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Israel: así es la vida sin tapabocas ni distancia

Con el 60 por ciento de su población vacunada, es uno de los primeros países en retornar a la normalidad prepandémica. ¿Cómo es volver a juntarse (de cerca) con amigos y mirarse a la cara?

Las calles de Israel volvieron a ser lo que eran antes de la pandemia
Las calles de Israel volvieron a ser lo que eran antes de la pandemia. Foto: EFE

Cuando Juan Lucas Pezzino atiende el teléfono son casi las ocho de la noche en Tel Aviv. Ya es primavera, el día estuvo agradable, con sol. En Uruguay son casi las dos de la tarde. Ya es otoño y es uno de los primeros días fríos (frescos, al menos) del año. Es un lunes de abril y Juan Lucas dice que hoy, más temprano, fue a un minimercado y que cuando quiso entrar se olvidó de que iba sin el barbijo, que después de un año con el rostro cubierto es extraña la sensación de poder caminar por la calle con la cara libre. Dice que desde que el 18 de abril el gobierno autorizó a sacarse las máscaras al aire libre, lo que se ve, lo que se nota, es que la gente en Tel Aviv está diferente: más animada, más contenta, más como antes. Dice que se siente la sensación de final, de alivio. También que las calles, las avenidas y las autopistas volvieron a ser como eran: repletas de autos, uno tras otro, sin respiro. Dice que sobre eso —el tránsito, los atascos— nadie aprendió nada.

Guillermo Rosero, como Juan Lucas, es uruguayo y vive en Tel Aviv. Dice que en lo que más se nota que la situación en Israel respecto al coronavirus está mejorando es en el ánimo de las personas “y en los diarios: la pandemia ya no es el tema central”. Dice que vacunarse fue muy sencillo y muy rápido y que ahora para entrar a lugares cerrados te piden el pase verde, que él no ha ido, pero que una noche pasó por la puerta de un boliche y había cola afuera para ingresar.

Janet Cwaigenbaum, uruguaya, está en Israel hace 24 años. Vive en el Kibutz Nir Itzjak, lindero con la Franja de Gaza, a 3,8 kilómetros de la frontera. Aunque vivir en una zona rural le permitió pasar el 2020 con menos restricciones —podía andar en bicicleta, caminar por el campo, tener otra libertad— ella, su familia y amigos cercanos pudieron vacunarse entre fines diciembre y principios de enero y eso, dice, fue un alivio.

“Confieso que en estos tiempos, como quien no quiere la cosa, uno le pregunta hasta al peluquero si se vacunó”.

Israel es el primer país del mundo en empezar el retorno hacia la normalidad: aquella que se cortó a finales de 2019 y dio paso a una desconocida, aislada, casi distópica. El plan de vacunación, que llamaron “Poner el hombro”, empezó a comienzos de diciembre de 2020. Hoy, de una población de 9 millones de habitantes, ya hay 5 millones vacunados con las dos dosis, lo que deja al país cerca de alcanzar la inmunidad colectiva que le permita dejar atrás de forma definitiva a la pandemia del coronavirus.

Sin barbijos en espacios abiertos —“El calor de la primavera se empieza a sentir, aquí las temperaturas pueden alcanzar los 35 grados al mediodía y el tapabocas es muy molesto con tanto calor, la piel sufre mucho”, dice Janet—, con reuniones entre varias burbujas y vuelta a clases presenciales, a punto de habilitar el regreso de los eventos masivos y de abrir las fronteras a fines de mayo, con un pase verde que permite el ingreso a todos los lugares cerrados y también con algunos cuestionamientos, Israel es una burbuja que avanza, solitaria, hacia el mundo prepandémico: aquel en el que la gente podía estar junta y encontrarse y mirarse, abrazarse y besarse.

Sentir el alivio del final

En Israel dejó de ser obligatorio el uso de tapabocas en espacios abiertos. Foto: EFE.
En Israel dejó de ser obligatorio el uso de tapabocas en espacios abiertos. Foto: EFE.

El sábado 24 de abril Juan Lucas cumplió años. En 2020 había celebrado en su casa, solo con su compañera. Este año ya hacía una semana que el gobierno israelí había habilitado quitarse las mascarillas y las reuniones así que lo celebró en su casa, afuera, con 50 amigos que eran todos uruguayos y argentinos.

“Estábamos todos sin máscaras. Y en un momento nos dimos cuenta de que era la primera fiesta que podíamos hacer en un año. Nos emocionamos mucho y nos aplaudimos a nosotros mismos por haberlo hecho”, cuenta.

