CATERINA NOTARGIOVANNI
Juan Pablo Culasso tenía siete años cuando fue seleccionado para protagonizar un aviso de televisión. Allí se lo veía de espaldas, sentado en un escritorio y leyendo un texto infantil en voz alta: "Vaya, vaya, dijo la tortuga gigante", comenzaba diciendo, con la lectura lenta y cortada de los niños. Fue en 1994, en el marco de una campaña de la Fundación Braille del Uruguay para recaudar fondos, y la realización estuvo a cargo de la agencia Branding. Ese tramo del spot quedó grabado en la memoria colectiva. Tanto, que para muchos uruguayos es difícil no asociar la palabra "vaya" con "dijo la tortuga gigante".
Hoy Juan Pablo tiene 23 años y no recuerda con mucho cariño aquel aviso. No tanto por las repercusiones inmediatas ("en la calle todo el mundo me reconocía y me pellizcaba"), sino porque "no dio ningún fruto para los ciegos del Uruguay", afirma sin ocultar cierto enojo.
Además cuenta sobre lo intrincado que le resultó terminar el liceo, de las maestras y profesores que se negaron a tomarse el trabajo de enseñarle y de la frustración que le produce el hecho de haberse tenido que ir a estudiar a Brasil, entre otras cosas, porque su ingreso a la Facultad de Ciencias fue rechazado. "Dicen que no tienen la pedagogía necesaria para aceptar a un ciego", señala el joven que sueña con convertirse en biólogo.
-¿Por qué dice que fue una "lucha" terminar el liceo?
-Porque muchos profesores no te querían enseñar nada. Les era más fácil poner en la libreta 6 o 7, pasarte de año y no tener que bancarte. Te puedo hablar diez horas sobre lo que fue hacer el liceo y terminarlo. Esas cosas hoy me están complicando.
-¿Qué quiere decir?
-Que cuando quiero dar un examen me preguntan cosas que supuestamente aprendí en el liceo pero que no sé. Cosas de química o física, por ejemplo.
-¿Qué dedicación especial tendría que tener un profesor con usted?
-Por ejemplo, que lo que dibuja en el pizarrón me lo haga en un papel con puntitos en Braille. O darme un material con las descripciones de las láminas que mostrará en clase. Sólo eso. No es que me tiene que explicar cuánto es dos más dos. Me debe dar las mismas cosas que a los demás. Yo no lo voy a ver, pero lo voy a entender de otra manera.
-¿Qué carreras universitarias podría hacer en Uruguay?
-Acá estoy condenado a hacer Derecho, Psicología, Comunicación, Filosofía. No así Historia o Geografía porque se usan mapas. En Derecho, vas, grabás tus clases, las pasás a Braille y listo. Claro, es todo texto, sólo tenés que leer. Ahora, en biología no es así porque hay dibujos.
-¿Existe alguna universidad en América Latina preparada para recibir no videntes?
-No, ninguna. El único ciego biólogo del mundo se formó en Berkeley, California. Trabaja con moluscos y descubrió muchas cosas con los dedos que otros no vieron con el microscopio. Yo lo contacté, y me contó que su profesor le remarcaba con lapicera los dibujos.
-¿Qué pasa con la disponibilidad de textos de estudio en Braille?
-El Braille está extinto para textos de 200 o 300 páginas. Hoy tenemos la computadora y los libros en formato digital, que se leen con un lector de pantalla y/o con una línea Braille. Pero eso es muy caro, cuesta unos US$ 4.000 o US$ 5.000. Además, una impresora de caracteres en Braille sale US$ 7.000 u US$ 8.000.
-¿Conoce a alguien que tenga esa tecnología en Uruguay?
-Particulares no. Que yo sepa alguna institución la tiene pero ese es otro tema. La mayoría cuenta con ellas pero las encajonan, dicen que no las tienen o que las usan poco.
-¿Se refiere a la Fundación Braille?
- Sí. Yo les hice un comercial con el que recaudaron US$ 160.000. La mayoría de esa plata se fue en congresos y esas cosas. A los ciegos del Uruguay lo único que le siguen entregando es la revista en Braille Martín Pescador, que no sirve absolutamente para nada. Es una pena porque los recursos están. Muchas instituciones tienen de esas impresoras a 150 caracteres por segundo, o sea, 300 páginas en media horita. Pero vos les mandás un archivo y te dicen que lo tienen que ver, que lo tienen que reconfigurar… al final se lo envías un jueves y ellos ven si te lo pueden imprimir para dentro de dos semanas. Te la complican porque los profesores te lo piden para ya. No me refiero sólo a la Fundación Braille, hablo de todas, ninguna se salva.
