DANIELA BLUTH
Si pudiera entrevistar a Melinda Gates le preguntaría qué la enamoró de Bill, cómo es ser la esposa de uno de los hombres más ricos del planeta, por qué siempre viste de beige o verde oliva, cómo hace para vivir dentro de una burbuja de millones de dólares sin perder contacto con la realidad, qué tiene en común con las mujeres de África por cuyos derechos pelea, qué lujos se permite y ante cuáles se frena, en qué piensa antes de dormir, qué valores le inculca a sus hijos, cuáles son sus sueños y cuáles sus pesadillas.
Seguramente, si tuviera la posibilidad de entrevistar a Melinda, el encuentro o la llamada telefónica sería breve, no daría el tiempo para grandes confesiones y la charla giraría sobre un solo tópico previamente acordado con su agente de prensa. Pero también, seguramente, me llevaría una buena impresión de la señora Gates.
Según lo que dice en columnas, conferencias y disertaciones, Melinda parece tener los pies bastante bien plantados sobre la tierra. No suena petulante, arrogante. Tampoco tiene esa pose de tengo-dinero-y-voy-a-salvar-al-mundo-pobre-de-todas-las-desgracias. Aunque lo tiene, y lo sabe.
Quizás porque estuvo del otro lado. Porque proviene de una familia trabajadora de clase media. Porque tuvo que ayudar a sus padres para que ellos pudieran pagar la educación de sus cuatro hijos. Porque la primera computadora de la que se enamoró fue de Apple y no de Microsoft. Porque hace sólo 19 años que está con Bill de sus 48 de vida. Y porque esto de la filantropía le sienta bien, le va con ese look sin grandes pretensiones de mujer y madre que pelea por los derechos de otras como ella.
Justamente, estas dos variables -ser madre y ser mujer- la impulsaron a poner en marcha una campaña en pro de la planificación familiar que le costó algunas críticas, sobre todo de la Iglesia Católica, de la que Melinda forma parte. La iniciativa significa "un esfuerzo sin precedentes para hacer asequibles los anticonceptivos con el objetivo de salvar y proporcionar información, servicios y suministros disponibles para 120 millones de mujeres y muchachas en los países más pobres del mundo hasta 2020", explicó la esposa del fundador de Microsoft hace algunos días en la Cumbre de Londres sobre Planificación Familiar, organizada por la Fundación Bill & Melinda Gates junto al gobierno de Reino Unido y al Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa).
Y mientras Melinda se esforzaba en resaltar que el tópico no tiene nada de controversial, el mote de abortista y su relación con grupos a favor del control demográfico comenzaron a sonar. Además, un discurso tan diferente al de la Iglesia, siempre contraria al uso de las píldoras y cualquier método artificial, llamó la atención de la prensa internacional. "Melinda Gates desafía (otra vez) al Vaticano", fue el título del artículo de El País de Madrid.
"Soy católica practicante, pero las mujeres de África y Asia necesitan acceso a los anticonceptivos", justificó Melinda. Para darle significado a sus palabras siempre tiene alguna anécdota de su último viaje al continente negro, de lo que le dicen esas mujeres y de lo que ella ve con sus propios ojos.
"Una iglesia se compone de sus miembros, y una de las cosas que esta campaña podría hacer es ayudar a las mujeres. He recibido miles de mensajes de apoyo, incluso de monjas, que dicen: `Yo soy católica, pero creo en los anticonceptivos`".
Según Melinda, "los obispos difunden una cosa, pero los católicos de a pie hacen otra cosa. En mi país, 82% de los católicos dicen que la contracepción es moralmente aceptable. Así que en África, la decisión debe depender de las mujeres. Tenemos que dar voz a las mujeres de todo el planeta", añadió. Y subrayó: "Creo en esta religión, tiene sorprendentes e increíbles enseñanzas morales, pero también tengo que pensar en cómo mantener a las mujeres con vida y no dejar que los bebés mueran. Para mí eso es lo más importante".
