En la 5ª Sección Judicial de Treinta y Tres, el pequeño cementerio de Isla Patrulla resiste al paso del tiempo entre la mística rural y el abandono, rodeado de cuchillas y cercano a las quebradas del Yerbal.
El capitán de navío retirado y fotógrafo aficionado Hernes Rodríguez recorrió recientemente el lugar con su cámara. Sus imágenes revelan un paisaje donde la solemnidad convive con la intemperie. “La estructura blanca presenta nichos con arcos de medio punto, un diseño típico de la región que aportaba estabilidad y funcionalidad”, explica a Domingo. Sin embargo, esa arquitectura tradicional hoy muestra signos de desgaste: muros agrietados, planchadas caídas y vegetación que avanza sin control.
Uno de los aspectos que más llamó su atención fue el fenómeno de los “nichos abiertos”. “Se observan compartimentos vacíos, sin lápida. Esto puede responder a reducciones, cuando los restos son trasladados, pero también al deterioro, que hace que las placas se caigan y dejen los espacios expuestos”, señala Rodríguez. La imagen de estas tumbas abiertas refuerza la sensación de abandono que vecinos ya habían denunciado ante la Intendencia en 2023.
Aun así, el camposanto no está desprovisto de vida simbólica. Por el contrario, las tumbas exhiben flores de plástico y tela en colores intensos. “Es una forma de resistencia al clima. El sol y el viento de la zona no permiten que las flores naturales duren”, explica. Para él, este detalle revela una “memoria activa”: la comunidad sigue visitando a sus muertos y manteniendo el vínculo afectivo, incluso en condiciones adversas.
Entre las placas se repiten apellidos como Fleitas, Martínez o Pereira, nombres que delinean el árbol genealógico de un pueblo que fue paso obligado hacia la frontera con Brasil. Allí descansan las familias pioneras que dieron forma a Isla Patrulla, un sitio cuya historia se remonta al siglo XIX, cuando una patrulla policial se instaló en una “isla” de árboles para vigilar a bandoleros.
Hoy, el lugar conserva no solo restos humanos, sino también relatos, identidades y tradiciones. Entre el abandono edilicio y la persistencia de la memoria, el cementerio de Isla Patrulla sigue siendo un espejo de su gente: frágil, resistente y profundamente arraigado a la tierra.
Preocupación por el deterioro
El deterioro del cementerio de Isla Patrulla ha generado preocupación en la comunidad local, que en 2023 elevó informes a las autoridades departamentales alertando sobre su estado. Pese a la falta de mantenimiento, el sitio conserva un fuerte valor cultural y simbólico. Para Hernes Rodríguez, sus fotografías evidencian una dualidad: “Hay abandono estructural, pero no olvido humano”. Las flores artificiales, los nichos aún visitados y la persistencia de apellidos históricos reflejan que, más allá del desgaste físico, el cementerio sigue siendo un espacio de identidad y pertenencia para los habitantes de la zona.