MAGDALENA HERRERA
"No conozco en el Servicio Exterior una sanción de esta gravedad, salvo por malversación de fondos. No puedo sacar otra conclusión que aquí hay persecución política del ministro Reinaldo Gargano, ya que yo me encontraba en pase en Comisión en el Senado", acusa el Embajador Adolfo Castells.
Recibió un telegrama colacionado para que se notificara en Asuntos Jurídicos de la Cancillería. Allí fue y le comunicaron que era suspendido en sus funciones por dos meses, sin cobro de haberes. En noviembre, le habían iniciado sumario por unas declaraciones que realizó sobre el Embajador Hernán Patiño Meyer en el diario El Observador, señalando que el diplomático argentino se había entrometido en los asuntos internos del Uruguay. Ese sumario fue ampliado -"sin ampliación de fundamentos", aclara Castells- por unas cartas que publicó en Búsqueda que no dejaban demasiado bien parada la gestión del Ministro Gargano. El trámite sumarial se demoró más de ocho meses, hasta el 18 de agosto pasado, que llegó la suspensión, que según el diplomático no esperaba para nada. En la misma, se indica que el Embajador hizo "uso excesivo e inadecuado de su derecho a la libre expresión de pensamiento, sin respetar los límites que le imponía su condición de funcionario del Servicio Exterior", entre otras acusaciones. Se intentó conocer la otra visión del sumario con quien lo inició: el Secretario General de Cancillería, José Luis Cancela. Se lo llamó reiteradas veces durante toda la semana, dejándole mensajes con sus secretarios, sin éxito ni respuesta alguna.
Hay que reconocer que Adolfo Castells dice lo que piensa, no calla. También es ley aclarar que en unos pocos meses se jubila y no tiene nada que perder. Tanto, que en el mes de abril publicó un libro con duras críticas al primer año de gobierno frenteamplista, con foco en la política exterior. La gran ilusión. El progresismo uruguayo se vendió muy bien, y por alguna semana anduvo entre los primeros del ranking luego de Dan Brown y Harry Potter. Él sonríe complaciente cuando se le menciona el tema. Y el libro está bien visible sobre la mesa.
En un breve relevamiento de funcionarios que han trabajado junto a él, o en forma cercana, se puede deducir que Castells es una persona sin términos medios: "es amado u odiado", dijeron algunos. "Es un hombre de 44 años de trayectoria en el Servicio Exterior, muy ilustrado, sin tacha alguna", dijeron otros. Él dice irónicamente: "en el Ministerio el 50% de la gente mata por mí, y el otro 50% me quiere matar".
-Realiza una acusación grave hacia el Ministro Gargano. ¿Por qué entiende que se trata de persecución política y no que la Cancillería entendió que como funcionario se excedió en sus opiniones?
-Le voy a poner varios ejemplos que ilustran por qué mi suspensión es persecución política. Cuando el profesor Demasi realizó esas declaraciones tan polémicas, él mismo respondió que reivindicaba su derecho "a decir lo que se le antoje", palabras textuales. También, el vicepresidente del Codicen, Barrán, señaló que era "muy peligroso penar una opinión, y que en Uruguay no existe el delito de opinión". Está bien claro que las autoridades lo defienden porque lo que dice Demasi corre en el mismo sentido que lo que opinan ellos, o lo que quieren transmitir a los alumnos. Otro habría sido el cantar si las declaraciones se hubieran referido a que los tupamaros trajeron de la mano a la dictadura militar.
-¿Cree entonces que lo suspendieron porque criticó al Canciller y no porque se excedió como funcionario?
-En la misma época que yo escribí unas cartas sobre el Canciller, a las que se refieren en mi sumario, en el Ministerio se repartió la Circular 72 en donde se les transmite a los funcionarios la preocupación, no porque realicen actividades políticas o declaraciones a los medios, sino porque "critiquen al gobierno o a sus integrantes". Pero tengo otro ejemplo: cuando asume este gobierno el General Pereira estaba sancionado por su libro. La Ministra de Defensa declaró que levantaba la sanción porque "una opinión se contrarresta con otra y no con sanción". Queda claro que mi suspensión no es por opinar sino por criticar al gobierno.