-Pero quienes integran esas asociaciones también son ciegos...
-Lo son, claro. Y es una pena porque somos pocos y el Estado no nos da mucho corte. Entonces, en vez de unirse y hacer un frente común todos quieren pelear por dos migajas de cada uno. Al final queda toda esa cosa disgregada. Por ejemplo, a uno que no le gusta tal cosa va y crea la Uncu (N de R: Unión Nacional de Ciegos del Uruguay), y así. Al final termina siendo una asociación con dos miembros.
-¿Cómo se siente al respecto?
-Ah, frustrado. Por eso me fui a estudiar a Brasil. Acá estaba enterrado. Allá estoy flotando. No es la octava maravilla, hay que adaptarse, aprender un idioma nuevo y la misma mediocridad que hay aquí está allá. Pero las posibilidades están. En Uruguay, la Facultad de Ciencias me dice que no tiene la pedagogía necesaria para aceptar a un ciego. Allá la cosa no es tan diferente, también depende de la voluntad de los profesores, pero al menos no dicen que no. Eso ya es un paso.
-¿Se arrepiente de haber hecho el aviso para la Fundación Braille?
-No, sabés que no. Bueno, desde un punto de vista materialista y viendo lo que se hizo y lo que no se hizo, pienso: `maldita sea la hora en que hice ese aviso`. Porque para los ciegos no dio ningún fruto. Sólo para unos pocos. Como persona común no vi ningún resultado. Si ahora viene la Fundación Braille y me dice que se hizo tal y tal cosa, ok; pero yo no sé lo que se hizo porque a mí no llegó.
Buscar afuera. Aprovechando que el padre viaja a Brasil por asuntos laborales, y mientras espera que le confirmen el ingreso a la universidad, el joven colabora voluntariamente con un laboratorio local de bioacústica en que analizan los sonidos de los pájaros. "Me entreno en reconocer sonidos desde los ocho años", cuenta. Durante la entrevista, Juan Pablo pudo demostrar esos dotes: "Tenés una Nikon D300", le dijo a la fotógrafa después del primer clic. Era una D200, se equivocó por muy poco.
Culasso es ciego de nacimiento, se crió en el barrio Atahualpa y tiene dos hermanos. Su padre es analista de sistemas y su madre artista plástica. Para ellos no tiene más que palabras de reconocimiento. "Fui criado normal. No en una silla escuchando la radio sin salir de casa. O con eso de no hagas esto que te vas a caer. Andaba en bicicleta, a caballo, corría, patinaba, nunca se me prohibieron este tipo de cosas", relata. "Claro que tengo mis limitaciones. Pero lo que me da un poco de rabia es que son las otras personas las que más me lo recuerdan. A veces trato de no acordarme. Solamente cuando no puedo hacer determinada tarea, pido ayuda. Mientras tanto quiero que me dejen a mí", agrega.
El humor, de sabor ácido por cierto, es un rasgo característico del joven. "Hoy, soy yo el que hace chistes de ciegos", cuenta. "Pero antes me dolía mucho escuchar comentarios como `ahí va el monstruito`". Reírse primero parece ser la estrategia.
A propósito de acidez, Juan Pablo está al tanto de que el "Vaya, vaya" del aviso fue insumo para chistes de todo tipo. "Sí, inclusive los chicos de Justicia Infinita hicieron alguna broma. Yo me reía y me decía: `sigan haciéndola muchachos, que yo estoy escuchando`. Creo que hay chistes bien hechos y en buena hora, y hay otros muy buenos pero en mala hora. No soy de esas personas que se quedan llorando porque soy `el cieguito` pero... ¡mandale un abrazo a tu hermana, Cammarotta!", remata.
Juan Pablo está desilusionado por tener que salir buscar el sueño de ser biólogo en otro lugar. Pero prefiere irse a hacer una carrera por descarte. Hacerlo sería elegir el camino fácil, y está claro que eso no va con alguien como él.
Aviso que ganó un premio
La realización del aviso estuvo a cargo de la agencia Branding y la dirección correspondió a Leo Ricagni.
El comercial fue un éxito. No sólo porque se terminó convirtiendo en un clásico sino porque ganó una Campana de Oro (1994), premio que otorga la Cámara de Anunciantes del Uruguay. Pero además fue exhibido en otros países de América Latina con la misma repercusión. "Por las vibraciones que sentimos, no dudamos que será un éxito", dijeron dirigentes de la Fundación Braille de Uruguay cuando asistieron en su momento a la presentación, cuenta una fuente de la agencia Branding.