John Edwards, El ocaso del nuevo Kennedy

| Abogado de prestigio, exsenador y expresidenciable por el Partido Demócrata, en Estados Unidos, un affaire y una serie de mentiras tumbaron su carrera política.

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LEONEL GARCÍA

Ocurrió en octubre de 2007, en un hangar del aeropuerto Raleigh-Durham, en Carolina del Norte. Elizabeth Edwards explotaba. El tabloide The National Enquirer había publicado que su marido John, un prestigioso político demócrata con aspiraciones de llegar a la Casa Blanca, había sostenido un affaire con una camarógrafa el año anterior. Furiosa, se paró delante de su esposo, rodeado de sus asistentes, y se rasgó la camisa y el corpiño. "¡A mí ya no me mirás!", le gritó, desencajada, con los senos expuestos. El staff del dirigente se encargó de cubrir a la mujer y meterla en un auto, alejándola de miradas indiscretas. John Edwards apenas se inmutó; se limitó a pedir un médico para su mujer.

Este detalle divulgado por la BBC, un episodio más de un escándalo de polleras que sacudió particularmente a Estados Unidos, se conoció el 2 de mayo en una corte de Carolina del Norte. Y ahí estaba John Edwards, otra vez imperturbable.

John Reid Edwards (58) ya no es un peso pesado del Partido Demócrata como exsenador, excandidato a la Vicepresidencia, dos veces precandidato presidencial, y a quien muchos veían -por pinta y por carisma- como el nuevo John Kennedy. Ya pocos se acuerdan que había cimentado su fama como abogado interesado en las causas de los más desfavorecidos. "Alguien que le quiso dar voz a quienes no tienen voz", como en su momento lo definió Barack Obama, hoy primer mandatario de Estados Unidos. En lugar de eso, es un cadáver político. Y también corre serio riesgo de terminar en la cárcel.

La Justicia lo investiga por supuesta malversación de fondos de campaña. Se lo acusa de haber utilizado más de un millón de dólares, recaudados en su lucha para ser el candidato demócrata para las elecciones de 2008, para "tapar" su relación extramatrimonial. En total, es juzgado por seis cargos de violación a las leyes federales sobre financiación de campañas electorales. De ser hallado culpable, afronta una pena de hasta 30 años de cárcel y una multa de US$ 1,5 millones. Este último extremo no parece el escenario más probable. "El argumento que esgrime la defensa es que John Edwards se comportó de manera deplorable pero no violó la ley", señaló a BBC Mundo el experto William Yeomans, docente de la Escuela de Derecho de la Universidad Americana de Washington.

Tal vez no termine en prisión, pero su carrera política ya pertenece al pasado. Al conocerse ese episodio del hangar, su hija Cate abandonó el recinto judicial bajo un mar de lágrimas. John miró al piso. Sus intentos de ser el presidenciable demócrata en 2004 y 2008 ya eran parte de un pasado lejano. Su rol como compañero de fórmula de John Kerry para las elecciones de 2004 -cuando para cualquier observador imparcial era evidente que él irradiaba más carisma que el candidato a presidente- también.

Ya no estaba Elizabeth Edwards. Ella, una mujer que generaba mucha simpatía en el público estadounidense, había fallecido el 7 de diciembre de 2010, a los 61 años, luego de luchar desde 2004 contra el cáncer de mama, enfermedad a la que enfrentó con valentía, ganándose la admiración de la gente. En sus buenos tiempos, los Edwards eran una pareja cuya imagen recordaba a John y Jackie Kennedy. Elizabeth había tolerado el affaire de John; eso es algo muy frecuente en un país donde las esposas traicionadas de políticos en campaña no suelen hacer escándalos públicos para no afectar las chances de sus maridos. Como también suele pasar, el exsenador negó al inicio todo. Pero en 2008 -muchos meses después de su derrota en las internas demócratas, obviamente- reconoció públicamente su affaire pero rechazó ser el padre de la hija de su amante, la cineasta y camarógrafa Rielle Hunter.

