Garota de Ipanema sin curvas

THE NEW YORK TIMES

Como soberano del Carnaval, el corpulento rey Momo encarna toda la alegría, carnalidad y excesos que suelen asociarse con el mayor de los bacanales brasileños. Por eso, cuando el monarca decide hacerse una cirugía de bypass gástrico, baja más de 75 kilos y hace ejercicio, uno empieza a preguntarse ¿qué diablos está pasando?

Y cuando seis jóvenes mueren de anorexia en rápida sucesión -dos de ellas a mediados de enero- la sorpresa se transforma en desconcierto. Es posible que Brasil sea el país con mayor conciencia corporal del mundo, pero ese modelo de cuerpo siempre había sido brasileño, no estadounidense ni europeo.

Ese tipo corporal se caracterizaba por tener un poco más de carne en la parte inferior del cuerpo, como una silueta de guitarra.

La anorexia, un mal sobre todo asociado a las sociedades ricas e industrializadas, nunca había sido un problema en Brasil. Pero eso fue antes de que ingresara la estética Barbie, las modelos convertidas en celebridades, la televisión satélite y las transformaciones de cirugía estética. A medida que se valoran cada vez más los estándares internacionales de belleza, señaló Mary del Priore, historiadora y coautora del libro Historia de la vida privada en Brasil, el país va abandonando su tradicional creencia de que "la pulposidad es un signo de belleza, mientras que la delgadez es algo rechazable". El contradictorio resultado es que, agregó, "son los ricos quienes se mantienen flacos; los pobres son los gordos".

MISS RELLENITA. La famosa garota de Ipanema, inmortalizada en la canción escrita en 1962, ilustraba las diferencias culturales que prevalecían. En la letra en inglés de ese tema se decía que era "alta y bronceada y joven y hermosa", pero en la versión original del portugués es enfatizaba "el dulce bamboleo" de sus caderas, un movimiento que se describe como "más que un poema, la cosa más hermosa que jamás he visto".

Hoy en día, en cambio, el epítome de la belleza es Gisele Bündchen, la top model cuya enorme fama internacional ha inspirado a miles de jóvenes brasileñas que sueñan con emularla. Pero muy poco del cuerpo de Bündchen -alta y rubia, con abundante busto- la conecta con su tierra natal y la imagen corporal ideal que solía imperar allí.

"He aquí una belleza globalizada que no tiene nada que ver con el biotipo brasileño", señaló la psicóloga Joana de Villena Novaes, autora de El insoportable peso de la Fealdad: sobre las mujeres y sus cuerpos. "Tiene muy pocas caderas, muslos o cola. Es una Barbie".

Novaes y otros profesionales recuerdan que durante los 60 y 70 las niñas brasileñas jugaban con una muñeca nacional llamada Susi; ésta reflejaba la estética nacional- tenía una piel más oscura y una figura más rellena que sus pares internacionales. Todo cambió cuando, en los 70, llegaron las Barbie.

Pero los valores cambian, y muy rápidamente. Un estudio gubernamental que se conoció en noviembre, justo después de la muerte de Ana Carolina Reston, una modelo de 21 años, demostró que el porcentaje de población que tomaba drogas que suprimen el apetito es el doble que el que lo hacía entre 2001 y 2005.

"Las razones son puramente estéticas, y no médicas, al menos entre las mujeres", explicó el doctor Elisaldo de Araújo Carlini, profesor de la Universidad Federal de San Pablo, uno de los autores del estudio. "Quieren adelgazar sin importar cómo, en gran parte como consecuencia de las imágenes que vienen desde el norte del Ecuador. Es una imposición muy cruel para las brasileñas".

Los expertos están de acuerdo en que los hombres brasileños van muy lento en el proceso de aceptar la delgadez como señal de belleza femenina. Ellos prefieren a las mujeres pulposas en la parte trasera-popozudas, como las llaman. En el pasado, este modelo corporal estaba tan bien establecido que muchas mujeres incluso se sacaban busto y utilizaban ese tejido para aumentar sus nalgas.

Si bien estos estándares internacionales influyen sobre todo en barrios ricos, gradualmente se están extendiendo a lo largo y ancho de líneas raciales y económicas, como consecuencia de la influencia que tienen las actrices de telenovela a las que todas quieren copiar. Hay gimnasios incluso en las favelas y la víctima de anorexia más reciente vivía en un suburbio de clase trabajadora de Río; ella soñaba con ser modelo.

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