Hijos del rock

Son pocos los descendientes de las luminarias del rock que logran destacarse profesionalmente. Muchos lo intentan y pasan sin pena ni gloria. Otros se conforman con ser solamente "hijos de...".

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L.G.

Entre las múltiples funciones de ser padre o madre está el de marcar límites, ser una referencia para la vida. Pero, claro, si el padre es Keith Richards u Ozzy Osbourne, el ejemplo a seguir es el de diplomados en descontrol y excesos. En muchos casos, significa vivir a la sombra de sus afamados familiares y luego intentar seguir sus pasos; la mayoría de las veces sin éxito o con pequeños sucesos en base a portar el apellido. Sólo en contadas oportunidades llegan a trascender por sus propios méritos.

En enero, Alexandra Richards pisó por primera vez las arenas de José Ignacio. Modelo y DJ, el gusto por la pasarela y la música le viene de sus padres, Patti Hansen y Keith, el legendario violero de los Rolling Stones. Solo estuvo un fin de semana pero, según la crónica de El País del 29 de ese mes, además de mostrar sus habilidades en la bandeja, se fue de fiesta hasta tarde en la madrugada y consumió una buena cantidad de vodka y caipiroska; una noche monacal comparada con las que su padre podía pasar en sus buenos tiempos. "Nunca me pesó el apellido. Llegué adonde estoy por mis propios medios (...). Mi padre es bastante protector conmigo", decía la chica. Eso sí: en cuanta publicación se la ha mencionado, es mucho antes la "hija de Keith" que cualquier otra cosa.

¿Quiénes de los hijos de los superastros mundiales del rock han podido hacerse un nombre propio? No muchos. Curiosamente, o no, dos de los casos más notorios se han dado por fuera de la música: la actriz Liv Tyler y la diseñadora de moda Stella McCartney.

Liv fue fruto de una típica noche de sexo, droga y rocanrol entre el cantante de Aerosmith, Steven Tyler, y Bebe Buell, una groupie de aquella banda. Su madre recién le contó la verdad sobre su padre cuando éste mermó su consumo de drogas. La joven, dueña de uno de los rostros más agraciados de Hollywood, se ha destacado en grandes éxitos como Armageddon y El Señor de los Anillos.

Hija de Paul y Linda McCartney, Stella impresionó con su talento aún siendo estudiante ya que sus diseños "de graduación" fueron probados por modelos como Naomí Campbell y Kate Moss (ventajas que da el apellido, que le dicen). Ha trabajado para firmas como Chloe, Gucci, Gap y Adidas. Varios artistas han utilizado creaciones suyas, desde Annie Lennox a Jude Law.

Pero lo habitual es que quieran seguir los caminos de sus padres. La inmensa mayoría fracasa de manera más o menos estrepitosa. Sólo Jakob Dylan, el hijo de 42 años de Bob, ha logrado trascendencia tanto al frente de su banda, The Wallflowers, como de solista. Julian Lennon (48), el hijo mayor de John (sobre quien suele referirse con cierta frialdad), tuvo un gran éxito mundial en 1984 con "Too late for goodbyes", del disco Valotte. Luego su carrera fue en picada. Siguiendo con la descendencia beatle, Zak Starkey, hijo de Ringo Starr, logró lo que pocos: ser considerado mejor músico que su padre (aunque es infinitamente menos popular); sí, sentado a la batería, Ringo Jr. se ha destacado muchísimo en bandas como Oasis o The Who.

Muchos han pasado desapercibidos, pero otros han hecho de sus vidas un reality show. El caso más notorio ha sido el de los hijos de Ozzy Osbourne (legendario metalero de quien los médicos aún no entienden cómo sigue vivo) gracias al programa The Osbournes, que se emitió por primera vez en MTV en 2002. Seguir la vida de una familia bastante disfuncional les sirvió a Kelly (27) y Jack Osbourne (26) para tener cierta notoriedad. Si vivieran en este lado del mundo, serían calificados como "mediáticos". La primera hizo un intento musical con Papa don`t preach (Papá, no sermonées) de Madonna, versión calificada casi unánimemente como una basura. Ambos debieron internarse en clínicas de rehabilitación antes de cumplir los 20. Nada que le resultara raro a papá.