Nuevamente mentía. En enero de 2010, el exaspirante a la Casa Blanca acabó admitiendo que era el padre de Frances Quinn, la hija de Rielle, nacida el 27 de febrero de 2008. Para Elizabeth, que había digerido la infidelidad, eso fue demasiado. En ese mismo mes, ella puso fin a 32 años de matrimonio.

MENTIRAS. Con excepciones como el archiconocido caso del expresidente Bill Clinton, que sobrevivió al escándalo extramarital que significó la difusión de su relación con la exbecaria Monica Lewinsky, lo que muchos llaman la "seducción del poder" le ha costado la carrera a varios políticos de prestigio en Estados Unidos (ver aparte). John Edwards se encamina a seguir la regla. Ya sea por razones religiosas, antropológicas o sociológicas (hay decenas de explicaciones posibles, algunas de ellas contradictoras), la opinión pública de ese país es muy sensible a la intimidad de sus gobernantes.

Según publicó Newsweek en 2008, Rielle Hunter (48) conoció a John Edwards en un bar de Nueva York en 2006, ciudad a la que él asistió a brindar una conferencia. Ella, una actriz devenida cineasta publicitaria y una pionera del llamado "marketing viral" en las redes sociales, fue inmediatamente contratada para realizar una serie de videos promocionales sobre el candidato para su naciente campaña electoral. Enseguida se convirtieron en amantes.

El artículo de The National Enquirer no sólo informaba sobre el affaire, sino que publicaba que la bebé que Hunter esperaba era fruto de esa relación. Del comando de campaña de Edwards se actuó como se hace habitualmente: negándolo todo (el Enquirer es un tabloide amarillista y de conocido poco rigor; sin embargo, en esta ocasión daba en la tecla). Luego se supo que Elizabeth tuvo, de la boca de su esposo, la confirmación de ese romance pero como algo fugaz, iniciado y terminado en 2006. Nuevamente, mentía.

También mintió su amante. Cuando estalló el escándalo, Hunter dijo que el padre de la bebé que esperaba era Andrew Young, un hombre casado que también era integrante del staff de campaña de Edwards. El propio Young admitió lo mismo en ese momento. Ya la cadena de mentiras comenzaba a tomar la forma de una olla a presión.

Y todo al final explotó. A la confesión del exsenador de enero de 2010 le siguió la publicación de un libro de Young, su exasesor. En él se aseguraba que Edwards gastó "al menos un millón de dólares" inicialmente destinados a su campaña electoral en ocultar a su amante, comprar su silencio y encargarse de su hija extramatrimonial. "Ha sido un error que haya negado que ella es mi hija, y espero que un día, cuando ella comprenda, me perdone", dijo entonces quien en su momento fue comparado con John Kennedy. Tal vez ese sea el único consuelo que le quede.

Una mujer sin miedo a la muerte

Al tiempo que la imagen de John Edwards caía por el piso, la de su esposa Elizabeth subía por la firmeza con la que luchó contra el cáncer que le aquejaba, aún cuando se supo que era terminal. En su libro Saving Graces (2006) dijo que ya se sentía preparada para morir, porque ya había vivido lo peor con la muerte de Wade, el primogénito de la pareja, en un accidente de auto en 1992; tenía 16 años.

Carreras políticas truncadas por escándalos sexuales en EE.UU.

ELIOT SPITZER

Demócrata que estaba pisando fuerte, era gobernador del Estado de Nueva York cuando se supo que gustaba pagar miles de dólares en servicios de acompañantes de lujo. Presentó dimisión en 2008.

LARRY CRAIG

Senador republicano de mucha trayectoria y ultraconservador, fue arrestado por "conducta lasciva" en el baño de hombres de un aeropuerto de Minessota. Eso fue en 2007 y marcó el fin de su carrera.

GARY HART

Exsenador demócrata, era el candidato más fuerte de su partido para las elecciones de 1988. Pero la publicación de una serie de fotos compromedoras con modelos le pusieron lápida a su carrera.

MARK FOLEY

Como congresista republicano, saltó a la luz pública por enviarle e-mails con contenido sexualmente explícito a varios jóvenes becarios. El escándalo lo obligó a presentar renuncia en 2006.

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