La heredera del imperio Herrera

| La hija de la diseñadora venezolana Carolina Herrera, de 35 años y radicada en Madrid, tiene tres hijos y un estilo sencillo que contrasta con el de su madre.

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LA NACIÓN | JUANA LIBEDINSKY

Hay dos cosas que a Carolina Adriana Herrera no le gustan en los hombres: los mocasines y la vanidad. Sobre lo segundo, se explaya: "Nada peor que estar con alguien que tarda más que tú en el espejo, que se pasó el día en el gimnasio, que aparece con pelo de peluquería, que se hizo las manos y los pies. ¿Que ahora hay un maquillaje para hombre? Me parece un espanto. Aunque el producto final sea espléndido, todo lo que demuestre tanto esfuerzo -y, naturalmente, un gran ego- automáticamente deja de ser sexy".

¿Y los mocasines? "¡Ay, no sé! Pero me parece que con vaqueros y ropa informal van siempre mucho mejor unas buenas tenis", dice sacudiendo su pelo castaño rizado, que lleva, como era de esperar, siempre al natural.

Mientras su madre, la diseñadora Carolina Herrera, es asociada a una imagen de rubia platino impecable del Upper East Side neoyorquino, "Carolina Jr", como a menudo es llamada, presenta una contracara interesante. Radicada entre Madrid y un campo en el sur de España, y dueña de una tienda de ropa, juguetes y alimentos orgánicos y eco-friendly, la hija de CH -de 35 años, casada y con tres hijos pequeños- tiene un look decididamente más décontracté.

De hecho, aunque la Vogue española la llevó en la tapa bajo el título "Musa de la elegancia", Carolina hija ha confesado que, salvo por la ropa de las tiendas de su madre, o por compras especiales, se suele vestir en Zara u otros equivalentes americanos e ingleses de ropa accesible, como Gap o Top­shop. No se tapa las pecas y usa apenas brillo en los labios. Eso sí, como su madre, siente pavor por el look Sex and the City, sobre todo cuando es imitado a rajatabla. "Los zapatos les calzan mal, las carteras son demasiado grandes, no están acostumbradas a llevar cien collares", dijo respecto de las aprendices de Carrie Bradshaw.

No es sorprendente que Carolina confiese que su auténtica pasión no son las luces de la noche o el circuito social de las grandes ciudades, sino "los viajes de descubrimiento", que abren la mente. "Pero no sólo aquellos que nos llevan a tierras lejanas, sino los que se pueden hacer en casa con los libros, con la imaginación", aclara.

Por eso, su último proyecto fue la creación de un perfume de hombre para la línea de su madre. El resultado es CH Men, fragancia "de una elegancia muy natural" que llega acompañada de un libro preparado por Carolina, Cuadernos de viaje, donde se destaca a un puñado de hombres que son emblemáticos del espíritu del perfume. Ninguno es un actor famoso o modelo bonito. Ellos son el arquitecto libanés Bernard Khoury, el director de orquesta de Ossetia Tugan Sokhiev, el navegante británico Conrad Humphreys, el enólogo español Telmo Rodríguez, el ebanista estadounidense Palo Samko, el economista español Iñigo de Arteaga, el diseñador francés Jérôme Faillant-Dumas y el explorador Tommy Heinrich, fotógrafo de la National Geographic y primer argentino en llegar a la cima del Everest. En el libro, Carolina subraya cómo éste dice que "es importante llegar a la cumbre, pero todavía más lo es regresar a casa".

Casa, para Carolina, es junto a Miguel Báez "El Litri", un ex torero de tradicional familia devenido ganadero, a quien conoció cuando ella trabajaba de documentalista. Por eso que llama la atención que entre los hombres que eligió para el libro y como emblema del perfume no haya puesto a ningún torero. ¿Ninguno reúne todos los requisitos? "¡Por supuesto que sí! -sonríe-. Pero sabía que si entraba en ese tema inevitablemente la historia iba a quedar muy autorreferencial y, por el contrario, con este perfume quise llevarme por horizontes lejanos, descubrir todo lo nuevo".

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