue, como eran antes, en el mismo hogar donde habitaban los padres, los tíos, los abuelos y un primo. Nadie se podía mover, nadie se podía asomar. El silencio invadía los corredores de baldosas amarillas aquel 2 de enero. Horas después llegó quien dos décadas más tarde comenzaría una carrera que la llevó a ser una de las cantantes más populares del país.

Los primeros años no fueron los de mejor relación.

-Ella no me daba ni bola- cuenta Laura.

-Ni bola -coincide Cristina- escuchame… yo entrando en la adolescencia, ella con tres o cuatro años. ¡Me arruinaba todas las salidas!

-Primero le rompí todos los juguetes. Después le arruiné todas las salidas- acota la hermana menor.

-Vivíamos en Lagomar y a mí me gustaba ir al club, donde había bailes y cine. Como buena hija mayor, mis padres cumplieron el manual conmigo. No podía ir a ningún lado sola. Y había que esperar a que Laura se durmiera.

-El odio ya desde los comienzos- dice la cantante con ironía.

A las dos hermanas mayores, Cristina y Carmen, les tocó ir a un colegio de monjas. "Yo zafé", asegura Laura, quien considera positivo no haber tenido que ir a la institución religiosa. "Vi toda la vida las consecuencias en mis hermanas". Por una situación económica complicada en la familia, la menor concurrió a escuela y liceo públicos.

-Yo no odio a todas las monjas por igual- se ataja Cristina- tengo mis blancos, pero hice muchas amigas en esa época y hay cosas que me transmitieron a las que sigo adhiriendo.

-Yo ni las odio ni nada que se le parezca, pero ves la marca que dejaron, sobre todo en aquella época- dice Laura.

Su padre es ateo, pero su madre tuvo un "ataque místico" cuando ellas eran chicas y decidió que las monjas eran la mejor opción educativa. Ahora las dos se consideran agnósticas, aunque Cristina reconoce que aún se conmueve con muchas cosas de los ritos católicos. "Quedo como una paria en medio de una iglesia, pero es el precio que pagamos los agnósticos, los no creyentes. Quedamos huérfanos de ritos", piensa.

UNIDAS. La fraternidad les llegó de grandes. Cuando Laura tenía 17 años, Cristina debió irse del país. No era periodista ni se le pasaba por la cabeza serlo en aquel mayo de 1974, cuando la dictadura militar llevaba ya casi un año y tuvo que partir hacia Buenos Aires. Trabajaba como maestra, lo que siguió haciendo en la capital argentina.

No fueron años fáciles para el trío Canoura, pero sobrevivieron. Para entonces, Laura había cambiado de liceo por conflictos de militancia estudiantil y la hermana del medio, Carmen, que estudiaba arquitectura e integraba el Movimiento 26 de Marzo, estaba presa. Tres años pasó tras las rejas.

Cristina tardó poco más de diez años en volver. "Esa etapa fue bien difícil", reconoce Laura. La primogénita de las Canoura estuvo en cuatro países en ese lapso: Argentina, Perú, México y Brasil. Fue en Lima donde empezó en eso del periodismo de manera absolutamente accidental; se había insertado en una familia de periodistas y cuando no pudo ejercer más en el aula se dedicó a este oficio en proyectos que involucraban a su entonces marido. "Pertenezco a la generación de periodistas que se formaron en la cotidiana, al fragor de la batalla. Pero si me hubieran preguntado antes de irme de Uruguay si quería ser periodista, ni se me hubiera pasado por la mente".

Sus primeros artículos fueron publicados por los diarios El Comercio y Expreso de esa ciudad. En 1977 se fue a México, donde vivió cuatro años, y luego se mudó a Brasil hasta su regreso. En esos años continuó su trabajo en la publicación Cuadernos del Tercer Mundo, un emprendimiento de quien era su marido que se iba mudando de ciudad con cada traslado familiar.

Mientras Cristina iba por Latinoamérica, Laura entró en la Facultad de Arquitectura, siguiendo los pasos de su hermana Carmen, que se lleva cinco años con cada una. Y poco después, cuando cumplió 22 años, comenzó en Rumbo, el sexteto en el que ella era la única mujer y que dejó como huella para la posteridad un himno antidictadura: A redoblar.

Cuando Cristina regresó a Uruguay, para votar a fines de 1984, Laura no era más aquella adolescente de 17 años de la que se despidió antes de partir. Ya era una mujer con una carrera musical en ascenso.

