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Kate Middleton: por qué la duquesa se convirtió en una pieza clave de la familia real

Catalina de Cambridge, esposa del príncipe Guillermo, cumplió 40 años en enero. Un repaso por su vida. 

Kate Middleton, duquesa de Cambridge
Kate Middleton, duquesa de Cambridge

Las primeras búsquedas hablan de su cumpleaños número 40, de los pendientes de perlas que usó para homenajear a Lady Di, su suegra, de las supuestas inspiraciones en su vestimenta, de las personas que la felicitaron, de los posteos en la cuenta de Instagram de la familia Real —“Le deseamos a la duquesa de Cambridge un muy feliz 40 cumpleaños hoy” y cuatro fotos junto a la reina Isabel II— de su vida junto al príncipe Guillermo, duque de Cambridge, de sus hijos, el príncipe Jorge, la princesa Carlota y el príncipe Luis y de los retratos que le hizo el fotógrafo italiano Paolo Roversi por su aniversario: tres fotografías, con tres vestidos diferentes de Alexander McQueen, en las que Kate Middleton, duquesa de Cambridge, posa, en el medio de una luz tenue y natural. “La he hecho bailar frente a la cámara”, dijo el fotógrafo en una entrevista. Las fotografías serán parte de la exposición permanente de la National Portrait Gallery de Londres.

En una de las imágenes, la duquesa lleva unas caravanas que la reina Isabel le prestó especialmente para la ocasión. En otras, luce unas perlas que fueron de la princesa Diana. En dos de las imágenes sonríe. En la otra, no: de perfil, con los hombros descubiertos, sin mirar a cámara, su rostro parece una cara sin tiempo.

Las otras búsquedas, cuando uno escribe Kate Middleton en Google, refieren todas a lo mismo: a su lugar como esposa del príncipe, a sus hijos, a sus visitas a hospitales y a escuelas, a su preocupación por los niños y por las niñas y a sus iniciativas por ayudarlos. Kate Middleton, dice Google, es una duquesa ejemplar: hermosa y de perfil bajo, buena esposa y buena madre, devota de la reina, sin escándalos, sin conflictos, discreta, pulcra. Por eso, dice Google, todos —la reina y su familia, los ingleses y el mundo— la quieren.

Sin embargo, hubo un tiempo —y fue mucho tiempo— en el que la prensa británica más amarillista acosó a Kate Middleton: Waity Katy (Kate, la que espera), le decían, para referirse a una joven “desesperada” que aguardaba a que, finalmente, el príncipe Guillermo le propusiera matrimonio. También especulaban con la capacidad que tendría la futura duquesa de pertenecer a la familia real pero, sobre todo, de encajar en un mundo tan diferente al suyo.

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Los duques de Cambridge junto a sus hijos. Foto: Instagram

Catherine Elizabeth Middleton nació en Reading, una ciudad de Berkshire al sureste de Inglaterra. Hija de una azafata y de un despachador de vuelos, es la mayor de dos hermanos y pasó gran parte de su infancia en Jordania, donde su padre trabajaba para British Airways.

Estudió Historia del Arte en la Universidad de Saint Andrews, en Escocia. Dicen algunos portales y biografías que, durante sus años como universitaria trabajó como moza. Después de egresar se dedicó a la moda en una marca de accesorios inglesa y, luego, a la fotografía y diseño para la empresa de decoración de fiestas de su familia.

Lo que sigue es la parte más conocida de esta historia: Kate y Guillermo se conocieron en 2001, en la universidad. Se pusieron de novios pero por mucho tiempo lo mantuvieron oculto. Incluso, algunos medios dijeron que durante cinco años Kate no conoció a la reina Isabel II  ni a ningún miembro de la familia de Guillermo. Fue ese el tiempo del acoso, de los paparazzis, de cartas documento a la prensa y, también, la primera vez que Kate tuvo que disponer de un guardaespaldas las 24 horas. Finalmente, se comprometieron en 2010, durante un viaje a Kenia, con un anillo que había pertenecido a la princesa Diana. Siete meses después, el 29 de abril de 2011, se casaron.

El príncipe William y su esposa Kate Middleton durante la final de la Eurocopa 2021 en Londres. Foto: AFP
El príncipe William y su esposa Kate Middleton durante la final de la Eurocopa 2021 en Londres. Foto: AFP

El video de la boda está en YouTube. Dura tres horas y 37 minutos. Kate, elegante de una manera soberbia y sobria, con un vestido blanco de Alexander McQueen, una corona de cristales y un velo, toma la mano del príncipe y, mirándolo a los ojos, casi sin modular, sonriendo apenas, dice que promete serle fiel, amarlo y respetarlo en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad. Ese es el momento exacto, el punto de quiebre: desde entonces, Kate Middleton es Catalina, duquesa de Cambridge.

Nadie sabe cómo es Kate cuando no está en público: qué le gusta y qué no, qué come, qué hace, cómo vive, cómo sufre o cómo sonríe, si baila o si canta, si reta a sus hijos, si corre o si nada. Se sabe, sí, que le gusta la fotografía y la moda. Que vive con su familia en el palacio de Kensignton. Que le interesan los niños y su bienestar. Que es una madre dedicada. Pero sobre todo, que entiende lo que hace y cuál es su rol como esposa del príncipe: Kate como una pieza creada con precisión, de forma meticulosa, casi sin lugar para la espontaneidad y para el error, que sostiene, no solo a Guillermo, sino también, en ocasiones -como cuando, en el funeral de Felipe de Edimburgo, acercó a su esposo y al príncipe Harry, distanciados desde hacía meses- a una institución entera: la corona inglesa y toda su historia.

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