-La decisión de la suspensión la recomienda Asuntos Jurídicos. Si usted habla de persecución política, ¿no está induciendo que el Ministro presionó a la sala de abogados para que saliera esa sanción?
-No digo eso porque no tengo constancia. Asuntos Jurídicos actuó erróneamente, con argumentos que no son exactos. No puedo garantizar que haya sido por presión.
-¿Pero igual cree que existe una persecución política del Ministro?
-Sí. En el sumario, los abogados señalan que tengo como atenuante que en mis 44 años de carrera no tuve ninguna tacha.
-¿Le afecta la sanción?
-No. Lo único es que me quitan el sueldo dos meses. Igual, dos meses es una sanción grave. No se la dan a todo el mundo, la mayoría de las veces termina en una observación, salvo que haya malversación de fondos. Es la primera vez que veo que se suspenda a un funcionario por sus opiniones. Yo fui jerarca del Ministerio y nunca lo hubiera hecho. Lo que sí hay, son las reglas de juego, es no dar destinos a los que critican a las autoridades.
-¿La gente del Frente Amplio no quedaba relegada en Cancillería cuando gobernaban los partidos tradicionales?
-Nunca había visto esta persecución. Además, no había prácticamente gente del Frente Amplio; últimamente ha surgido. También se ven personas que han estado con la dictadura y que ahora son del Frente, cosa muy curiosa. Está el caso de un Embajador que fue una persona muy afecta al régimen militar, luego al Partido Colorado, y cuando ganó Lacalle pasó al Nacional. Ahora es del partido de gobierno. Había muy pocos funcionarios del Frente, que es de lo que se quejan ellos. Actualmente han descubierto una cantidad de conversos que dicen ser de toda la vida.
-¿Pensó en ir a hablar con el Ministro sobre su suspensión?
-No.
-¿Por qué Gargano habría de perseguirlo?
-Yo entiendo su reacción: no tiene por dónde agarrarme. Si tuviera 50 años, no me da destino. Ahí sí, tiene el poder de decir este señor está en contra mío y no lo mando a ningún lado. Igualmente, esa acusación la niego porque me encuentro en pase en comisión como asesor de Sanguinetti, y él es mi autoridad ahora. Pero ellos tienen otra teoría. Lo que no pensé que ocurriera es la suspensión. Lo que pasa que este gobierno, y lo digo en el libro, es "has lo que yo digo pero no lo que yo hago". Otro ejemplo: en el tema Tratado con Estados Unidos el canciller obviamente está a favor de la libre expresión porque él dijo lo contrario al Presidente, incluso lo contradijo irónicamente utilizando la misma metáfora que Vázquez, sobre el tren que pasa una sola vez. O sea que la libre expresión se practica para arriba y no para abajo.
-Usted no es ingenuo. ¿No sabía que tantas críticas, y la publicación de su libro terminarían en una sanción? ¿No lo provocó?
-No, no creo haberlo provocado. Y si lo provoqué no fue adrede porque nunca pensé que se llegaría a esa sanción. Primero, porque resulta totalmente injusta. Y segundo, tampoco me lo esperaba, porque si yo estuviera en el lugar del Ministro o de quienes me suspendieron, hubiera actuado de otra manera, ignorándome, aunque suene irónico. Si tengo un funcionario que está por jubilarse, que no tiene nada que perder, y que me la va a seguir, lo ignoro. Pensé que era lo que iba a hacer. Y no darme publicidad, y la ocasión de aumentar la venta de mis libros.
-Allí, concluye que "el gobierno va hacia la derecha en lo económico, a la izquierda en lo demás y a ningún lado en política exterior", según palabras de quienes presentaron el libro y que usted reafirma. ¿No era obvio que no le iba a caer bien a Gargano?
-No, evidentemente que no le iba a caer bien, porque Gargano es uno de los protagonistas. Ahora, también digo que no tengo ninguna amistad con él pero tampoco aversión. De lo que sí estoy convencido es de que le hizo mucho daño al Ministerio, y lo puedo evaluar luego de 44 años de carrera. Le hizo mal, y así lo cree mucha gente, alguna lo dice y otra no, pero lo piensa. Muchos de sus correligionarios piensan que su gestión no ha sido buena pero no lo dicen para no dejarlo en blanco. Pero existe casi unanimidad en el Uruguay sobre que la función de Gargano no fue acertada, por decir lo mínimo.
