Hay una ciencia para la salud, una para el clima, otra para la construcción. Y también existe una ciencia que estudia la vida: se llama logosofía, corriente nacida en Argentina y que este mes cumple 75 años de presencia en Uruguay.
Su símbolo consiste en tres flechas doradas en dirección al centro y otras tres blancas hacia fuera, ambos tipos sobre un sol que representa al conocimiento. Es decir, "una ciencia para que el hombre conozca su naturaleza interna y luego pueda expandir ese conocimiento a los demás", según explicó el abogado Luis Raúl Rossi, el vicerrector de la Fundación Logosófica del Uruguay.
Rossi era joven cuando ingresó. En aquel entonces solía encasillar a las personas según rótulos como "izquierda o derecha", por ejemplo. Sin embargo, no podía aplicar el mismo razonamiento a un compañero suyo de la Facultad. "Él me llamaba mucho la atención, le ponía un rótulo y luego debía sacárselo, porque él razonaba cada situación con mente propia. Entonces le pregunté: `¿Vos qué sos?`. La respuesta fue que era estudiante de logosofía.
En la actualidad, en Uruguay existen cinco centros a lo largo del país, a los que asisten cientos de estudiantes de la materia. Además, la Fundación cuenta con una escuela y un liceo, donde además de lo curricular se aplican nociones de logosofía.
La disciplina fue creada en 1930 en Argentina por el pensador Carlos González Pecotche, a quien llaman "maestro o creador". A Uruguay llegó dos años más tarde y ahora, hay centros por toda América Latina, Estados Unidos, Europa y hasta Japón.
Como toda ciencia, tiene un método, cuyo objetivo es la "superación humana", como dijo la escribana Ana Martyniuk, una de las integrantes de la Fundación con mayor experiencia.
"La logosofía es una ciencia que postula: no hay que creer a ciegas, hay que investigar y usar todas las facultades mentales y sensibles; es un proceso consciente".
De ahí las diferencias con las religiones y con el psicoanálisis, que bucean en profundidades no conscientes.
El "método" es en verdad todo un proceso, pero hay algunas pistas para saber por dónde empezar. "La causa de la infelicidad humana son las deficiencias. A veces, uno se levanta de mal humor y no sabe por qué. Pues la logosofía da las herramientas para investigar internamente e identificar la deficiencia, hacerla consciente y corregirla", explicó Martyniuk.
Entre las deficiencias, se cuenta la falta de voluntad, el pesimismo, la excesiva curiosidad... son 44 en total y para cada una hay "contradeficiencia", que son aspectos a fortalecer para superarse, según los escritos de González Pecotche, que falleció en 1963.
Para adultos, la Fundación Logosófica funciona en "núcleos de estudio", grupos de hasta 20 personas que se reúnen una vez a la semana a discutir sobre los temas. Hoy, funcionan unos 14 núcleos, sólo en Montevideo.
Cada grupo tiene un director, que es el de mayor experiencia entre los integrantes. "Pero el proceso es individual", aclaró Martyniuk.
Eso significa que cada uno hace su proceso en la intimidad. "En los grupos nadie pregunta por experiencias personales. Si se tratan problemas de convivencia, por ejemplo, no importa si son con mi marido o con mis hijos, trato el tema desde el punto de vista conceptual y aplico lo que considero mejor", dijo Martyniuk.
En el fondo, sin embargo, hay un fuerte componente colectivo. Como existen leyes para lo físico (gravedad), la logosofía postula que hay leyes aplicadas a lo espiritual, que son un capital de la especie, más allá de los esfuerzos individuales.
Los valores, el cultivo de la generosidad y todas las "manifestaciones espirituales de cada uno no se pierden con la muerte, quedan", añadió la escribana.
"La logosofía no es una ciencia para ser más un poco buenito, sino que ese paso está unido a aspectos trascendentales, a mejorar como especie", dijo Martyniuk.
Y puso un ejemplo: "Los niños pequeños no saben leer. Sin embargo, uno les da un aparato electrónico y lo dominan, a diferencia de los mayores. Quiere decir que ese lenguaje lo traen incorporado los niños, de herencia. Pues lo mismo ocurre con lo espiritual", dijo Martyniuk.
Para el camino de mejorar, la logosofía propone servirse de todas las facultades del ser humano, desde la razón al corazón, los sentidos; todo lo que pueda controlarse.
Como señaló Ana Martyniuk, "nacimos con los recursos. Sólo hay que aprender a usarlos".
75 años
El 10 de julio de 1932 se inauguró la Fundación Logosófica de Uruguay por el propio creador de la corriente, el argentino Carlos González Pecotche. La base de la obra es la bibliografía de este autor. Entre los libros: "Curso de iniciación logosófica", "Deficiencias y propensiones del ser humano", "La herencia de sí mismo", "Exégesis Logosófica", "El mecanismo de la vida consciente", "Logosofía. Ciencia y método" y "Nueva concepción política".
El método y los niños
La Escuela Logosófica tiene unos 250 alumnos y el liceo, 130. Ambos son habilitados por las autoridades de la enseñanza por lo que sus programas curriculares no son distintos a los del resto de las instituciones. La diferencia está en el contexto.
"Los docentes son todos estudiantes de logosofía y en la práctica diaria, ellos tratan que el niño tome contacto con su realidad interna y vaya teniendo la capacidad de analizar su propia actuación: qué está bien y qué está mal, y así comprender que ellos mismos tienen en sus manos la posibilidad de cambiar esos aspectos, a través de las fuerzas que tienen internamente", explicó la directora de la escuela Angélica Benvenutti.
En el liceo se aplica la misma lógica, aunque algo más avanzada para los que desean profundizar en el tema.
La logosofía aplicada a niños y adolescentes refiere fundamentalmente a la conducta, la autoevaluación. "En secundaria puede haber algún grupo complicado. ¿Qué se hace, normalmente? Se reprime o se lo deja caer. Nosotros no hacemos ninguna de las dos. Los encausamos", dijo el vicerrector Luis Raúl Rossi.