EL PERSONAJE 

Florencia Núñez: "Quería reencontrarme con la música de Rocha"

Es cantante y compositora, tiene 29 años y dos discos. Acaba de sacar una película documental, Porque todas las quiero cantar: un homenaje a la canción rochense.

Florencia Núñez, cantante y compositora
Florencia Núñez, cantante y compositora. Foto: Guillermo Schneider

Florencia Núñez (29) tiene a Rocha en las palabras, en la forma de acentuar los verbos, en la manera en la que dice fíjate, mira, puedes, quédate, empiezas. Tiene, además, un amor casi nostálgico y un respeto profundo por el lugar en el que nació y creció, el lugar al que vuelve cada verano. También tiene la lejanía de más de 10 años de vivir en Montevideo y de cuestionarse si alguna vez podría volver a vivir en el interior, si se acostumbraría a una vida más tranquila, más lenta, más chata. Porque aunque la capital tiene muchos aspectos que no le gustan, es, ahora, el lugar en el que elige estar. Pero Rocha sigue estando. Siempre. Y ahora está en Porque todas las quiero cantar: un homenaje a la canción rochense, una película documental que es también una especie de road movie en la que se mezclan los paisajes de la ciudad, el diálogo con sus músicos y seis canciones versionadas por Florencia y su banda.

“El fin más egoísta de este proyecto era poder reencontrarme con la música con la que crecí, reencontrarme de otra manera, desde otro lugar. Y con Rocha también. A un nivel más altruista quería y quiero que la música rochense se conozca más. Hay música preciosa y músicos increíbles y quiero que tenga más difusión, esto es lo que yo podía hacer desde mi lugar”, dice. “Quería tomar esas canciones y reversionarlas, darle otra vuelta de tuerca y volver a presentárselas a un público que capaz es más joven, que es el que me sigue a mí y que capaz nunca las habían escuchado”.

La película se iba a presentar en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay que organiza Cinemateca y que se iba a realizar en abril. Pero, como todo lo que iba a pasar en la primera mitad del 2020 —conciertos en Montevideo, en el interior, giras por Buenos Aires y festivales en Brasil— se postergó. Para ella, inquieta, trabajadora, al extremo de la responsabilidad, este tiempo de estar encerrada en su apartamento implicó muchas cosas. El retraso, pero también la posibilidad de estar enfocada en componer canciones nuevas, en dedicarle más tiempo a la película.

“Extraño mucho el escenario porque es lo que más me gusta hacer, cantar, estar con la gente, poder sentir lo que se siente ahí que es como un alimento, un estímulo. Igual creo que no hay mal que por bien no venga. Aunque quiero volver ya, me gusta saber que tengo una ganancia de estos meses y que los he aprovechado para generar cosas nuevas que voy a poder compartir después. Pero sí, la verdad es que se extraña mucho”.

Esa sensación, la de estar en un escenario cantando y en comunión con los músicos y con la gente y con el espacio, es la que hace que todo tenga sentido.

“Lo que se siente en el escenario primero tiene que ver con una sensación de vulnerabilidad muy tremenda, porque uno está expuesto a que el otro reaccione como tenga ganas. A su vez es esa exposición y vulnerabilidad la que te permite lograr cosas como la emoción y la conexión que para mí son muy importantes a la hora de dar un concierto. No puede haber un concierto en el que no haya un momento, un segundo en el que entiendas por qué estás haciendo lo que haces. Hay muchas cosas que pasan alrededor de un show que tienen que ver con la preparación, con la difusión, con los ensayos. Hasta que llega el momento. Y en el momento de cantar y entregar todo lo que preparaste tiene que haber un segundo en el que digas ‘valió la pena’, porque ese segundo hace que lo valga”.

Exigencia 

Florencia Núñez acaba de sacar el trailer de su película
Florencia Núñez acaba de sacar el trailer de su película. Foto: Guillermo Schneider

La música apareció cuando terminó de estudiar inglés. O apareció mucho antes, con el coro de la escuela, con el coro del liceo, con la guitarra que su padre alguna vez había intentado tocar sin éxitos y que todavía estaba en su casa.

La prioridad, entendía su familia, no era que Florencia aprendiera a tocar la guitarra, sino que tenía que ver con la educación: la exigencia en la escuela, en el liceo, en el inglés. Rendir al máximo. Tener una buena escolaridad. Trabajar mucho para lograrlo. Y ella siempre lo entendió así. Incluso hoy sigue trabajando de la misma manera: con responsabilidad absoluta, siendo correcta, exigiéndose todo lo que puede, dejando todo, controlando cada proceso, cada proyecto, poniendo el corazón y juntándose con personas que estén dispuestas a poner el suyo. “Hay cosas que uno aprende y que no se olvidan más. La exigencia es parte de mi forma de ser, está en mí. No puedo aceptar que las cosas salgan mal o no salgan del todo bien. Sé que tengo que aprender a relajar un poco más, a delegar, pero bueno. Es mi mayor defecto profesional”.

