DE PORTADA

Las que escriben las escenas

Son algunas de las dramaturgas jóvenes que más han destacado en los últimos años. No se reconocen como generación pero sí como parte de una red de creadoras en la que cada una tiene miradas distintas.

Josefina, Florencia, Vika, Leonor y Vanessa, dramaturgas
Josefina, Florencia, Vika, Leonor y Vanessa, dramaturgas. Foto: Leonardo Mainé

Para pensarse, para entenderse, para reconfigurar todo lo que no cierra, lo que no encaja, para pensar el mundo, para cambiarlo aun sabiendo que esa puede ser una mirada ingenua. Para sentir, para que alguien más sienta. Para crear en el espacio y con los cuerpos. Para que las palabras develen algo nuevo. Y se reconstruyan en la escena. Para contar una historia. Para contarse. Para escribirse. Para encontrarse con otros. Y con otras. Por el puro goce del acto solitario de la escritura. Por necesidad. Por la libertad. Por lo sagrado. Por la expresión. Y la expansión. Por eso, dicen, escriben obras.

En Uruguay hay muchas mujeres jóvenes creando sus propios textos dramáticos. Algunas se reconocen como parte de una generación. Algunas encuentran puntos de contacto en temáticas entre sus colegas pero reconocen formas, lenguajes y estructuras diferentes. Y les gusta reconocerse distintas. Hay algo, sin embargo, que todas reconocen. Se sienten parte de una red de mujeres que escriben sus propios textos. Y se encuentran y discuten y se apoyan y se repiensan. Mujeres que comparten una época, un contexto y una historia colectiva que las atraviesa y que tienen su propia historia, sus propias obsesiones y sus propias formas.

Florencia Caballero Bianchi (35), Josefina Trías (31), Vanessa Cánepa (25) Vika Fleitas (36) y Leonor Courtoisie (30) son algunas de ellas. Y esta nota es un pequeño — diminuto— recorte sobre su experiencia, su escritura, los teatros, la formación y la forma individual y colectiva de pensarse. Hay más: Lucía García, Victoria Vera, Elaine Lacey, Camila Diamant. Y más. Porque las mujeres dramaturgas de este tiempo están bien plantadas y escriben todo lo que quieren decir. 

Leonor

Leonor Courtoisie, actriz, dramaturga.
Leonor Courtoisie, actriz, dramaturga. Foto: L. Mainé

Le dice “cosa”. A la sustancia, a lo que necesita decirse, a lo que pulsa por salir. Cosa, a lo que está adentro. O afuera. A lo que viene de la memoria, de la intuición, de los recuerdos, de la familia, de la realidad, del campo o de la ciudad. Cosa, que después se materializa en una forma concreta. En una obra de teatro, en una fotografía, en escritura crónica, en narrativa.

“Para mí lo menos importante es la forma, escribir teatro es una circunstancia, el material, la cosa, te va pidiendo una forma, y en el camino vas encontrando el soporte (…) Lo importante es cómo vas esculpiendo, el proceso y las posibilidades, las decisiones, y recordar siempre por qué lo haces o por qué empezaste”.

Leonor es actriz egresada de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), estudió la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia y la licenciatura en artes visuales del Ienba (Bellas Artes) aunque le faltan algunos detalles para terminarlas, recibió el Premio Moliére a la creación teatral en 2019, desde ese año es miembro del Lincoln Center Theater Directors Lab de Nueva York. Fue becaria de Experimenta Sur en Mapa Teatro, Colombia y recibió la Beca de formación Fefca para estudiar dirección, puesta en escena y actuación en Buenos Aires. Además de eso, Leonor es alguien que crea.

Ella empezó a hacerlo por necesidad. Después se convenció de que lo hacía para cambiar el mundo. Y aunque ahora lo sigue haciendo por lograr un cambio, dice que le escritura “es como una meditación sobre la memoria”. Leonor está en sus textos. A veces visiblemente presente. Otras veces está escondida.

Pero, dice, las obsesiones se repiten y se repiten y se repiten. "La dicotomía campo, ciudad, el vínculo con la tierra y la naturaleza, y lo genealógico, una búsqueda de lo ancestral, de comprensión sobre quién soy y de dónde vengo (...) Los secretos, la memoria, la familia, la muerte, la infancia, suelo rodear temas universales, pero creo que lo que más tienen en común es el cómo, las formas de abordaje y las formas textuales. Por ejemplo, lo epistolar aparece siempre, el formato diario, hay mucho del policial clásico, de un misterio a resolver que asocio a la forma de crear, ir hallando mientras investigo y exponer ese proceso en el texto, la crónica, el diario de viaje y la escritura en movimiento". 

