ENTREVISTA

Guillermo Peluffo: "Los dueños de la banda son los que van a los shows"

Trotsky Vengarán presentará Todo está por pasar los próximos 9 y 10 de junio en Sala del Museo y su cantante repasa el camino que lo trajo hasta acá.

Guillermo Peluffo
Guillermo Peluffo
Leonardo Maine/Archivo El Pais

Por Fabián Muro

Exactamente a la hora pactada, ni un minuto más, ni uno menos, Guillermo Peluffo llega a la entrevista. “Qué puntalidad”, le digo. “Sí, tengo una relación particular con el tiempo. Por eso nunca uso reloj”, contesta el cantante y coautor de los éxitos (de él son prácticamente todas las letras) de Trotsky Vengarán (TV), una banda que muchos jamás imaginaron iba a durar tanto, ni tener el predicamento que tiene.

La respuesta desconcierta, pero Peluffo no se esfuerza demasiado por aclarar cómo es que es tan puntual sin reloj, un artefacto que no usa desde sus años liceales (“tenía uno y lo dejé de usar al poco tiempo porque me volvía loco”).

Lo más actual de la banda que encabeza es que esta va a tocar en Sala del Museo los próximos 9 y 10 de junio, para presentar oficialmente su más reciente disco, Todo está por pasar. Con 30 años como “recording artist” (anglicismo para describir la trayectoria discográfica de una agrupación) el título del nuevo disco podría verse como el de una banda que recién está por arrancar a -como le repetía Cerebro a Pinky- “tratar de conquistar el mundo”.

PeroTrotsky Vengarán siempre tuvo una faceta si no abiertamente optimista, sí resiliente, para emplear un término de moda. Era bastante fácil, cuando el grupo empezó a recorrer escenarios, descartarlo. Que era una copia de Buitres, que el cantante no era tan bueno, que no tocaban o sonaban bien, bla bla bla.

Trotsky Vengarán
Muro, Fabian

Pero conforme fueron pasando los años, TV no solo desarrolló un estilo propio -en eso tuvieron mucho que ver las letras-, sino que también consiguió una notoria mejora en su desempeño en vivo.

La banda llegó incluso a superar un percance que hubiese derrotado a muchas otras: con varios discos encima y un camino recorrido, Peluffo se mudó a Chile para trabajar como director de avisos publicitarios durante cuatro años.

Peluffo recuerda esa época, a mediados de la década del 2000, como particularmente desafiante. Primero, porque en Chile no lo conocía nadie y tenía que hacerse un nombre antes que lo empezaran a llamar -su esposa, que trabaja en el rubro producción en la industria audiovisual tuvo mucho más facilidad para insertarse laboralmente-. Extrañaba tanto que salía a caminar por el barrio y cuando veía que alguien estaba jugando al fútbol, se paraba al lado y pedía a ver si él también podía jugar. Un “picadito” era una manera de sentir que no estaba tan lejos de Uruguay.

Paulatinamente fue haciéndose conocido entre los realizadores que trabajaban en Chile y empezó de a poco a tener un ritmo de trabajo que superaba al uruguayo. Llegó un momento en el cual no paraba. Pero dejar “La Trosqui” nunca fue una opción. Los fines de semana, se venía de Santiago a Montevideo para ensayar, componer o tocar, y el lunes estaba de vuelta en la capital chilena para trabajar.

“En ningún momento percibí que Trotsky Vengarán era una banda ‘importante’”, dice Peluffo para despejar dudas si continuó viviendo a las corridas para no dejar morir a la agrupación. Se trataba de otra cosa para él: “Era un proyecto personal que quería mantener vivo a toda costa”.

Cuando su primera hija cumplió 4 años y ya había nacido la segunda, la familia decidió volver a Uruguay. Chile era tentador, pero le parecía importante que sus hijas crecieran en Uruguay. Más o menos por esa época la banda empezó a dejar atrás su costado menos convocante, cuando formó parte de la grilla del ahora casi legendario festival Pilsen Rock. Sin embargo, no fue un cambio brusco. “Un día tocábamos en un festival para miles de personas en el Teatro de Verano y al otro día para 10 personas en Pando”.

El Pilsen Rock II (2004) fue el punto de quiebre y, como dice Peluffo ahora, “cambió la historia de la banda, aparecieron fechas por todos lados”. Pero tampoco es que fuera un camino hacia la cima en piloto automático. Pocos años después, volvieron las época de vacas flacas. “Más o menos por 2008, 2009 empezamos a banquinear y bajó la masividad de la banda. Justo en esa época, además, intentamos salir a tocar en Buenos Aires, que fue volver a estar en el underground de nuevo. Por eso no sufrimos que hubiésemos bajado acá. Porque Buenos Aires era un recordatorio de lo que es verdaderamente arrancar de cero. Estando allá, nos dimos cuenta que lo que teníamos en Uruguay nos encantaba y que estábamos haciendo un esfuerzo por despegar en Buenos Aires, cuando lo debíamos hacer por el público potencial que teníamos acá. A partir de 2010, volvimos a usar las tácticas de una banda emergente”.

En otras palabras, Trotsky Vengarán nunca estuvo desconectada del todo de sus días como banda del underground. “Así es”, concuerda Peluffo y agrega: “Pero con el compromiso de una banda profesional”. ¿Qué quiere decir eso? “Por ejemplo, tocar en un lugar que por ahí uno no elegiría, pero que significa un buen caché. O vender una canción para un aviso publicitario”.

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El País

Otra característica de Trotsky Vengarán es que en la segunda parte de su trayectoria, en un momento se vio ante un público menor de edad. “Una vez nos contrataron para tocar en una matiné y nos dimos cuenta que teníamos un público entre los adolescentes. Y nos acordamos que cuando nosotros teníamos 15 años y no nos dejaban entrar a los conciertos de rock, nos sentíamos aislados”.

Peluffo conjetura que el rock, al alejarse del universo teen, le dejó las puertas abiertas a los fenómenos pop y música urbana que ahora predominan entre los más jóvenes y añade: “Nuestra música no está dirigida a los teenagers, pero no te voy a discriminar por ser adolescente. Es más: te voy a abrazar. A partir de esa primera experiencia, empezamos a tocar los domingos de tarde, por ejemplo”.

El ingreso de los menores de edad a las huestes “trotskistas” concientizó a la banda del recambio generacional en su público e hizo que esta se abriera a ese cambio y lo estimulara. “Una cosa que hicimos para que esa parte del público se sintiera bienvenida fue poner las entradas a un precio económico”, en el entendido que, -tal como ocurría cuando ellos tenían esa edad- los adolescentes no disponen de mucho dinero para salir a divertirse. En definitiva, nadie que quiera entrar queda afuera. “Los dueños de la banda somos los que estamos arriba del escenario y los que también van a los conciertos”.

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