UNA NIÑEZ CON RIESGOS

Tener un padre rockero puede resultar una experiencia peligrosa para un niño. En 2005, la revista Rolling Stone -en un artículo sobre este tema- mencionó que Trixie Garcia, hija del legendario Jerry Garcia, líder de The Grateful Dead, y de una joven conocida como Mountain Girl (la Chica Montaña), tuvo su primer "viaje" cuando solo tenía año y medio, debido a una bolsita de hongos que quedó a su alcance. "Mi mamá decía: `Ah, te hizo más comunicativa` (...) Mi hermana se tomó un jugo que tenía ácido lisérgico", relató en ese artículo.

Esa misma nota señalaba que Courtney Love -cantante de Hole, además de viuda de Kurt Cobain, líder de Nirvana- trató de hacer "divertida" su sobredosis de oxicodona (un analgésico opioide) a su hija Frances Bean. Eso fue en 2003 y significó para Love la pérdida de la tenencia de la pequeña.

Y el mundo del rap en Estados Unidos también tiene sus peculiariedades. El astro 50 Cent -agregó Rolling Stone- le regaló a su hijo Marquise un chaleco antibalas a los 6 años.

¿QUE NOMBRE LE PONEMOS?

Ser el hijo de un astro internacional del rock tiene también sus ventajas: a menos que sus padres sean un desastre con la plata, bien se puede decir que la existencia está asegurada. Eso sí, hay problemas que pueden venir desde la cuna.

Dos grandes nombres del glam rock de los 70, David Bowie y Marc Bolan, decidieron ponerle a sus hijos Zowie y Rolan, respectivamente. Zowie Bowie, Rolan Bolan... ¿era necesario? ¿Les pareció gracioso?

A Bob Geldof, cantante de The Boomtown Rats y organizador de los Live Aid, y a Chris Martin, vocalista de Coldplay, se les dio por lo frutal. Solo así se justifican los bautizos de Apple (manzana) Martin y Peaches (duraznos) Geldof.

Otros casos merecen un análisis más profundo. ¿Qué pasaba por la mente de Frank Zappa al ponerle Moon Unit (unidad lunar) a su hija? ¿Y a The Edge, guitarrista de U2, cuando escogió Blue Angel (ángel azul) para su pequeña? Tal vez el caso de Dylan Jagger Lee, hijo de Tommy Lee, batero de Motley Crüe, tenga un motivo: darle al chico un talento compositivo del que su padre carecía.Muy poca luz propia

Sean Lennon. Un niño precioso, según papá

Entre las canciones más hermosas que un ídolo del rock le puede haber compuesto para su hijo está Beautiful boy (Niño precioso), de John Lennon. El destinatario fue el fruto del matrimonio del entonces exlíder de The Beatles con la artista japonesa Yoko Ono. Sean intentó una carrera musical, pero no tuvo el éxito inicial de su hermano Julian; muchísimo menos el del padre.

Aisha Morris. ¿No es adorable, digo yo?

Aisha Morris inspiró para escribir Isn`t she lovely? (¿No es adorable?) a su padre Stevland, más conocido para el mundo de la música como Stevie Wonder. Esta mujer también incursionó en el rock y -como muchos hijos en cualquier rubro- fue papá quien le consiguió trabajo. Es vocalista en la banda del padre, e incluso han cantado esta canción a dúo en escena.

Harper Simon. A falta de una canción, un par

La trayectoria musical de Harper Simon -solo un disco homónico, de 2009- no da para enorgullecerse. Pero como musa inspiradora para su padre Paul -el de Simon & Garfunkel, además de una carrera solista más que digna- hizo sus mayores contribuciones al mundo rock. Papá pensó en él a la hora de escribir St. Judy`s comet y Graceland. Solo por eso, gracias.

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