El objetivo de la Fundación es asegurar que los servicios de planificación familiar lleguen a millones de mujeres y niñas en situación de pobreza. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), unos 220 millones de mujeres en los países en desarrollo (la mayoría de ellos en el Sur) desearían contar con métodos de planificación familiar -información, contracepción, salud-, pero no pueden acceder a ellos por diversas razones, entre ellas cuestiones culturales y falta de recursos humanos y económicos.
Las cifras de varios organismos coinciden en que una iniciativa en ese sentido permitiría evitar 100.000 muertes de mujeres cada año. En los países pobres, según la ONG Save the Children, esta es la primera causa de mortalidad entre las jóvenes de entre 15 y 19 años.
Entre los 250 delegados que convocó la Cumbre estaban el presidente de Tanzania Jakaya Kikwete, la primera dama de Burkina Faso Chantal Compaoré y el ministro de Salud de Bangladesh AFM Ruhal Haque.
"Cuando viajo y hablo con mujeres de cualquier parte del mundo me dicen que el acceso a los anticonceptivos puede ser a menudo la diferencia entre la vida y la muerte. Hoy se trata de escuchar sus voces, cumplir sus aspiraciones y darles el poder para crear una vida mejor para ellas mismas y sus familias", aseguró.
EL COMPROMISO. Cuando se compromete, Melinda parece no tener término medio. A través de la Fundación que creó con su esposo en el año 2000 (con sede física en Seattle) ya dio batalla por asuntos relacionados a vacunación, educación, alimentación y una larga lista. Claro que como ella misma lo ha dicho, su condición -es madre de tres chicos, de 16, 13 y 10 años- hace que este tema la toque más de cerca. En Londres, por ejemplo, se comprometió a dedicar "el resto de su vida" a mejorar el acceso a los anticonceptivos en todo el mundo. Quizás sea demasiado, pero al decirlo suena convencida y perseverante.
Sólo para esta causa, la Fundación decidió donar 560 millones de dólares en ocho años. En total, desde su creación, lleva más de 24.000 millones de dólares en donaciones, una cifra para nada despreciable pero que seguramente a los Gates no les hace la diferencia.
Su dedicación a la filantropía le ha valido al matrimonio varios reconocimientos. En 2006 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Un año antes, ambos habían sido declarados (junto al músico Bono) Persona del Año por la revista Time.
Por estos días, el sitio web de la Fundación recorre varios tópicos, pero el de la planificación familiar es el central. Allí se dan cita columnas de opinión, artículos y testimonios de distintos personajes, incluida Melinda. En su último post, del 6 de julio, pocos días antes del foro de Londres, seguramente intuía que sus palabras podían generar malestar. "Difundan que la anticoncepción no es controversial. Asuman el compromiso, compartan su propia historia y pidan en su entorno que hagan lo mismo". Yo, le pediría una entrevista.
CUANDO MELINDA CONOCIÓ Al SR. GATES
Dicen quienes los conocen que su relación es simbiótica, que se complementan, que juntos logran sacar lo mejor de cada uno. "Él es inteligente como el demonio. Pero ella es mejor a la hora de mirar toda la foto", ejemplifica uno de sus mejores amigos, Warren Buffet.
Antes de ser Melinda Gates, era Melinda Ann French, una joven que creció en Dallas y se graduó en la Duke University con un título en computación y economía y un MBA. Con Bill se conocieron en Microsoft, donde ella estaba a cargo de varios productos y él era el jefe supremo. Se casaron en una isla hawaiana en una discreta ceremonia con sólo 130 invitados. Para garantizar su privacidad, Gates pagó por todas las habitaciones del hotel donde se celebró la fiesta y contrató todos los helicópteros que viajaban hacia ella.
Desde hace algunos años, cambiaron buena parte de su trabajo en Microsoft por las actividades de la Fundación que conducen juntos. ¿Cómo deciden qué causas apoyar? Recorren la "lista de grandes inequidades" y donan fondos para aquellas en las que pueden "generar cambios de fondo". En su tiempo libre, ella corre maratones y él prefiere el tenis y el golf. Salen a caminar, conversan y deciden hacia dónde va su dinero.