La dramaturgia, particularmente, tiene que ver con lo dialógico. Insiste en ella por la posibilidad de que alguien más se vincule con su escritura, por la posibilidad de la escena que transforma, que potencia, que cambia. Leonor tiene muchas obras escritas (estrenadas o sin estrenar). Entre ellas Corte de obsidiana, editada por Salvadora Editora, La patria que te parió, Casi sin pedir permiso. La serie familiar, Duermen a la hora de la siesta, por la que recibió el Premio Nacional de Literatura en 2019 y Desayuno sobre la hierba. La serie familiar, a crear durante una residencia en Francia en 2021.

Leonor, que encontró en la escritura un refugio para esconderse de la realidad, dice que no se siente parte de una generación propiamente dicha de artistas, pero que sí reconoce en la obra de sus colegas puntos de contacto: “Tienen que ver, creo, con ser hijas y nietas de una época, a todas nos pegó la crisis (del 2002) en algún momento de nuestra infancia o adolescencia, eso deja marcas profundas, y todas vivimos en un país en el que se siguen buscando los cuerpos de los desaparecidos de una dictadura militar, es imposible que las creaciones no estén atravesadas por un hecho tan significativo”. 

Vika

Vika Fleitas, dramaturga y directora
Vika Fleitas, dramaturga y directora. foto: L Mainé

Estudió comunicación porque creía que esa era la forma -la única, en un mundo en el que el arte a veces no es una opción- para poder ser escritora. Pero Vika no quería ser periodista. Quería ser artista. Y entonces estudió un semestre en Escuela de Cine del Uruguay, dirección de arte en Barcelona y Montevideo, redacción publicitaria y diseño gráfico. También se formó en gestión cultural, canto, locución y doblaje.

En 2011 llegó a la EMAD para estudiar escenografía: le llamaba la atención trabajar con el espacio, con los cuerpos, con los objetos. Sin embargo se dio cuenta de que lo que más le interesaba de una obra de teatro no tenía que ver con los espacios. Lo que Vika quería era escribirlas. Porque en el teatro se encontraban todos sus intereses y sus pasiones artísticas y además se potenciaban entre sí.

Dos años después quedó seleccionada para participar del seminario Instrucciones XIII, en el marco de la Comedia Nacional, a cargo de Sergio Blanco, en 2015 fue parte del seminario de dramaturgia de la Sala Beckett de Barcelona y tras ganar una beca Fefca se fue a estudiar dramaturgia a la Universidad Autónoma de México.

Su teatro, dice, está atravesado por sus formas de mirar el mundo, por la observación activa de la naturaleza, las personas, los procesos, las dinámicas. “Definitivamente el teatro en particular, y la creatividad y las artes en general me han ayudado a conocerme siempre un poco más. A la hora de escribir, el proceso me tiene que atraer, atrapar (...)Me fui dando cuenta que eso solamente lo logro a través de ser consciente de los temas que me han venido interesando hasta ese momento; como si de alguna manera parara el bolillero mental y de a poco sacara las bolillas, a ver de qué se trata. Me gusta combinar temas que en principio no tienen nada que ver, de la misma forma que lo hace el inconsciente para generar los sueños”.

Eso —y un poco menos y un poco más— está presente en Un drama escandinavo, un texto que escribió para el elenco de la Comedia Nacional en 2019.  Otra de sus obras, Zona de avistamiento, fue estrenada en Montevideo, Ciudad de México, Valencia y Venezuela. 

Un drama escandinavo, de Vika Fleitas por la Comedia Nacional
Un drama escandinavo, de Vika Fleitas por la Comedia Nacional. Foto: Comedia Nacional

El material para sus textos, las ideas, los diálogos, las emociones, la creatividad, dice Vika, surge "como el engrudo que une partes hasta ese momento aparentemente inconexas. Trabajo muy de la mano del Inconsciente y la Intuición, y creo que es ahí donde radica la idea de “verdad”, de cosa genuina y única en lo que escribimos. No por una cuestión narcisista, sino porque nuestro bagaje mental y emocional es lo más cercano que tenemos y hay que aprovecharlo". Y en este sentido, si bien todas las obras que ha escrito pertenecer a diferentes etapas de su vida, en todas hay algo de ella, una verdad, una esencia, una parte del ser, que se revela. 

