IGNACIO ÁLVAREZ
Queda una semana para que se sepa entre qué dos candidatos va a dirimirse la elección presidencial. Y se nota. Recién dado de alta, Astori arremetió contra Mujica diciendo que "es el caos total y el fracaso total"; que allí no ve ningún rumbo y que sus propuestas "no generan confianza". Pero también le pegó duro a Lacalle, de quien dijo que "encarna la derecha fracasada" y "el retorno al pasado", si triunfa "el malón de la derecha". Larrañaga equiparó a Mujica con Cantinflas y dijo que "no tiene proyecto ni equipo ni sabe a dónde va". Y entre los colorados, Hierro dijo que Bordaberry "es un apellido que se asocia a la dictadura y a un período muy negro en la historia del país". Dice la sabiduría popular que "el que se calienta, pierde". Es que no conviene dar la imagen de que se pierde el control frente a una situación adversa (conducta bastante poco esperable de quien aspira a la Presidencia). El que se calienta pierde, y el que pierde se calienta. No por casualidad quienes más duramente critican a sus adversarios son los que van segundos en las encuestas (Astori, Larrañaga y Hierro), mientras los favoritos (Mujica y Lacalle) evitan entrar en el tiroteo.
El martes pasado, las radios Sarandí y El Espectador fueron testigos de las distintas reacciones de los precandidatos nacionalistas. En mi programa "Las cosas en su sitio", Lacalle debió soportar que le preguntara con lujo de detalles sobre los procesamientos por la venta del Banco Pan de Azúcar realizada durante su Presidencia, la comisión del 6,66% cobrada por su asesor Daniel Cambón, la carta que le aseguraba a Julia Pou otro 3,33% de esas acciones, y sus reuniones con el representante de los compradores, negadas ante la Justicia pero documentadas en varias oportunidades. Y más allá de lo bien o mal parado que haya salido, bancó educadamente, sin levantarse ni ofenderse, aunque la procesión, obviamente, fuera por dentro. Dudo que hace unos años Lacalle hubiera hecho lo mismo (es más, tengo la idea de que supo ser bastante agresivo con algunos periodistas), y quizás su temple hable de una madurez o hasta de la renovada conciencia de que aún en las peores circunstancias, el que se calienta pierde.
Bastante distinta fue la reacción de Larrañaga en el programa "En perspectiva", donde se quejó de haber "recibido críticas de algunos contertulios que salen a boquillear". Y aseguró que en ese espacio "hay muchos zurdos que renguean". (¡¡¡Tás nervioshooo!!!, diría Néstor). Aunque, justo es decirlo, cuando el día anterior lo entrevisté en Sarandí, Larrañaga no perdió la línea ni siquiera cuando le pregunté sobre la versión de que hace unos años había golpeado a su esposa.
Pero qué decir de Mujica, que este jueves, en el programa "En la mira" de VTV, se desacató y acusó al periodista Gabriel Pereyra de hacer "mandados", por el solo hecho de haberle pasado un tape del propio Mujica increpando a un notero de "Subrayado", que cometió el pecado de preguntarle sobre su reunión con los Kirchner.
Cualquiera puede tener un momento de calentura. Pero mi preocupación pasa por que se alcance un grado de violencia y descalificación del que difícilmente se tenga retorno. Y en este sentido, hay que tener mucho cuidado en evitar demonizar al otro, sea quien sea. Por eso es tan peligroso erigirse en los buenos de la película, como etiquetar a los otros como los malos. Y por eso Mujica la pifia cuando dice que "izquierda y derecha, hoy y aquí, se corresponden bastante con generosidad y egoísmo". Su esposa fue un poco más escatológica, y dijo que en las próximas elecciones "es plata o mierda".
Tengo la impresión de que los partidos tradicionales lo tienen más claro que el Frente Amplio, donde parece primar el sentimiento de que ellos son "los buenos" que buscan cambiar a la sociedad, y por lo tanto quienes se les oponen son "los malos" que defienden el status quo (prejuicios que la Historia se ha encargado de controvertir). Pero lo cierto es que esa visión termina siendo fascista y peligrosa.
Deberían prestar atención a las palabras de otro frenteamplista, quien dijo que sus compañeros suelen hacer "una valoración que hace sentir que se está cumpliendo algo así como una misión (…) Mientras el país esté partido a la mitad y nosotros nos consideremos los buenos, de modo que todo lo que venga de la vereda de enfrente será malo, estaremos asistiendo a algo que es tremendo para el Uruguay, quizás uno de los principales bloqueos que tenemos que sufrir".
Ese frenteamplista fue Danilo Astori; aunque claro, lo dijo hace cinco años, cuando seguramente no imaginaba que el Pepe le iba a arrebatar la candidatura a la Presidencia. Cuando no se calentaba, y cuando no perdía. igalvar71@hotmail.com