La poesía no vende, pero igual sigue viva

| Los versos y el mercado no van de la mano, según expertos. Pero el género no está destinado a desaparecer. La música, entre otros factores, lo alimentan.

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GABRIELA VAZ

Puedo escribir los versos más tristes esta noche/ Mi táctica es mirarte, aprender cómo sos, quererte como sos/ Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo/ Hay hombres que luchan toda la vida, ésos son los imprescindibles/ La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?/ A las 5 de la tarde... Al menos una de esas frases debe sonarle conocida. Son trozos de poemas que, por diferentes motivos, trascendieron las fronteras del tiempo y lograron algo difícil para el género: masividad. Algo que seguramente ninguno de sus autores -Pablo Neruda, Mario Benedetti, Adolfo Bécquer, Bertolt Brecht, Rubén Darío y Federico García Lorca, respectivamente- tenía pensado al momento de escribirlos. No obstante, el enorme poder de recordación es una de las ventajas de la literatura en verso.

También es cierto, sin embargo, que a nivel comercial el género parece ir desapareciendo. Más allá de los clásicos, cada vez menos editoriales publican libros de poesía -de las internacionales ubicadas en Uruguay, no lo hace ninguna-, y es todo un desafío encontrar un ejemplar haciéndose lugar en la disputada vidriera de una librería.

¿Pobre oferta? ¿Poca demanda? Luis Sica, director general de Random House Mondadori -una de las editoriales más importantes del medio- explica sus razones: "No se publica porque ha caído fuertemente la demanda de lectores por este género en los últimos diez años. Es cierto también que es un círculo vicioso: se vuelve económicamente inviable por las tiradas menores, y sube el precio de venta al público".

Lo mismo opina Martín Cerisola, quien brinda talleres de poesía mientras prepara una monografía sobre el poeta argentino Hugo Mujica para su licenciatura en Letras. "Que una editorial publique poesía nunca será una apuesta de ventas. Hoy en día la poesía y el mercado no van de la mano. No sería un éxito comercial. Hay pocos lectores", opina el docente, quien también trabajó en una editorial. Para él, una de las principales dificultades radica en los vertiginosos ritmos de la modernidad. "Hoy estamos más lejos del lenguaje poético, nos es más extraño que antes. Cada vez tenemos menos herramientas propias o innatas para poder experimentarlo a nuestros ritmos, para poder vivirlo como una experiencia estética. Creo que pasa por un tema de tiempos. La poesía exige una demora en cada palabra, una masticación, un proceso que necesita un tiempo distinto al habitual con el que vivimos casi todos. Es como si fuera una disciplina antigua", ilustra.

Otros creen exactamente lo contrario. Martín Fernández, director de Estuario -un sello editorial nacional pequeño que ha apostado fuertemente por el género: en un año y medio de vida lleva 15 títulos de este tipo publicados-, opina que "es un género para estos tiempos". "Que el poema sea breve se adecua a la cabeza tipo de esta época. Lo sintético, lo mínimo concentrado, la multiplicidad simbólica, las redes significantes: un lector web está acostumbrado a eso, sabe leer así, se prende en lo fugaz, lo rasante y lo urgente. En la calle hay mucha más información por consumir. El boleto de ómnibus urbano debería traer un poema impreso en el reverso para leer durante la ida al trabajo", afirma.

En su percepción, el consumo de esta literatura se ha mantenido estable en los últimos años, aunque admite que "los jóvenes siguen sintiéndose avergonzados por escribir poesía, pero al menos en Montevideo esos tímidos pululan". Es que cualquiera que tenga debilidad por la pluma mantiene algún verso de su autoría guardado en un cajón. O así lo entiende Sica. "Es el género que más escritores tiene. Todo autor, aficionado o profesional, tiene algún poema propio. Incluso, quienes no lo son, componen poemas en sus horas libres o de inspiración, sin más intenciones que disfrutarlos con sus amigos o familia. La mayoría no escribe para que sea publicado", señala.