Muchos de mis compañeros piensan igual, pero no lo pueden decir por sus carreras. Yo no tengo nada que perder.
-A los 70 años, en mayo próximo, se jubila. ¿Si tuviera 50, habría actuado de la misma manera, hubiera sacado ese libro?
-Evidentemente, no hubiera sido lo mismo. Quizás no lo habría hecho si hubiera estado en la mitad de mi carrera. Pero reitero, lo manifiesto por todos mis compañeros que no lo pueden hacer. Porque lo que han hecho en el Ministerio es muy preocupante.
-¿Por qué pidió pase a Comisión?
-Porque evidentemente no me daban nada para hacer. Además, veía que la gente que había trabajado en los cargos altos estaba toda desplazada a puestos inferiores.
-¿Prefería seguir en Cancillería?
-No, porque no coincido con la orientación que le dieron al Ministerio.
-¿Qué errores cometió el Ministro?
-Haber prescindido de toda una generación del Ministerio, irradiándola y sin posibilidad alguna de salir al exterior. En el Ministerio hay 14 direcciones generales y subdirecciones, que tradicionalmente son ocupadas por los funcionarios de alta jerarquía. De esos 14 cargos, se nombró a 6 personas de afuera, que no tenían ningún contacto con el Servicio. Además, se ascendió a 4 funcionarios de jerarquías inferiores, que no tenían la funcional que se exige. Nombró a un secretario de primera en la Dirección de Asuntos Políticos, centro vital del Ministerio, y el Director General de Asuntos Culturales tiene menos jerarquía que cualquiera de los funcionarios del Servicio. Solo 4 cargos son desempeñados por personas que tienen la jerarquía.
-¿Es ilegal?
-No. Antes existía la exigencia de la jerarquía de ministro consejero para ocupar esos cargos. Luego se derogó, pero por error. No es ilegal, pero es absurdo. Fíjese lo que está pasando: el Director General de Secretaría es un consejero, hay concurso para ascenso y se presenta. El Director General de Política es secretario de segunda, el penúltimo cargo, y se presenta al concurso también. Nunca se había dado algo así.
-¿No había cargos por afinidad política en los gobiernos anteriores?
-Sí, pero se respetaba un mínimo de jerarquía para nombrar. Lo que no pasaba es que no tuviera la jerarquía y se nombrara igual. También este gobierno bajó el nivel de exigencia para ser embajador, para contar con personas más afines a él. Ahora, siendo apenas consejero se puede ser el responsable de una embajada como la de Brasil, como se da en la realidad. No es ilegal, es absurdo. Por otro lado hay embajadores de carrera que están de asesores, o de subdirectores después de ser directores. Al Director de Asuntos políticos anterior lo bajaron cuatro categorías.
-En definitiva, señala que se nombra por afinidad política y no por experiencia.
-Salvo algunas excepciones, pero han sido desde Presidencia, no del Canciller. Los embajadores los nombra la Presidencia, y se ha tenido en cuenta a los de carrera, como Bustillo en Buenos Aires.
-¿Cuáles son sus críticas a la política exterior?
-Este gobierno había prometido realizar una política exterior de Estado. Hoy no existe, lo cual es lamentable. Aun así, podía haber una política del gobierno, que aunque no fuera consultada con otros partidos, fuera coherente. Tampoco pasa eso.
-¿En la crisis con Argentina hubo política de Estado?
-Me refiero siempre a Cancillería. El Presidente, salvo aquel vaivén que tuvo cuando fue a Chile que dijo una cosa y después otra, actuó con firmeza, con el respaldo de todas las fuerzas políticas. Eso sí fue una política de Estado. Pero lo que digo es que el organismo que tenía que haber llevado las negociaciones y que tenía que abocarse a los detalles, prácticamente no existió. En la representación en La Haya, tampoco existió. ¿Qué funcionario de la Cancillería se destacó en la Corte? Ninguno, porque Gros Espiell es un ex ministro retirado que está en una embajada, pero no es persona del Ministerio como tampoco los otros asesores que fueron, como el Embajador Paolillo. De la actual Cancillería, el único que estuvo fue el Director General Cancela, pero no se le conoce ninguna intervención. El Servicio Exterior no tuvo protagonismo.
