La embajadora que cocina por las redes, recorre Montevideo en bicicleta y quedó impactada con el carnaval

La embajadora de Francia, Virginie Bioteau, disfruta de moverse entre la gente siendo parte de actividades muy uruguayas. Para celebrar 190 años del vínculo con Uruguay ha organizado varios festejos.

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Embajadora de Francia en Uruguay, Virginie Bioteau.
Foto: Darwin Borrelli.

Virginie Bioteau (50 años) tenía muchas ganas de que su primer destino como embajadora fuera en Uruguay. Lo puso primero en la “lista de deseos” que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia les pide confeccionar a los diplomáticos. Hace ocho meses que presentó sus cartas credenciales al presidente Yamandú Orsi y desde entonces no ha perdido el tiempo: rambla, mate, bicicleta, recetas, viajes por el interior y un perro adoptado con el que se fue de vacaciones a La Pedrera. Está tan contenta que ya decidió que pedirá extender su estancia en Uruguay.

Virginie habla muy bien español y eso es por dos razones. La primera de ellas es un padre profesor de este idioma que le transmitió la pasión por aprenderlo y así lo hizo durante toda su formación. “Hasta el final de mis estudios, estudié inglés y español”, cuenta a Domingo con un leve acento mexicano. Y ahí está otra de las razones: luego de estar destinada cinco años en España, vivió cuatro años en México como Consejera para Asuntos Globales.

Su último destino fue Kuala Lumpur (Malasia), donde, si bien no era la titular, como es un destino sin embajador, su cargo de Jefa de Misión Adjunta la obligaba a asumir las tareas como si lo fuera. Allí conoció a la actual vicecanciller uruguaya Valeria Csukasi, entonces embajadora de Uruguay, y empezó a saber un poco más de nuestro país. “Ahí nació la idea de que podía pedir un puesto de embajadora y por qué no en Uruguay”, apunta.

Incluso había tenido una breve estadía en Colonia cuando su marido, también con carrera diplomática pero en el área cultural, estuvo destinado en Buenos Aires. “Yo en aquel tiempo estaba en Grecia y lo fui a visitar”, recuerda sobre lo que terminó en un viaje relámpago al litoral uruguayo.

Lo primero que hizo al llegar a Montevideo con su esposo y sus dos hijos —Antoine (19) y Emilie (15)— fue ir a comprar bicicletas para poder recorrer la ciudad. “Eso es lo lindo de Montevideo, se puede disfrutar de este paseo fabuloso que es la rambla. Tomar la bici, ir a comprar un poco de pan, tomar un helado en Arocena”, relata al hacer referencia a un adjetivo que escuchó mucho de este rincón de Sudamérica: “Tranqui”.

“Creo que no es pasividad, sino tomar un poco de distancia del revuelo tremendo que hay en el mundo”, explica y le viene a la mente el film uruguayo Cabo suelto. “No es pasividad lo que hace el señor de los quesos, es resistencia”, evalúa sobre el personaje de Mandrake Wolf. “Me encantó esa película”, acota dejando entrever que es una embajadora muy activa, de esas que no se pierden nada.

Por ejemplo, destaca el hecho de que busca en el celular la librería más cercana y le saltan muchas. O que va a un restaurante y la gente está hablando entre sí. “No están todos con las pantallas; sigue siendo un lugar donde la gente va a comer para hablar y estar con la familia. Y sigue siendo un lugar donde la gente mira al mar tomando mate”, remarca quien toma mate de tanto en tanto, cuando el encargado de prensa de la Embajada se lo prepara porque ella aún no se siente capaz. “Mi hijo, que no vive aquí pero viene de vacaciones, se lo hace en casa”, acota. “Yo soy de té por la mañana y luego café”, dice.

Lo segundo que hizo en Uruguay, atendiendo al pedido de sus hijos, fue adoptar un perro en un refugio. “Apolo tiene 8 años aunque él mismo se cree cachorro todavía”, bromea acariciando a su mascota, que es de gran tamaño y tiene a todos “comprados” en la residencia francesa. “Lo miman mucho”, comenta su dueña.

En esa misma casa hay una huerta que la embajadora decidió aprovechar para amplificar el mensaje de alimentación saludable que enarboló Francia tras la cumbre Nutrición para el Crecimiento. Entonces se le ocurrió que María, la chef uruguaya de la residencia, comenzara a compartir recetas por Instagram. Virginie se le sumó y, entre otras cosas, se la puede ver preparando bugnes (buñuelos), una vieja receta de su abuela italiana.

