Hay un antes y un después en la vida luego de visitar Japón. Por un lado ofrece tantas oportunidades al turista que cualquier otro destino se quedará corto en comparación; por el otro, su sentido del orden y del respeto a las demás personas se respira desde el minuto uno. Es un lugar que vive su cultura tradicional en el día a día, donde la tecnología está presente hasta en los baños públicos; también es la cuna del manga y el anime.
Japón tiene varios centros que podrían considerarse como la “capital friki”, casi todos en Tokio. Un punto de partida es Nakano Broadway, ubicado al oeste de la ciudad, más allá de la estación de Shinjuku. Cuatro pisos dedicados a vender artículos de animación japonesa, manga, cine y demás hobbies. Este es uno de los pocos sitios donde todavía se venden celdas de animación originales, láminas de plástico con dibujos pintados que, unidos a razón de 24 cuadros por segundo, ofrecen la ilusión de movimiento.
Si buscas figuras de acción, CDs de música y mangas, tu primera parada tiene que ser Book-Off. Hay figuras desde los 2.000 yenes, lo cual te puede servir como una referencia para lo que encontrarías por las calles de Akihabara, donde el mismo producto puede costar el doble o más (el llamado ‘gaijin price’, el precio al extranjero).
Pero si hay una cadena de tiendas que no debe faltar en tu visita es Mandarake, especializada en artículos viejos. Tiene revistas de manga y anime desde los años 60 hasta el presente, libros de arte y demás juguetes a precios para todos los bolsillos; cada tienda está ambientada como si fuese una guarida secreta de superhéroes, en especial la de Shibuya, que está en un sótano. Importante: tanto en Mandarake, Surugaya o Book-Off cada sede tiene inventario diferente, por lo que vale la pena revisar todas las que puedas.
Otro sitio infaltable es el Museo Ghibli, ubicado en la zona de Mitaka, que repasa la historia del legendario estudio de animación que produjo la película Mi vecino Totoro (1988) y las ganadoras del Oscar El viaje de Chihiro (2001) y El niño y grulla (2023), todas dirigidas por Hayao Miyazaki.
Más allá de la capital.
Tokio no es el único sitio donde se pueden encontrar actividades y sitios para el fan del anime. En la ciudad de Kioto (a tres horas y media de Tokio en Tren Bala) está el Museo Internacional del Manga, que tiene una de las mayores colecciones de historieta japonesa del mundo, en múltiples idiomas, así como una exhibición que repasa la historia de este arte popular donde solo unos pocos son millonarios y los demás tienen que ingeniárselas para llegar a fin de mes.
También en Kioto está el museo de Nintendo, que exhibe artículos clave de la historia de los videojuegos; la entrada es limitada, hay que registrarse para una lotería de ingreso en su web oficial.
La ciudad también alberga el TOEI Kyoto Studio Park, que además de incluir calles que recrean el periodo Edo japonés (siglos XVII al XIX) tiene atracciones como una exhibición de Super Sentai (la saga en la que se basó Power Rangers), así como una reproducción a tamaño gigante de uno de los robots de Neon Genesis Evangelion). Por su parte, la ciudad de Osaka tiene el parque Universal Studios, donde se encuentra el Nintendo World, con atracciones basadas en personajes y videojuegos clásicos.
La ruta clásica.
No solo de manga y anime vive el turista. Japón ofrece una amplia oferta de atracciones más tradicionales. Tokio, por ejemplo, está llena de santuarios sintoístas y templos budistas, como el Senso-ji del barrio de Asakusa, una construcción imponente y el perfecto estado de conservación. Si buscas comprar ropa tienes la zona de Harajuku donde están presentes grandes tiendas especializadas (incluyendo marcas de lujo), en Jinbocho hay una amplia oferta de libros y si buscas vida nocturna la puedes encontrar en Shinjuku (atentos con las estafas, recomendamos no hacer caso a los desconocidos). Shibuya tiene una amplia variedad de comercios, incluyendo un Pokémon Center y una sede de Tower Records con nueve pisos dedicados a música y películas.
Kioto es el destino turístico por excelencia y se disfruta más en temporada baja (noviembre); de lo contrario hay demasiados turistas, caminar por las estrechas calles de sitios como el barrio de Gion y las inmediaciones del bosque de bambú de Arashiyama se hace imposible. Vale la pena visitar aquí el Kinkaku-ji o Pabellón de Oro (por el material que lo cubre), palacio convertido en templo budista que se ubica al pie de un lago al norte. Otro infaltable de Kioto es el Castillo de Nijo, un sitio extenso que destaca por sus grandes murallas, por el foso de agua que lo rodea, y por sus interiores, donde se aprecian salones antiguos donde el shogún recibía a sus huéspedes. Si quieres dar un paseo, el Jardín Nacional Kioto Gyoen es ideal para eso; la entrada es gratis.
Osaka por su parte es famosa por su oferta gastronómica, particularmente el distrito de Dotonbori con sus anuncios de neón, incluyendo el ya famoso “Glico Man”. Aquí tampoco se puede dejar de visitar el Castillo de Osaka, altísimo, con un pabellón de museo en cada piso. En Osaka se encuentra también el parque Universal Studios.
Todo esto es solo una fracción de lo que ofrece Japón. Puede que hasta consideres quedarte.
El Comercio / GDA