Escultor propuso al gobierno duplicar el águila nazi del Graf Spee para que pueda ser vendida la original

Esta semana, coincidiendo con los 20 años de la recuperación del mascarón de popa del acorazado alemán de las aguas del Río de la Plata, una nueva propuesta llegó a los despachos de Presidencia de la República y de los ministerios de Defensa Nacional y Educación y Cultura.

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Esta semana, coincidiendo con los 20 años de la recuperación del águila del Graf Spee de las aguas del Río de la Plata, una nueva propuesta llegó a los despachos de Presidencia de la República y de los ministerios de Defensa Nacional y Educación y Cultura. El plástico Alberto Fernández Lemonier ofreció al Estado uruguayo realizar, sin costo alguno, una réplica idéntica del emblemático mascarón de popa nazi, con el objetivo de que la copia pueda exhibirse públicamente mientras el original eventualmente pueda ser vendido.

El águila de bronce, de casi dos metros de altura, 2,80 metros de ancho y un peso de 350 kilos, fue rescatada en 2006 tras décadas de especulación sobre su paradero en el pecio del Graf Spee, hundido frente a Montevideo desde diciembre de 1939. Desde entonces, la pieza ha permanecido fuera de la exhibición pública, envuelta en debates políticos, jurídicos y diplomáticos. Paralelamente, Alfredo Etchegaray, último titular de los derechos de extracción del buque, mantiene desde hace años el reclamo para que se habilite la venta del águila y así poder cobrar lo que, sostiene, le corresponde por el rescate.

En ese contexto, Fernández Lemonier entiende que una réplica podría abrir una salida al prolongado conflicto. “Yo costeo todos los gastos de hacerla, sacarle el molde, la mano de obra, el traslado, los fletes... todo va por mi cuenta”, aseguró a Domingo.

Fernández Lemonier es además estudiante de arqueología y apasionado por la arqueología subacuática, por lo que el Graf Spee ha sido durante años una referencia personal. “Siempre me apasionaron los naufragios. El águila siempre fue algo que me llamó la atención. Y el hecho de que hace 20 años que no se exhibe, es más llamativo aún”, sostiene.

Para el artista, el valor del águila trasciende su carga ideológica. La observa también como una pieza escultórica excepcional y como testimonio material de una época. “Además de ser única, es una de las pocas que hay en el mundo en una popa de un navío, porque las demás se destruyeron todas”, anota.

Su proyecto prevé un trabajo artesanal de alta precisión. El molde sería realizado con más de 20 capas de látex reforzadas con fibra de vidrio, para luego producir un vaciado en cemento, apto para exteriores, con una pátina especialmente tratada para replicar el acabado envejecido del bronce original.

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Alberto Fernández Lemonier.

Una muestra itinerante

Fernández Lemonier propone donar una primera copia para una exhibición itinerante, que podría comenzar en el Museo Naval del Puerto del Buceo y pasar por el Museo de Sarandí del Yí, el atrio de la Intendencia de Montevideo, la Liga de Fomento de Punta del Este o el Museo del Mar de La Barra.

El recorrido, según imagina, también podría proyectarse internacionalmente hacia museos de Alemania o incluso espacios de memoria como Yad Vashem, en Jerusalén.

La muestra, según plantea, debería estar enmarcada en una experiencia histórico-cultural, con pantallas gigantes, documentales sobre la Batalla del Río de la Plata, imágenes del Montevideo de época, registros de los rescates del águila y del telémetro, además de conferencias con historiadores y gestores culturales. “El fin sería esencialmente educativo y para todo público”, afirma.

Desde el punto de vista técnico y artístico, Fernández Lemonier sostiene que la reproducción también permitiría poner en valor aspectos poco conocidos de la obra original. Según explicó, uno de los elementos que más lo atraen es la calidad escultórica de la pieza y la técnica con la que fue concebida en la Alemania de preguerra. “Inclusive tengo agendado el nombre del escultor que la hizo. Eso hace mucho más valiosa la pieza”, comentó.

Para el artista, la imponencia física del águila -por sus dimensiones y volumen- es parte de su singularidad patrimonial. Además, entiende que la presencia de simbología similar en otros sitios históricos (incluso de Uruguay) demuestra que estos objetos pueden ser abordados desde una perspectiva patrimonial y contextualizada”.

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