“Algunos de mis colegas hombres se preguntan ‘¿por qué vamos a hacer este tipo de cosas?’ Primero, porque nos permite acercarnos a mucha gente en Internet; segundo, porque a la gente le interesa y es una manera de seguir lo que hace la Embajada, y tercero porque puedes pasar mensajes de nuestras actividades y de nuestras prioridades”, explica.

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Virginie Bioteau, embajadora de Francia en Uruguay.
Foto: Darwin Borrelli.

Descubrir Uruguay

A Virginie le gusta recorrer el país y no para visitar un lugar solo una vez, sino con intenciones de volver. Ha estado en Colonia, San José, Salto, Paysandú, Lavalleja, Rocha, Maldonado… Le estarían faltando Cerro Largo, Tacuarembó y Soriano. “¡Uruguay no es tan chiquito!”, asegura y aclara que le está dando prioridad a las localidades donde hay alianzas francesas.

“Me costó entender el concepto de ‘litoral’, que para mí era el mar”, dice.

De estos primeros ocho meses en contacto con gente de todo tipo, destaca también la capacidad de los políticos de buscar el consenso, “aunque eso implique que las decisiones se tomen paso a paso”. Entiende que haya quejas porque las cosas no van tan rápido como uno desearía, “pero, para ser honestos, en todos los países una ley, una propuesta, un proyecto, tienen sus tiempos”, considera y añade que “la diplomacia uruguaya tiene mucho para enseñar”.

Por lo pronto, ella sigue aprendiendo de lo cotidiano. De ir a la Marcha del Silencio o descubrir un carnaval del que le hablaron tanto. Fue a las Llamadas, a dos corsos barriales, al Museo del Carnaval, al tablado y al Teatro de Verano. “No entendí todo, pero me impactó el compromiso de la gente y el nivel artístico. Ese fenómeno de la murga de criticar”, apunta.

También ha disfrutado del fútbol, de ver los partidos del Mundial, aunque de su niñez recuerda más las carreras de autos porque nació en Le Mans. En Francia, su casa está en el campo, vecina a la de sus padres, y tiene un pequeño apartamento en París porque allí se encuentra el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Le tocó estar viviendo sus 50 años en Uruguay, si bien los cumplió en un avión porque estaba de vacaciones. “Fue el día de la caída de Maduro”, recuerda. “Para el Día de la Madre me hice regalar un suéter de Manos del Uruguay”, relata. “Aquí te sientes como protegido. Me siento en el lugar donde hubiera querido estar como embajadora si me lo preguntaban. Intento no tener gafas rosas cuando miro a este país, pero creo que hace falta más Uruguay en el mundo”, afirma sonriente.

190 años de amistad

25 años de carrera en un año de mucho festejo

Después de estudios de letras (clases preparatorias y licencia en inglés), Virginie Bioteau cursó ciencias políticas en el Instituto de Estudios Políticos de Rennes y luego se graduó en Relaciones Multiculturales en La Sorbona III, París. En 2005 se integró al Ministerio de Asuntos Exteriores francés como diplomática, tras tres años como Oficial de la Cooperación Multilateral en París, y dos años en Atenas como Agregada de Cooperación Regional para la región de los Balcanes, en la Embajada de Francia en Grecia.

Ha ejercido en España, como Consejera de Política Interior y Relaciones Bilaterales, y Jefe de Gabinete del Embajador, y en México como Consejera para Asuntos Globales. En Kuala Lumpur fue jefa de misión adjunta de la Embajada de Francia en Malasia. Fue nombrada Caballero de la Orden Nacional del Mérito en 2015.

Festejos

Este año Francia y Uruguay están celebrando los 190 años del primer Tratado de Amistad, Navegación y Comercio. Eso ha determinado un despliegue de actividades que incluyen, entre otras cosas, a Francia como invitado de honor en el Festival Internacional de Artes Escénicas (FIDAE) y a Uruguay del Festival Internacional de Biarritz que abarca cine, literatura y debate de ideas.

Se suma una exposición del Centro de Fotografía de Montevideo donde se verá la foto del jugador francés que convirtió el primer gol del Mundial de 1930.

Además habrá eventos de ciencia abierta a fin de año, destacando la fuerte cooperación en la materia que existe entre ambos países, que se traduce en centros como el Instituto Pasteur o el Laboratorio de Matemáticas, o el lanzamiento de la Secretaría de Divulgación de la Ciencia y el Conocimiento.

Dentro de este año tan especial, la celebración del 14 de Julio, fecha patria francesa, tendrá lugar esta vez en la Embajada, en la Casa Buxareo. “Será al mediodía para no interferir con el partido semifinal del Mundial”, aclara Virginie y anuncia que habrá sorpresas además de una exposición de cuadros y fotos. “En 2027 quizás volvamos a la residencia”, anuncia.

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