Importante pero urgente

JUAN ANDRÉS ELHORDOY

Este es el nombre de un libro sobre política de población en Uruguay editado esta semana con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas y Rumbos. No imagino un título mejor para un asunto de Estado destratado con el paso de los años. Fenómenos como la emigración sostenida, la fuga de cerebros, el envejecimiento de la población y la baja natalidad que históricamente presentó el país, no fueron hasta ahora, discutidos a fondo por actores políticos.

Recuerdo siempre a un amigo francés que suele recordarme: "Uruguay no es un país chico como dicen ustedes… Es un país vacío". Será por eso que tantos visitantes de extramuros se maravillan del Uruguay al señalar que es un desierto. La diferencia con el Sahara es que en lugar de arena hay pasto.

¿Somos privilegiados por vivir en una tierra plena de recursos y sin gente? ¿Estamos condenados porque somos pocos los que quedamos y muchos los que se fueron? ¿O estamos bien así? El libro, que cuenta con el aporte de prestigiosos especialistas en demografía, reclama respuestas de políticas públicas para "modificar o al menos atenuar sus efectos más negativos".

En 2005 nacieron en el país algo más de 47 mil niños. Un bebé cada 11 minutos. Por primera vez en la historia, se atravesó el nivel de reemplazo de la población. De allí la preocupación por la baja fecundidad. La publicación destaca también que en 10 años, la cantidad de nacimientos disminuyó 20%.

El mayor descenso se debió a menos nacimientos de madres sin instrucción o con primaria incompleta. La socióloga Carmen Varela explica que la caída de la natalidad en los sectores más carenciados se debe a la aplicación de programas de anticoncepción exitosos. También influye el mayor alcance de la educación secundaria y técnica y la expansión de la preescolaridad. La caída en la natalidad también se explica por la emigración de jóvenes en edad de procrear.

Para sorpresa de muchos, la fuga de personas continúa pese a la asunción del gobierno frenteamplista y la recuperación económica que vive el país desde 2003. De acuerdo a la diferencia que presenta el movimiento anual de pasajeros uruguayos en el Aeropuerto de Carrasco, en 10 años emigraron cerca de 100 mil personas. Por obvias razones, el 70% emigró entre 2001 y 2003. El último año no volvieron casi 10 mil.

El análisis realizado por Wanda Cabella y Adela Pelegrino concluye que la fuga de cerebros es un fenómeno importante. Entre marzo y diciembre de 2002, el 40% de los jóvenes entre 30 y 44 años tenían nivel universitario. Quiere decir que la inversión de toda una sociedad para formar sus propios valores, terminan siendo aprovechados por sociedades que atraen y atrapan. Cerca del 30% de los uruguayos residentes en países de la OCDE tienen estudio terciario y el 30% de los uruguayos residentes en Estados Unidos son directivos, profesionales y técnicos.

La baja fecundidad y alta emigración influye en el creciente envejecimiento de la población. Más allá o más acá de problemáticas particulares, el fenómeno tiene especial impacto en el régimen de Seguridad Social. Con el paso del tiempo, hay menos trabajadores que aportan en relación a los trabajadores que se jubilan. Esta situación afecta más seriamente al sistema de reparto conocido como BPS.

Dicen los editores Pablo Mieres y Juan José Calvo que un indicador solo "no es un dato bueno ni malo en sí mismo". Pero "la combinación que caracteriza a la población uruguaya no permite imaginar un futuro positivo" ya que las tendencias observadas "pueden afectar seriamente las perspectivas de nuestra sociedad".

Ojalá que los aportes contenidos en este libro no caigan en saco roto. Porque es "Importante pero urgente".

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