Millones de personas han entrado al Estadio Centenario desde su inauguración, el 18 de julio de 1930. Han gritado goles, llorado derrotas y fotografiado una y otra vez la Torre de los Homenajes. Pero, según el arquitecto Daniel Thul, casi todos -visitantes e incluso buena parte de quienes estudiaron su arquitectura- han pasado por alto la verdadera obra que imaginó Juan Antonio Scasso. “Durante décadas se habló de la torre y nada más”, dice a Domingo. A 96 años de su inauguración, propone volver a mirar el estadio para descubrir un diseño mucho más complejo que el del escenario del primer Mundial.
Uno de los detalles rescatados por Thul es que la Torre de los Homenajes no mide 100 metros. Aunque esa cifra se repite desde hace décadas en publicaciones y visitas, sostiene que el dato es incorrecto. “Es increíble que nadie se lo haya cuestionado. Una torre de 100 metros equivale a tres edificios de 10 pisos”, señala.
Tras reconstruir virtualmente el estadio y calcular las proporciones de la estructura, estimó que la torre alcanza unos 65 metros de altura. La explicación, asegura, está en el terreno: al levantarse sobre una cota de 35 metros sobre el nivel del mar, su punto más alto llega exactamente a los 100 metros. Para el arquitecto, esa decisión no fue casual, sino una forma de materializar el centenario de la Jura de la Constitución de 1830, conmemorado el mismo año en que se inauguró el estadio.
Ese tipo de hallazgos llevó a Thul a revisar otra idea instalada sobre el Centenario: que su principal valor arquitectónico reside en esa torre de estilo art déco. A su juicio, la calidad del proyecto atraviesa todo el edificio y se aprecia especialmente en la Tribuna Olímpica, la única parte del diseño original que llegó a completarse tal como había sido concebida por Scasso. Allí destaca la combinación de ladrillo y hormigón visto, los amplios accesos de planta libre, las cintas curvas de hormigón y una fachada pensada para integrarse visualmente con el Parque Batlle, una característica que sucesivas reformas, cerramientos y agregados fueron ocultando con el paso de las décadas.
De cara al Mundial 2030, el futuro del estadio es motivo de debate y se manejan distintas alternativas de remodelación. “Me interesa mostrar estos valores para que se tengan en cuenta cuando llegue el momento de intervenir el edificio”, apunta.
Conexión con el parque
El Estadio Centenario fue concebido por Juan Antonio Scasso como mucho más que un escenario deportivo. Según el arquitecto Daniel Thul, el proyecto buscaba integrarse al Parque Batlle mediante una serie de recursos que hoy pasan casi inadvertidos. “Cuando Scasso hizo el diseño, no pensó en un lugar para ir y ver fútbol únicamente. Su concepto del Estadio Centenario es mucho más grande que eso”, enseña.
Las tribunas se escalonaban siguiendo la pendiente natural del terreno y, en su parte superior, contaban con terrazas desde donde los espectadores podían contemplar el paisaje durante los entretiempos.
Una fotografía publicada en Mundo Uruguayo pocas semanas después de la inauguración revela otro detalle casi olvidado: un pasaje empedrado rodeado de vegetación entre la Tribuna Olímpica y la Platea. “Era como si una parte del parque se metiera dentro del estadio”, resume Thul, quien ha estado rescatando esta historia en @daniel.thul. Para él, ese jardín expresaba la intención de que el hormigón dialogara con el entorno verde, una idea coherente con la trayectoria de Scasso, entonces director de Paseos Públicos de Montevideo.
Entre los elementos que aún sobreviven también destaca una plaqueta conmemorativa ubicada bajo la Torre de los Homenajes. Su tipografía, diseñada especialmente para esa inscripción y de clara inspiración art déco, sirvió décadas más tarde como referencia para crear la fuente utilizada en las camisetas que la selección uruguaya vistió en este Mundial, prolongando en el tiempo un detalle gráfico nacido junto con el estadio.