Josefina

Josefina Trías, dramaturga y actriz de Terrorismo emocional
Josefina Trías, dramaturga y actriz de Terrorismo emocional. Foto: L. Mainé

“Me parece que somos conscientes de que estamos ahí, de que nos apoyamos, muchas veces coincidimos en conceptos, formas o actividades y otras veces no. Tenemos una forma de transitar juntas y apoyarnos, eso creo que es lo más importante”. 

Josefina —actriz egresada de la EMAD, técnica en Corrección de Estilo y estudiante avanzada de la Licenciatura en Letras— tiene más de 15 obras escritas y algunas obsesiones: “Los vínculos de sangre, el tiempo, el amor en varias de sus formas”.

A veces, dice, reconoce los mismos temas en textos de colegas. Porque ella y sus colegas se conocen, saben quiénes son y en qué andan. Y se acompañan y se ayudan y se plantan y escriben. En ese sentido Josefina se siente parte de algo más grande, que no es una generación pero que es una red de mujeres y amigas creadoras que sostienen y acompañan los procesos de las demás.

Josefina escribe por necesidad. No sabe si alguna vez va a poder dejar de hacerlo, dejar de pensarse y de pensar el mundo a través de lo que escribe, porque es ahí, en el acto solitario de la hoja en blanco donde todo parece estar un poco más claro, como si la escritura fuese un momento epifánico. Y escribir teatro, cree, es la consecuencia de ser actriz.

Si bien ha escrito mucho — Tercera generación, junto a Merianella Morena, Atreverse a la niebla, Dulce compañía y Pueblo chico, escritas trabajando con sus alumnos de los talleres de actuación y estrenadas en Canelones, Declaraciones de invierno, Declaraciones de verano, Radio dolor y Pachanga para Teatro Breve, entre otras —Terrorismo emocional es la primera que escribió para ella: “Para guardar, para actuar, para compartir como escritora (...) Sinceramente cuando arranqué a escribirla no pensé en el resultado. Al principio era una instancia de disfrute en privacidad, de corrección, de entrenamiento. Así estuve un año hasta que tuve un material que me dio ganas de interpretar. Empecé a ver una posibilidad escénica y ahí arrancó todo”.

Terrorismo emocional, que dirigió Alejandro Bello, es una obra de teatro pero también es poesía. Una pieza que la tiene a Clara como único personaje y a Josefina como única actriz, para contar la historia de un amor roto. 

Josefina Trías para Terrorismo emocional
Josefina Trías para Terrorismo emocional. Foto: Brian Ojeda

Por esa obra Josefina ganó el premio Florencio como Mejor Actriz de unipersonal y el mismo premio de la Escuela de Espectadores de Uruguay. Ahora tiene pendiente Llamaste a Walter, una obra que se iba a estrenar este año. “Es la historia de una familia durante el 2002 (…) Y de alguna manera es una precuela de Terrorismo. Son los mismos personajes, pero en otro momento de su vida”.

Vanessa

Vanessa Cánepa, actriz y dramaturga
Vanessa Cánepa, actriz y dramaturga. Foto: L. Mainé

Insiste, Vanessa, en la relevancia de haber cursado el bachillerato artístico en el Miranda, un liceo en el que esa opción era importante. Nombra a profesores y profesoras como Florencia Lucas, Patricia Mallarini, Santiago Sanguinetti, Diego Artucio o Sonia D´Alessandro, a quien, dice, le debe “los primeros acercamientos a la experimentación dramatúrgica”. También a autores como Marianella Morena, Gabriel Calderón, Angélica Lidell, Rodrigo García, Rafael Spregelburd. Y otros. Sanguinetti, profesor de teatro, se los presentaba, les mostraba sus obras, hacía que los leyeran. 

Escribió su primera obra en ese momento, con las ganas intactas y potentes de crear algo aún sin saber cómo. Se sentó muchas horas frente a una computadora y creó personajes y diálogos y escenas y una historia. Un año después cuando empezó a estudiar la carrera de actuación en el Instituto de Actuación de Montevideo y se encontró con personas que tenían las mismas ganas de crear que ella estrenó La Reunión, su texto, el del liceo. 

El proceso de creación, dice, fue un gran desorden en el que muchos lenguajes se encontraron en un espacio lleno de desaciertos para poder llegar al momento en el que todo cobra sentido: el estreno. 