A los 15 empezó a tomar clases de guitarra, canto y teatro. Eso le marcó el inicio desde dos lugares diferentes: uno que tenía que ver directamente con la música y otro que se vinculaba con la expresión. Fue por esa época en la que empezó a trabajar, sobre todo durante los veranos que son el punto más alto de un departamento que tiene una belleza genuina, lacónica, rocosa.

Tres años después se mudó a Montevideo para estudiar la Licenciatura en Comunicación en la Universidad de Montevideo. Optó por esa carrera porque estaba en el medio de lo que le gustaba y de una opción más formal, que era, un poco, lo que se esperaba que ella hiciera. “En mi casa era como que estaba la idea de que yo tenía que estudiar algo que me sirviera. Y como me gustaba escribir pensé que en el periodismo quizás encontraba un lugar y después de todo Comunicación era una carrera. En ese momento lo artístico como opción profesional no era algo que te pudieras permitir, o al menos en mi casa era así”.

Hizo la carrera dándolo todo para mantener una beca que había recibido por su escolaridad. Cursó las materias que más le interesaban, las que tenían que ver con el audiovisual. Mientras, empezó a tomar clases de música en Montevideo y a componer canciones de manera cada vez más intensa, cada vez más frecuente, cada vez más consciente.

El verano de 2010 fue el que lo cambió todo. Laura Canoura se presentaba en el festival Uruguay a toda costa, en Rocha, y la convocaron para presentarse allí. “Preparé cinco o seis canciones mías con un grupo de músicos de allá. Nos presentamos y la gente respondió de una manera que no es normal ante una persona que hace canciones propias por primera vez, pedían otra, hacían palmas, fue una respuesta muy rápida”.

Eso fue como un impulso, una incitación, una confirmación. Al año siguiente, a la par de la carrera, se dedicó a grabar su primer EP, Estas canciones no están en ningún disco, que compartió a través de internet. Y esa fue la puerta de entrada, el momento en el que la música dejó de ser algo que estaba de costado y empezó a llenarlo todo. Después, naturalmente las cosas fluyeron hacia grabar su primer disco, Mesopotamia (2014), en el que trabajó durante dos años y que recibió el premio como Mejor Álbum Indie en los Graffiti 2015. En septiembre de 2017 sacó su segundo disco, Palabra clásica, por el que recibió el Graffiti como Mejor compositor del año y se transformó en la primera mujer en la historia en lograr este reconocimiento.

Florencia ha sido la primera en muchas cosas. En Rocha no había mujeres que se dedicaran a la música profesionalmente. Hasta que ella se lo propuso y lo logró. Lo sigue logrando.

Ahora, dice, esa situación está cambiando. Hay muchas adolescentes que se animan a cantar sus canciones y canciones de otros y canciones de Florencia, que graban un video y se lo mandan. “Creo que las chiquilinas de ahora no se preguntan si pueden hacer una canción, simplemente la hacen. La escena se está abriendo cada vez hacia las mujeres”.

A ella, que tiene menos de 10 años de carrera musical en un país en el que el reconocimiento siempre necesita de mucho tiempo, de mucha presencia, de mucho esfuerzo, todo le fue sucedido de forma veloz. Pero nada de lo que logró -ningún premio, ningún reconocimiento, ningún aplauso- fue de manera azarosa. Florencia trabajó para que las cosas pasaran como lo había hecho siempre: con una exigencia heredada que está en la esencia de todo lo que hace.

sus cosas 
Las canciones 
En la película Porque a todas las quiero cantar: un homenaje a la canción rochense, reversiona seis canciones: En tu imagen (Lucio Muniz); Contigo y en el palmar (Gabriel Núñez Rótulo); Poema a las tres (Enrique Silva/Julio Víctor González); Mar Atlántica (Enrique Cabrera); Un lugar de medio locos (Julio Víctor González); Canción del Camaronero (Humberto Ochoa, Pindingo Pereyra). Esas, dice Florencia, son algunas de las canciones con las que creció. 
Los libros 
Florencia dice que es una gran consumidora cultural. Que escucha todo tipo de música, desde jazz, indie, pop, clásica, aunque todavía no puede con el rap. En la lectura, cuenta, últimamente se concentra en libros que siempre tienen que ver con la música. También le gustan las novelas y menciona a autores como Joël Dicker o Jonathan Franzen.
El audiovisual 
A todo lo que aprendió en la facultad lo utilizó para armar su película documental, porque, si bien contrató a personas para que la ayudaran, en la mayor parte del proceso está ella. También compuso, junto a Nicolás Molina, la banda sonora de la película. “Intento mirar mucho cine y presto mucha atención a la música de cada película, de cada serie”. 
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