Gabriela Vaz
"Fueron felices y comieron perdices". ¿Quién no escuchó alguna vez el prometedor final de una historia infantil? Sin embargo, la realidad suele darse de narices contra los pronósticos que la mayoría tiene al iniciar una relación de pareja. Es que al parecer, los cuentos de hadas mentían; "los romances eternos no existen", aseguran expertos. Mientras las sociedades alientan a vivir en un continuo enamoramiento, la estadística y la química del amor revelan que los seres humanos están programados biológicamente para sentirse apasionados solo entre 18 y 30 meses. Pero aunque la pasión y el romance siempre terminen, es posible aceptar pasar a una etapa de "apego" o "amor adulto", donde las manifestaciones sean más tibias, pero más duraderas. Todo dependerá de las expectativas depositadas, y del grado de madurez que alcancen los integrantes de la pareja.
AMOR EN SUSTANCIAS. Hace tiempo ya que la ciencia se dedica a estudiar las emociones para intentar desentrañar las misteriosas conductas humanas. Y aunque todavía hay demasiadas preguntas sin respuesta, los investigadores han podido identificar algunos aspectos con cierta precisión. La profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York, entrevistó y estudió a 5.000 personas de 37 culturas diferentes y descubrió que el amor posee un "tiempo de vida" lo suficientemente largo como para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño. "Los seres humanos están biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses", asegura.
Hazan también pudo confirmar que sustancias químicas como dopamina, feniletilamina y oxitocina están relacionadas con este sentimiento. Estos productos son comunes en el cuerpo humano, pero solo se encuentran juntos en las etapas iniciales de la conquista. La feniletilamina (neurotransmisor) es conocida hace unos 100 años, pero solo recientemente se comenzó a asociarla con el amor. Es una molécula natural, semejante a la anfetamina, y se cree que su producción en el cerebro puede desencadenarse por eventos tan simples como un cruce de miradas o un apretón de manos.
La antropóloga norteamericana Helen Fisher, experta en el tema, ha encontrado que en el cerebro enamorado hay dos regiones muy activas. Una es el núcleo caudado, una primitiva región en forma de C descubierta hace poco y relacionada con el sistema de recompensa del cerebro, la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para lograr recompensas. La otra es el área tegmental ventral (ATV), la veta madre de las células que producen dopamina. "Creo que esa locura (del enamoramiento) la producen los niveles altos de dopamina y norepinefrina, y un nivel bajo de serotonina. La dopamina en grandes cantidades, además de aumentar el nivel de testosterona —la hormona del deseo sexual—, está asociada con una gran capacidad de concentración, euforia y dependencia, que son síntomas de adicción", opina la especialista, cuyos estudios confirman que quizá el humano está creado para tener una serie de relaciones sucesivas.
ROMANCE VS. REALIDAD. Los científicos que han estudiado los síntomas del amor han identificado tres modos de relacionarse con la pareja: deseo, amor y apego. Los primeros dos entran en la etapa de enamoramiento. Para el psicólgoo Alvaro Alcuri, en toda pareja hay un primer nivel en el cual se idealiza al otro, algo que suele terminar con la convivencia. Así, el romance solo subsiste mientras se logre mantener esa imagen distorsionada del compañero. "Tu pareja pasa a ser James Dean o Marilyn Monroe. Los ponés en un lugar, perceptivamente, en donde solo ves sus virtudes, y muy amplificadas. Entonces te enamorás de eso".
En ese sentido, Alcuri recuerda que el psicólogo de parejas Arnold Lazarus siempre le daba el peor pronóstico a las parejas que llegaban a su consultorio más enamoradas, porque las veía más alejadas de la realidad. Al contrario, creía que les iría mejor a quienes emprendían un proyecto en común sin idealismos.
Al iniciar una relación aumentan los niveles de dopamina y norepinefrina, produciendo sensaciones de exaltación y éxtasis. De esa manera, los enamorados se sienten plenos de energía y excitación. "El tipo de persona que busca emociones es más propensa a enamorarse", explica la antropóloga Fisher.
Alcuri, por su parte, destaca que llama "enamoramiento" a ese flash inicial, y no lo confunde con "amor adulto", el cual "es completamente distinto y casi contradictorio", sostiene. El psicólgo entiende que al amor adulto se puede llegar o no, dependiendo del grado de madurez de cada uno. "Hay personas que están preparadas para eso desde su juventud, y hay quienes tienen 50 o 60 años viviendo enamoramientos como si tuvieran 14 años. El grado de idealización del otro depende de mi grado de madurez. Si yo quiero ver en cada novia que tengo a Marylin Monroe no estoy muy maduro. En algún momento tengo que darme cuenta que la persona que tengo al lado es un ser con claros y oscuros. Si no soy capaz de eso voy a repetir la rueda fatal de enamoramiento-desenamoramiento. Yo suelo graficarlo en romances tipo Susana Giménez, u otras estrellas de televisión, que salen un día diciendo ‘estoy re enamorada de Fulanito’, a quien conocieron hace dos minutos, y a los dos meses se pelearon, y hablan pestes del tipo".
MODAS. Aunque pueda generar debate, la cultura actual tiende a alentar la vivencia continua de relaciones fugaces, en busca del romance eterno, comportamiento que tiempo atrás solo era signo de frivolidad e inconsistencia. Según Alcuri, la fórmula de hoy es "me enamoro, se me pasó, busco otro". "La gente consume romances como si fueran productos de cosmética. ‘Salga a enamorarse’, avisan los publicistas, vendiendo productos como si fueran romances, porque la gente compra la idea del producto junto con esa idea".
