La mano de Evrá

HUGO BUREL

Vivimos en un mundo interconectado en el que el gran panóptico de los medios audiovisuales somete a escrutinio permanente todo lo que sucede. Hemos visto ya guerras en vivo y en directo y asistido a atentados, como el de las Torres Gemelas, prácticamente en el momento que se producían. Como con un celular se pueden filmar situaciones en el instante que acontecen, pudimos apreciar la detención del exaltado que agredió a un piloto de TAM en pleno vuelo. Hace pocos días una filmación aparentemente clandestina acaba de ser aceptada como prueba en un juicio entre la DGI y el empresario Francisco Casal. Hay una mirada obsesiva y permanente sobre casi todo lo que pueda o deba ser registrado y el mayor exponente de esa insidiosa situación es el testimonio grabado por las cámaras de vigilancia cuando registran los cada vez más frecuentes asaltos. Así hemos visto morir a un empleado baleado por unos delincuentes que coparon una estación de nafta. La frase "sonríe, te estamos grabando" se ha convertido en el santo y seña de un tiempo que cada vez más se empeña en abolir lo privado hasta llegar, como dice Lipovetsky, a la transparencia total.

Por supuesto que el deporte espectáculo no escapa a esa mirada absoluta e hiperreal y ver un partido de fútbol televisado en alta definición es como mirarlo con lupa. Y nadie como los británicos para registrar la belleza del juego que ellos mismos inventaron. Un match de la liga inglesa visto en pantalla es mucho más que las alternativas del juego, porque la multiplicidad de cámaras que lo registran lo convierten en un fascinante puzle de planos abiertos combinados con primeros planos, cámaras que corren junto con el balón y detalles asombrosos de los jugadores, como por ejemplo el cruce de miradas entre el golero y el que va a rematar un penal. Pero ahora me interesa reparar en lo que todos hemos visto hasta el hartazgo la semana que pasó: el no saludo entre Luis Suárez y el senegalés Patrice Evrá.

Reiterado más veces que una jugada de gol, el protocolo previo del saludo de los equipos antes de comenzar el partido se convirtió en una especie de abuso de la tecnología audiovisual. Si hubiésemos estado en ese momento en el estadio y no existieran pantallas gigantes registrándolo, con seguridad no habríamos apreciado el incidente y todo hubiera quedado entre Suárez y Evrá. Pero a partir de la mirada mediática, la para mí legítima y personal decisión de Suárez de negarse a saludar a alguien -y el saludo es, les guste o no a los promotores de esa pantomima hipócrita del saludo colectivo antes de enfrentarse, una cuestión personal y privada- la situación devino en un escándalo absurdo y sin duda armado para encontrar un chivo expiatorio. El propósito fue señalar al racista ante la opinión pública y mostrarle al mundo cómo los sudamericanos -a quien en el mundial de 1966 los británicos llamaron "animals"- son más despreciables que lo que fueron los propios ingleses hasta hace muy poquito tiempo. Pero en este escándalo nada es lo que parece.

Ahora volvamos a las cámaras y a lo que estas mostraron. Es como una jugada dudosa: depende del ángulo que capte y desde donde se mire. Y hay una toma -y no la más difundida- en la cual puede verse cómo Evrá amaga a dar la mano y luego la baja. Apenas unos centímetros, pero lo hace. Y Suárez se come el amague. Ahí está la clave de todo. La mano de Evrá baja, y la de Suárez sigue de largo. Entonces Evrá extiende su brazo para dejar al uruguayo en evidencia. Esa toma que revela la sutil urdimbre de esos gestos no fue la "oficial". Se mostró lo mismo desde otro ángulo, desde el cual la lectura de los hechos cambia: Evrá reclamándole el saludo a Suárez, el "intolerable racista". Para la televisión -en este caso la británica- la realidad es lo que nos muestra pero no necesariamente es lo que sucede.

Y al final del partido vimos cómo además de soplón, Evrá es un provocador. Le fue a celebrar el triunfo en la cara a Suárez que en definitiva hizo bien en no saludarlo.

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