"Artísticamente no me identifico con absolutamente nada (de esa obra)  la recuerdo como un gran desorden; pero fue un antes y un después creo para mi generación, era la primera obra de todos, y después de ahí cada uno siguió su camino. A mí me permitió reforzar el vínculo con mi amigas hasta el día de hoy, y con gente con la que elegí volver a trabajar una y otra vez. Me sonrío: qué ganas teníamos, qué bichito nos picaba".

Ese fue el comienzo. Porque después siguieron talleres, seminarios y cursos sobre dramaturgia y dirección con artistas como Gabriel Calderón, Sergio Blanco, Simon Stephens, Sean Holmes o Cristina Banegas. “Sin dudas un antes y un después fue el Laboratorio de Residencias Artísticas con Sergi Belbel (2014), donde me sumergí por completo por primera vez durante una semana en un estudio sobre dramaturgia”. Ahora está cursando la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia y la Licenciatura en Educación, ambas de la Facultad de Humanidad y Ciencias de la Educación (FHUCE).

Después de estrenar El domingo muere papá (dramaturgia colectiva), Cuando pisen mis pies descalzos, La agonía de Orfeo, Eleusis y El remanso de la calma, después de entender y concebir a la dramaturgia de diferentes maneras, decidió volcarse al público infantil y juvenil, algo que no es demasiado habitual en su generación. Y que, dice, es incluso denigrado desde los espacios de formación, donde no les confieren a los estudiantes herramientas para "este lenguaje que es tan específico y por demás complejo". 

“Las niñas y niños me confieren un respeto absoluto, e intentar crear historias reales, con temáticas reales y muchas veces dolorosas, transversalizadas por fantasía, me parece un desafío tan interesante como cautivador”.

De hecho, una de las dos obras que estrenó en 2019 fue Una luz en la ventana (capítulo uno de la saga lumínica) y tiene pendiente para el 2021 La resistencia de las luciérnagas (capítulo dos de la saga lumínica).

Florencia 

Florencia Caballero Bianchi, actriz, directora y dramaturga
Florencia Caballero Bianchi, actriz, directora y dramaturga. Foto: L. Mainé

“Ser mujer y escribir es andar cargando perspectiva histórica para siempre (...) Escribir para contar, escribir para que otres lean y actúen, es producir discurso, es producir registro del mundo y como ya sabemos los registros del mundo, la historia esa que nos contamos sobre nosotres, está profundamente estructurada por lógicas de poder y opresión”, dice Florencia, 35 años, autora de Inés, eventualmente el amor triunfará, Cheta, Mica, Verano y Mal escrita (ambas a estrenar en 2021).

El feminismo, cree, ha dejado varias marcas en su escritura. Una de ellas y la que más conflicto le genera es la e como universal inclusivo. “Creo que no hay nada que me genere más sensación de justicia que escucharlo, sobre todo dicho por adolescentes. Ahora tampoco hay nada más difícil para mí que utilizarlo en la escritura, lo puedo leer, pero escribirlo es un proceso de deconstrucción militante brutal”. De hecho Mal escrita, obra que estrenará con la Comedia Nacional, trata ese tema.

Florencia es actriz egresada de la EMAD. Cuando terminó la carrera cursó, entre otras cosas, algunas materias de la Maestría en Teoría del Teatro de la FHUCE. “Especialmente un taller de escritura con Luis Masci, en donde finalmente tengo que empezar a aceptar que había algo de la dramaturgia que me atraía, pero honestamente no confiaba en mi escritura lo suficiente como para dar el salto”.

El curso Contact Improvisation y Escritura, Escrito con el Cuerpo, con Mariana Casares fue el momento exacto, el punto de inflexión que habilitó todo lo demás. En 2013 se encontró con un Seminario de Dramaturgia brindado por Sergio Blanco en el marco de la Comedia Nacional. 

"Necesitaba presentarme, no lo puedo explicar, a veces sabés que hay algo que es para vos, lo cual era muy loco, porque yo “no escribía” y esto era un seminario de escritura". Se presentó el último día de la inscripción. Ese seminario fue la confirmación de que era por ahí por donde quería seguir. Ella lo describe así: "Fue como abrir las compuertas de una represa, que básicamente se apoderó de mi vida". 

