Ahora se puede culpar a la edad, a las relaciones anteriores o a si uno fuma y el otro no. Esas son algunas variables de las que depende que una pareja se mantenga unida, según investigadores de la Universidad Nacional australiana. El estudio, llamado What`s Love Got to Do With It (¿Qué tiene que ver el amor con esto?), observó a cerca de 2.500 parejas, casadas o en concubinato, desde 2001 hasta 2007, para identificar los factores asociados a quienes siguieron juntos y a los que no.
Llegaron a la conclusión de que un esposo que es nueve o más años mayor que su mujer está dos veces más dispuesto a divorciarse, al igual que los hombres que se casan antes de los 25.
Los niños también influyen: un 20% de los que habían tenido hijos antes del matrimonio, tanto de una relación anterior como con la misma pareja, se separaron, frente a 9% de quienes no tuvieron hijos antes del matrimonio. Las mujeres que quieren reproducirse mucho más que sus cónyuges también son más propensas a querer el divorcio.
La ascendencia también incide: 16% de los hombres y mujeres cuyos padres se habían separado hacían lo mismo, frente al 10% de los hijos de parejas juntas.
Aquellos que están en su segundo o tercer matrimonio tienen un 90% más de probabilidades de divorciarse que quienes viven su primer enlace.
Aunque no sea una sorpresa, el dinero también aporta su granito de arena, y hasta el 16% de los encuestados que se habían declarado "pobres" o en los casos en los que el marido -no la mujer- no tenía empleo, se separaron, mientras que de las parejas con dinero sólo se divorció el 9%.
Y si uno fuma y el otro no, también hay riesgo de que la relación fracase.
Los factores sin gran relevancia en la separación fueron el número y edad de los niños, la situación laboral de ella y la cantidad de años que la pareja había tenido trabajo.