"No es el gobierno el problema, es Gargano"
Adolfo Castells Mendívil se retirará en mayo de 2007, cuando cumpla 70 años. Hijo de diplomáticos, cursó estudios de Ciencias Políticas en París e Internacionales en Madrid. Sirvió durante 44 años a la Cancillería, y como embajador tuvo destinos como Argentina, Ecuador, Aladi y Unesco. En el Ministerio fue vicecanciller, secretario general y director de la Escuela Diplomática.
-¿No es poco ético hablar como lo hizo de Patiño Meyer?
-Si yo fuera embajador en ejercicio debo callarme la boca, diga lo que diga Patiño. Ahí sí estaría representando a mi país y lo comprometería. Pero no ocupo ningún cargo y mi opinión es tan libre como la de un maestro que está influyendo en la enseñanza futura. Como uruguayo, y por experiencia, sé que Patiño incurrió en intromisión, en el tema plantas de celulosa por ejemplo. Cuando la Embajada americana emitió un comunicado muy lavado diciendo que se congratulaba de que hubieran nombrado ministro a Alfie, el propio Gargano, cuando no era gobierno, llamó a Opertti al Parlamento para quejarse. ¿Y ahora qué pasa?
-Por qué no se jubiló y se evitó todo este problema?
-Para no dejar la vacante. Es una respuesta a cómo se ha conducido la Cancillería.
-¿Con esa resolución no está creando mayor encono?
-Sí, pero entiendo que el encono comenzó del otro lado, con todo ese sumario, o por ejemplo con los embajadores que están saliendo de segundos o están perchados. La cosa hubiera cambiado si Gargano no hubiera sido el ministro, y se eligiera a otro integrante del Frente.
-¿De los cancilleres posdictadura, ¿cuál considera que sobresalió?
-Enrique Iglesias fue brillante, sobre todo porque le tocó reinsertarnos a nivel internacional, que estaba aislado. Junto a Sanguinetti lo lograron, y lo continuaron Barrios Tassano, Gros, Abreu, Ramos. ¿De qué inserción hablan ahora?
-¿Cree que el ex canciller Blanco colaboró con la dictadura?
-No. Pienso que su error fue quedarse. Una cosa eran los cargos no políticos como el mío, de director de la Escuela de Diplomacia. Blanco tenía que asistir a las reuniones del Cosena. Pero estoy absolutamente seguro de que nunca lo consultaron sobre las decisiones , lo pasaron por el jopo.
Incoherencias & inexperiencia
Para el Embajador Adolfo Castells, más allá de la posición monolítica que mostraron Danilo Astori y Reinaldo Gargano en la última interpelación, de todas maneras resulta "completamente incoherente para Uruguay tener un Ministro que dice otra cosa que el Presidente, en ámbitos internacionales. Delante del representante comercial de Estados Unidos en el Consejo de las Américas, se mostró una fisura evidente".
Para el embajador, el gobierno de izquierda tiene dos características negativas: "doble discurso continuo y falta de competencia en áreas que se pensaba que serían brillantes, como Servicio Exterior. Confieso que creía que Asuntos Internacionales en el Parlamento le había dado más experiencia a Gargano que la que demostró. Pero pensé que iban a ser más eficientes porque tienen gente capaz en Unesco, Naciones Unidas, que podrían haber traído. No todos los errores son atribuibles a él, también a sus asesores. No se puede poner en un comunicado que el conflicto de Oriente es entre Israel y la población del Líbano en lugar de Hezbollah; es un error que no comete nadie con mínima experiencia. En abstracto, esperaba de Relaciones Exteriores que justificara en forma brillante el terrorismo. Pero no poniendo: la población de Líbano".
-Quién consideraría sería buen ministro de filas frenteamplistas?
-Astori, pero sería imposible. Lescano podría ser buen canciller, igual que Arana que tiene experiencia internacional. Tienen una visión más abierta del mundo. La mirada de Gargano es dogmática, muy socialista de los 60. Hay una izquierda más moderna.