Cheta, de Florencia Caballero Bianchi
Cheta, de Florencia Caballero Bianchi. Foto: Gonzalo Nogueira


Después de talleres, residencias, cursos y más seminarios con destacados y destacadas dramaturgas y directora —"LABra con Sergi Belbel en Uruguay, y Simon Stephens tanto en Uruguay como en Barcelona, en el Seminario Internacional de Dramaturgia L´Obrador de Stiú de la Sala Beckett. Con David Gaitán y con Matías Umpiérrez, con quién después trabajé como asistente de dirección— está cursando la Maestría en Dramaturgia en la Universidad Nacional de las Artes de Argentina.

Escribe, dice, porque le gusta contar historias. "Hay algo en la narración que me resulta seductor, contenedor y al mismo tiempo amargo, me interesa la belleza y el horror de cómo nos contamos a nostres mismes".


Florencia, que en su escritura tiene una mirada tajante y sensible en partes iguales, que con Cheta logró un espectáculo que rescata la memoria de la crisis del 2002 e interpelar las estructuras del sistema, concibe a las obras como una creación colectiva en el trabajo con los y las artistas, en un diálogo constante entre espacio, cuerpos, escritura y dirección. Florencia ha dirigido todas las obras que ha escrito. 

“El concepto de autoría para mi está muy expandido, si bien yo soy quien selecciona las palabras y las escribo, si bien organizo la estructura y trabajo desde un escritorio, la obra no sucede allí, se desarrolla en colectivo, a partir del pensamiento y la sensibilidad del colectivo de artistas, como conversaciones enormes”.

Porque el teatro, más allá de la escritura, es y será siempre encuentro. La presencia, en el proceso y en el escenario, sigue siendo su esencia más pura. 

Puntos de contacto 
Dramaturgas uruguayas

Hay algunos puntos en común en el que se encuentran y se reconocen. “Producir teatro en Uruguay es dedicarse a una de las ramas más duras del arte, la situación actual de la pandemia dejó sin trabajo a todo el teatro, los teatro y espacios en los que trabajamos están cerrados (...) Estar conectadas entre artistas nos hace más fuertes y genera vínculos que nos permiten proyectarnos al futuro.”, dice Florencia que se reconoce en el camino de la autoficción junto a Leonor y Josefina.

“Trabajamos dispositivos muy distinto, algunas más performáticas, a veces más corridas hacia el posdrama, o hacia el teatro documental”. Con Vika, que estrenó Un drama escandinavo (foto) con la Comedia Nacional, comparte “espacios de formación muy valiosos y creo que uno de sus diferenciales más importantes es que es de nosotras la que trabaja más con elementos de ciencia ficción”.

Vanessa, en tanto “hace unas investigaciones hermosas y muy importantes en la creación de teatro para audiencias jóvenes, esa inquietud es uno de los puntos de identificación valiosos entre ambas, la perspectiva de un teatro más integrador”.

salvadora editora 

Para rescatar a las dramaturgas olvidadas 

Leonor cree que hay un A.F (antes del feminismo) y un D.F (después del feminismo). “Hice toda la EMAD sin preguntarme si habían otras dramaturgas en la historia de la dramaturgia nacional y recién en 2017, cuando empecé con Salvadora, dije, pará, no puede ser, tiene que haber otras que escribieron antes, y ahí nos metimos a investigar con mi compañero, Diego, y armamos una lista de veinte dramaturgas uruguayas que empezaba en 1900 y poco, y comenzamos a buscar las obras y a sus familiares”.

Salvadora Editora es una editorial independiente que publica a mujeres dramaturgas. “Intentamos defender la valoración del texto dramatúrgico como un texto literario en sí mismo que puede dialogar con el hecho teatral”, dicen en su web. Tienen tres colecciones: Nueva dramaturgia aduanera, Dramaturgia uruguaya 1930-1973 y Una mujer se asoma a la ventana, en la que están publicados dos los libros: La bestia de sal - con Inés, eventualmente el amor triunfará y Cheta, de Florencia- y Terrorismo emocional, de Josefina.

En este sentido, Vanessa, cree que el feminismo atravesó de forma consciente su forma de ver la escritura de otras.  "Siento que algo cambió a la hora de leer un texto que fue escrito por una mujer; que tengo más presente ese cuerpo que siente, piensa y baja a tierra con tinta, que ahora ese cuerpo a veces me importa más que esas palabras, o que esas palabras salieron irremediablemente porque eran las palabras que podían salir allí”. Dice que el trabajo realizado por Salvadora, en el que está involucrada, es una forma de reivindicar a las mujeres que escriben teatro. 

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados