“Che, me encanta tu buzo. ¿De dónde es?”, le dice Cola a Yipio y esta responde: “De una marca uruguaya, Daiana Vrilache”. Ese diálogo entre dos participantes de Gran Hermano Generación Dorada hizo que el saco damero que luce la participante uruguaya, en colores verde y rosa, se volviera viral y hubiera que encargar una nueva partida para atender tantos pedidos.
“En realidad, ese saco lo hicimos hace cuatro años, o sea que Yipio lo tiene hace tiempo. Lo amó y lo usó siempre. ¡Ni se imagina lo que está pasando con este saco afuera!”, señala Daiana, la diseñadora al frente de la tienda que ya tuvo que mandar hacer esta prenda tres veces más. “Es un diseño nuestro que fabricamos acá y que ya iría por las 60 unidades desde que pasó la escena de la casa. Entra y se agota, además es súper preguntado, todas quieren saber de él”, agrega en diálogo con Domingo.
Incluso le escriben desde Argentina, pero por el momento no tiene los medios como para enviarlo a la vecina orilla. “Por ahora solo lo estamos vendiendo en Uruguay”, apunta sobre este saco que nació como parte de una cápsula de sacos y buzos confeccionados en varias combinaciones de colores. “Esa era la más jugada, ahora es refuror y muchas se animan a usarlo gracias a Yipio”, acota.
Daiana le sumó otras tres combinaciones: beige con camel, coral con beige y fucsia con rosa. Son talles únicos.
Pero la cosa no terminó ahí: para el segmento “Congelados” del reality, Yipio recibió la visita de su pareja Mathias “Chocolatito” vestido con una versión del saco en negro y chocolate. Eso llevó a que Daiana comenzara a recibir encargues de hombres, cosa que nunca le había pasado porque su tienda es femenina. “¡Mis bolsas son blancas con un corazoncito rosado!”, comenta entre risas. “La gente nombró a ese diseño ‘Chocolatito’”, añade.
Pero no todas son flores; el saco también ha cosechado “un montón de hate”. Hay quienes escriben diciendo “es horrible”, “¿cómo se va a poner eso?”, “viene con el sillón incluido” o “sirve para tapar un auto”. “Lamentablemente, siempre son mujeres las que critican; al cuerpo de Yipio le dan mal”, se lamenta.
Daiana tiene 36 años y desde los 18 vende ropa, en los últimos 6 años especializándose en talles grandes. Comenzó en las redes, luego tuvo un local en Tres Cruces y desde hace cinco años está instalada en Rivera y Pedro Campbell. Su producto estrella es ahora “el saco de Yipio”. “Ya no se le puede poner otro nombre”, concluye contundente.
Fan antes de "Gran Hermano"
Daiana Vrilache conoce a la standupera Yipio Pintos desde mucho antes de su ingreso a la casa de Gran Hermano.
“Me acuerdo que una vez estaba en el otro local, le gustó un bucito y me preguntó el precio. Le dije ‘para vos no es nada, te lo regalo’. No lo podía creer porque en ese entonces tenía menos seguidores en redes que yo”, recuerda la diseñadora. “Siempre me gustó lo que predicó. Aunque digan que es ordinaria, siempre dice la verdad y va de frente”, destaca.
Daiana supo desde un poco antes que Yipio iba a participar del reality argentino porque le tuvo que armar varios looks para que se llevara. “Al principio no los usó mucho porque prefiere estar cómoda en la casa y son más como para las galas o las fiestas”, señala. Pero cuando tuvo que salir por la enfermedad de su madre, le alcanzó más outfits al sanatorio y le dijo: “Te tenés que poner todo, así no te critican. Igual siempre van a tener motivos para criticarte, pero que este no sea uno de ellos”.
La participante uruguaya también trabaja con una marca argentina a la que le es más sencillo acercarle prendas. “La vestuarista de Gran Hermano me contactó para decirme que, si preciso mandarle algo no hay problema, el tema es que tengo que viajar yo por mi cuenta o enviárselo con alguien y no es tan fácil”, explica. Dice que si continúa avanzando en el programa, seguramente le mande algún otro outfit. “Capaz que otro saco de otro color, ya que le gustó tanto”, apunta entre risas a sabiendas que si el público la expulsa de la casa, las oportunidades para que siga luciendo los diseños de Daiana Vrilache no se van a terminar, sino que al contrario, seguramente se multiplicarán.