Juan Lucas cree que la ciudad —la segunda más grande de Israel— se está pareciendo a lo que era: “Prácticamente Tel Aviv recobró toda la energía que tiene: boliches, movida nocturna, todo, incluso en los espacios cerrados, donde siempre se mantiene el protocolo sanitario con respecto al coronavirus. Hubo una conciencia muy grande por parte de todos, también en los más jóvenes, que al principio quizás no querían vacunarse, después entendieron que era una forma para salir de esto e inclusive había circulando videos de vacunatorios móviles que los vacunaban en los boliches más de onda”.

Mientras en Uruguay —y en Argentina y en Brasil y en India y en Turquía y en Ucrania y en Alemania y en España y así en otros (muchos) países del mundo— los casos nuevos de coronavirus y las muertes son cifras que aumentan todos los días, en Israel sienten que están llegando al final.

Sin embargo, esta pandemia los alcanzó a todos y el 2020, dice Janet, fue un año muy duro. En Israel “hay que diferenciar entre los sectores sociales que continuaron trabajando bajo medidas sanitarias estrictas y los sectores que vieron sus puertas cerradas en forma completa o casi completa —explica—. Hubo también diferencias de acuerdo a ciudades y poblaciones religiosas, laicas, árabes musulmanes, beduinos, drusos.... No hay que olvidar que este es un país donde cada religión tiene sus propias festividades en distintas fechas, lo que unos priorizan no siempre coincide con las prioridades del resto. Así es que vimos quienes no eran capaces de renunciar a festejos de casamiento multitudinarios, encuentros para estudiar o rezar, fiestas piratas de jóvenes.... Hubo de todo, respetuosos de las medidas y aquellos que no lo hicieron, como en todas partes”.

De esta manera, Israel pasó por la situación más crítica durante su tercera ola de contagios, es decir, entre fines de diciembre y fines de febrero, con “hasta 12.000 nuevos casos diarios, hospitales con unidades de CTI de coronavirus a full, y un alto número de enfermos graves y fallecidos. Igual, por suerte, no se compara con lo que se vivió en España e Italia o se vive hoy en Brasil”, cuenta Janet.

Hoy Israel está como está, en parte, cree Juan Lucas, porque hubo “gran conciencia por parte de la sociedad que entendió y se tomó en serio y creyó en las posibilidades de salir de la pandemia a través de la vacunación, que la verdad fue masiva. Los que no se han vacunado son los chicos menores de 16, porque todavía a nivel mundial no se sabe cuál es la reacción de la vacuna en los adolescentes y niños” o las personas adultas que no quisieron hacerlo por diferentes motivos. Hasta ahora, en este grupo entran cerca de un millón de personas.

Aquellos que sí lo hicieron —como en Uruguay, se inscribieron a través de una web o de WhatsApp, obtuvieron un día y un horario, fueron y se vacunaron y fue ágil y rápido y sino tomaron café mientras esperaban—, una vez que tienen las dos dosis de la vacuna, pueden obtener su pase verde, un documento que se puede descargar y llevar en el celular y que incluye los datos de la persona en inglés y en hebreo. Aunque aún no haya ninguna política de circulación mundial aprobada, también tienen un pase verde “internacional”, que además de nombre y registro de identidad, tiene el pasaporte.

Si bien en las oficinas gubernamentales no es obligatorio presentar el pase verde, en lugares como restaurantes, boliches, eventos culturales, deportivos o religiosos, ese certificado que dice que uno está inmunizado es el boleto de ingreso (sin el pase, se puede estar en los lugares que tengan espacio al aire libre). “A mí, por ejemplo, hasta para ir a clase me piden que lo presente”, cuenta Guillermo.

El pase verde se convirtió, a la vez, en permiso para algunos y en restricción para otros. “Por un lado están aquellos que tienen la visión de una libertad absoluta y no quieren ningún tipo de control y creen que todos deberíamos tener acceso a todos los lugares; por otro, hay una conciencia social que dice que si no estás vacunado, no podés entrar a cierto sitios”, explica Juan Lucas.

El 6 de abril The New York Times publicó una nota que se titulaba Mi vida en Israel, un mundo feliz y casi pospandémico. Allí, la periodista señaló, respecto al sistema del pase verde: “Ante quienes rechazan vacunarse enfrentamos preguntas morales y legales complejas. ¿Deberían también tener derecho a unirse al mundo? ¿Es ético discriminarlos? ¿Es justo obligar a quienes han hecho todo lo posible para protegerse al vacunarse a compartir espacio con personas que decidieron no hacerlo?”

No hay respuestas. Lo único cierto es que Israel es uno de los únicos países — Nueva Zelanda tuvo un concierto de más de 50.000 personas sin barbijos ni distancia— que, por ahora, está más cerca de parecerse al recuerdo, lejano y nostálgico, de la vida sin pandemia que al resto del mundo.

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