Actualmente, cada vez más adultos se resisten a la "desidealización" y eligen vivir como adolescentes. "Queremos tener vidas como las de los avisos, donde te comprás cualquier pelotudez y sos feliz. Lo dicen los musulmanes: ‘los occidentales son como niños, no tienen idea de que se van a morir’".
Sin embargo, otra lectura de la situación es que hoy las personas plantean relaciones más honestas, sin dejarse manipular por presiones sociales. Pero así como antes se tapaban los conflictos, ahora se deben afrontar problemas mucho más importantes, entiende el psicólogo.
Por otro lado, y desde una ciencia menos exacta, Alcuri confirma la noticia que llega desde la biología: "de la etapa del enamoramiento, como lo entendemos nosotros, se sale o se sale. La gente tiene la idea de que puede vivir toda su vida enamorada y eso es imposible". Es inevitable entrar en una etapa de conflicto, algo que sucede en todo tipo de relación. "Podés conocer una amiga y llevarte bárbaro pero en algún momento van a pelear, van a tener que arreglar un tema que no le gusta, va a haber un aspecto del otro que no les va. Si tienen la madurez para arreglar la situación, seguramente salden el conflicto. Pero si lo piensan en forma idealista, ‘cómo mi amiga va a tener algún defecto’, la relación seguramente caiga".
MADUREZ. Los expertos coinciden en que el romance eterno es imposible. Con el tiempo, el organismo se hace resistente a los efectos de las sustancias químicas que genera el amor, la "locura" de la pasión decae y la fase de atracción no dura para siempre. ¿Qué hacer una vez que ese agradable estado de embriaguez se termina? El dilema que se presenta es: separarse, o habituarse a manifestaciones más tibias de amor.
Esa etapa final, que algunos llaman "apego", es cuando dos personas deciden convivir a largo plazo y encuentran un nivel de comodidad que sustenta sus sentimientos románticos. Para Alcuri, este amor adulto es una construcción. "Se cocina al fuego de varias crisis, donde se deja atrás el enamoramiento. Si logramos atravesar ese proceso de maduración, llegamos a tener una pareja donde nos aceptamos buenos y malos, lindos y feos, cansados y descansados, con ganas o sin ganas. Pero eso tiene que ver con que nosotros mismos estemos madurando. La garantía de que la pareja dure es que el proceso que llevamos adelante sea acompañado por el otro. Y seguir encontrando en el otro alguien de quien aprender".
Para permanecer en ese nivel, Fisher recomienda hacer cosas fuera de la rutina, pues la novedad impulsa los niveles de dopamina y otros elementos, como oxitocina. Además, la antropóloga destaca la importancia del contacto físico, como darse la mano y abrazarse. "Ser abierto y sincero, compartir secretos, tener buenos recuerdos juntos y aprender a discutir de modo constructivo son otras maneras de lograr un amor duradero", asegura.
Sin embargo, por más estudios científicos y análisis sociales al respecto, el amor continúa siendo poco predecible y sin recetas infalibles. Helen Fisher, que debe fama y éxito a años de investigación sobre el tema, explica que esto no le ha servido demasiado a la hora de aplicarlo en su vida. "Me casé hace mucho y mi matrimonio duró menos de un año. He tenido tres parejas largas y ahora tengo otra desde hace dos años. El amor es como un pastel de chocolate: no vale con conocer sus ingredientes, hay que probarlo".
Las polémicas razones del amor
Hasta ahora, los científicos han logrado detectar las consecuencias fisiológicas del amor, pero no resulta tan fácil dar con sus causas.
Algunos especialistas, sin embargo, opinan que la respuesta está en el reino animal. "La verdad es conocida por los cuidadores de zoológicos: la manera más confiable para que una pareja de cualquier especie se reproduzca es mantenerlos en un mismo espacio durante cierto tiempo", dice la profesora estadounidense Cindy Hazan.
Pero las razones del enamoramiento pueden ser más complejas e impredecibles. Para la antropóloga Helen Fisher inciden tanto el tiempo y la cultura como las experiencias de la infancia. "Cuando estás en el momento adecuado y encuentras a la persona que encaja en ese perfil, los circuitos cerebrales pueden ponerse en funcionamiento y se desencadenan las reacciones químicas. Pero puede basarse en elementos culturales: la belleza y la juventud mueven a los hombres, y a las mujeres les impresiona la riqueza y la buena posición. Y si a ellos el amor les entra por los ojos, las mujeres son más sensibles a la palabra y los detalles".
Por su parte, el psicólogo Alvaro Alcuri entiende que la característica diferencial que atrae del otro suele ser siempre algo ausente en uno mismo. "Generalmente, se trata de llenar una carencia con el ingrediente ajeno. Si yo soy introvertido, me atrae una novia extrovertida, que hable por mí, que sea lo que yo no soy. Yo tendría que aprender a ser más desenvuelto, pero en vez de eso me cubro con mi novia. Y seguramente, con el tiempo voy a tener problemas con mi novia por eso".
De esta manera, el profesional opina que el único camino seguro para tener una pareja duradera es el crecimiento personal, logrando fortalecer lo que uno es. "Y dejar caer esa idea de que el otro debe complementarme".