Cada sujeto tendrá su motivación particular para acercarse al género. Para Cerisola, muchos de los que llegan hoy a su taller sobre simbolismo y poesía francesa lo hacen atraídos porque los íconos de esa época -Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé- significaron una enorme revolución para la literatura. "Ellos hicieron que el arte se volviera una herramienta para conectar con lo sagrado", apunta. A la vez cuenta como curioso que muchos músicos se acercan a sus clases. Aunque la armónica relación entre ambas manifestaciones no es ninguna novedad (ver nota aparte).

SENSIBILIDAD. Todos concuerdan en definir el lector consumidor de poesía dentro de algunos parámetros particulares. "Es exigente, selecto y especial, fiel a los autores. A diferencia de otros géneros, el libro es releído una y otra vez", describe Sica. Pero ningún consultado ata ese perfil con la academia. Según Cerisola, para acercarse a la poesía se necesita disposición, pero no preparación erudita. "Hay que conservar intacta cierta debilidad, estar abierto. No es cuestión de estudios, sino de sensibilidad, de acordar con ese lenguaje, de acompasarse a esos ritmos que no tienen referencias concretas. Es como el lenguaje de la plástica: precisás, sino preparación, al menos mucha observación, resaltar la percepción".

Para los interesados en iniciarse en ese mundo como autores, el docente recomienda leer Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke. Si el interés es de consumidor, propone acercarse a través de Rigor Mortis, del uruguayo Nelson Díaz. "Le gusta a mucha gente que nunca leyó poesía antes; es un mundo negro, pero metido en las coordenadas de un uruguayo de hoy".

Poetas habrá siempre, coinciden los consultados, ya que es un canal más de expresión humana. Por ahora, la extinción le queda lejos.

Referentes uruguayos

Mario Benedetti

1920-2009

Escribió alrededor de 35 libros sólo de poesía. Es uno de los contados autores que ha logrado masificar su versos, de modo tal que no faltan en postales y canciones que viajan por el mundo. En 1985, el cantante catalán Joan Manuel Serrat musicalizó varios de sus poemas en el disco El sur también existe.

Idea Vilariño

1920-2009

Su obra literaria excede a la poesía, pero sus versos la llevaron a ser traducida a varios idiomas. Compuso poemas para una decena de libros. Sus letras también fueron canción, como en A una paloma (Daniel Viglietti), La canción y el poema (Alfredo Zitarrosa) y Los Orientales (Los Olimareños).

Al ritmo de Borges y Neruda

"Caminante son tus huellas, el camino y nada más. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Los versos son del poeta español Antonio Machado, pero seguramente los tenga más presente en la voz del cantante Joan Manuel Serrat, quien le puso acordes a una letra pensada para recitar.

La relación de la poesía con la música es tan estrecha que muchos la encuentran indisoluble. Varios de los asistentes al taller brindado por Martín Cerisola son músicos. "Creo que hoy por hoy sobrevive mucho así. El lenguaje poético es más ritmo que significado, por eso tiene mucho que ver con la música", reflexiona Cerisola.

Ejemplos de este tipo de vínculo sobran. Los Olimareños cantando La niña de Guatemala de José Martí; Sandra Mihanovich haciendo Te quiero, de Mario Benedetti; Daniel Viglietti poniendo ritmo a Otra voz canta, de Circe Maia, son algunos. Otros artistas han dedicado discos enteros a musicalizar una selección de la obra de ciertos poetas. En el álbum Caja de música, Pedro Aznar utiliza versos escritos por Jorge Luis Borges, mientras que la cantante brasileña Luciana Souza grabó todo un trabajo sólo con poemas de Pablo Neruda. Lo curioso es que eligió traducir las letras del español original no a su nativo portugués, sino al inglés. Otro caso: la intérprete de jazz Kate McGarry incluyó una versión cantada del poema de E.E. Cummings I carry your heart, el mismo que cierra la película En sus zapatos.

Hasta el rap se ha servido de versos clásicos. En eso radica el éxito del alemán Christian Weirich, conocido por sus lares como Doppel-U. Bajo el lema "los poemas son hip hop", el joven cantante se animó a ponerle particular ritmo a la obra de célebres poetas de su país, como Schiller, Goethe y Eduard Möricke. Sus temas se han utilizado en escuelas alemanas para dinamizar las clases de literatura, con excelentes resultados.

También gracias a la música, la poesía siempre seguirá viva.

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