Rumbo duró dos años más, pero un año antes del fin Laura había sacado su primer disco como solista.

DOS CANTANTES. En los noventa todo cambió. La artista grabó un jingle para Diet Pepsi a comienzos de esa década, lo que le reportó una gran popularidad. En 1991 lanzó el disco Puedes oírme y un año después, Las cosas que aprendí en los discos. Para ese entonces, Cristina dejó los Cuadernos del Tercer Mundo, en 1992, y entró en el semanario Búsqueda. Un año después inició su vínculo directo con la música. Se sumó a un coro, llamado Vox Populi, donde empezó a cantar; desde hace seis años está en otro, A cántaros. "El coro es mi espacio terapéutico, mi placer… me encanta".

-¿Cómo es ver a su hermana cantando, siendo que el rol normal es el inverso?

-Cuando ella va al coro es mi hermana viendo el coro. Nada más- aclara Cristina.

-Ahora he logrado no llorar más. Las primeras veces, cuando Cristina empezó, yo lloraba como una Magdalena de la emoción. Son una cantidad de cosas que tienen que ver con la conexión, con los hilitos que se te van juntando en la familia y los afectos- dice Laura, al tiempo que agrega que le gusta mucho la música coral y que, además, es "maravilloso" cuando la atención familiar se desplaza de ella.

Laura toca la guitarra. Cristina admite que le hubiera encantando saber piano.

-Estás a tiempo- le retruca la cantante.

-No, no sé música y el piano no se puede tocar de oído. Son desafíos que en este momento de la vida no tengo ganas de hacer-.

Con este libro, Laura suma tres proyectos este año. Lanzó el disco Colección Histórica, con una recopilación de sus mejores canciones desde el 79 a la fecha, y está ensayando con Rumbo para el regreso del histórico sexteto. Además, junto con su pianista Andrés Bedó, que es también su pareja, piensa en iniciarse como profesora de canto. Aunque se considera muy cobarde y vergonzosa, se decidió a preparar un curso de interpretación, que es lo que más le interesa.

EL RECORRIDO DESDE RUMBO HASTA HOY

En 1979 funda junto con Mauricio Ubal, Gustavo Ripa, Gonzalo Moreira, Carlos Vicente y Miguel López el grupo Rumbo.

En 1985 saca su primer disco solista, Esa tristeza, producido por Jaime Roos.

En 1988 se une a Estela Magnone y Mariana Ingold para el espectáculo Las Tres.

En 1991 edita su segundo disco, Puedes oírme.

En 1992 lanza el álbum Las cosas que aprendí en los discos.

En 1994 representa a Uruguay en el Festival OTI de la Canción.

En 1995 estrena Piaf, una obra que recorre la vida de la artista francesa. Luego se edita un disco con las canciones del espectáculo.

En 1996 saca el disco Interior.

En 1998, el álbum Pasajeros permanentes se convierte en su primer trabajo internacional.

En 1999 inicia una gira por Chile, donde sus temas habían sido incluidos en telenovelas locales.

En 2001 edita un nuevo disco, Mujeres como yo.

En 2002 forma parte del jurado en el Festival de Viña del Mar. Ese mismo año viaja a Egipto junto con la Filarmónica de Montevideo para presentar el espectáculo Galas de tango. También edita el disco Bolero a partir del show homónimo, que considera el más importante en su carrera como intérprete.

En 2003 es convocada por Armando Manzanero para participar, junto con otras estrellas de la música latinoamericana, en el disco Entre dos. El espectáculo Galas de tango se presenta ese año en Chile y lanza por primera vez un disco en España.

En 2004 edita el disco doble Veinticinco, que recorre los mejores temas en 25 años de carrera como artista.

En 2005 es invitada por el electo presidente Tabaré Vázquez para cantar en el acto en las escalinatas del Palacio Legislativo el día de la asunción de mando. Ese año realiza una gira por España y Suecia.

En 2006 concurre a la asunción de la presidenta chilena Michelle Bachelet en representación de Uruguay.

En 2007 es nombrada Ciudadana Ilustre de Montevideo y edita el disco Canoura canta el tango.

En 2009 lanza nuevamente un disco a partir de Piaf, esta vez con una selección de los mejores temas.

En 2010 edita el álbum Un amor del bueno.

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