THE ECONOMIST | PARÍS
Dominique de Villepin sabe una cosa que otra de administración de crisis. Fue Secretario de la Presidencia durante el primer mandato del presidente Jacques Chirac, en 1995, lo que constituyó un bautismo de fuego ya que Francia reanudó las pruebas nucleares en el Pacífico Sur. Dos años después, aconsejó al Presidente que disolviera el Parlament ante masivas protestas en las calles, lo que derivó en que la centro-derecha perdiera su mayoría parlamentaria a manos del Partido Socialista. En 2003, era Ministro de Relaciones Exteriores cuando Francia fue demonizada en Estados Unidos, como consecuencia de su activa oposición a la guerra de Irak. Pero, hasta este endurecido combatiente, quien ahora es Primer Ministro de Francia, debe advertir que la última serie de estallidos que enfrenta constituyen un tremendo desafío.
A lo largo de las últimas semanas, de Villepin ha pasado presuroso de un drama a otro. No bien había superado las repercusiones de la humillante decisión del presidente Chirac de hacer retornar al Clemenceau, un portaaviones que había sido sacado de servicio y enviado a India como chatarra, se produjo el estallido de pánico provocado por la gripe aviar en Francia. Desde que se descubrió, en las cercanías de Lyon, un pato muerto que era portador del virus H5N1, la enfermedad se extendió a un criadero avícola, por primera vez en Europa. Ante la indignación de los vociferantes agricultores franceses, 43 países ya impusieron la veda a la importación de aves francesas y de foie gras.
Desde ese momento, los desastres se multiplicaron. Una epidemia de chikungunya, terrible enfermedad trasmitida por mosquitos, comenzó en la isla francesa de Réunion y ya causó la muerte de 77 personas.
Por otra parte, existe temor de una nueva oleada de antisemitismo, después del sangriento secuestro, tortura y asesinato de un judío por parte de una banda en los suburbios de París.
Hasta la fusión de dos empresas de energía francesas anunciada hace diez días por el Primer Ministro, seguida de los planes para evitar que fuera tomada por una compañía italiana, pareció llevarse a cabo bajo pánico.
EXPLOSIONES. La popularidad de de Villepin cayó 11 puntos durante febrero, según la encuesta CSA, para situarse en 36%. En realidad, todos esos hechos no tienen vínculos entre sí, más allá de los problemas políticos que presentan. Sólo dos pueden ser calificados de errores. El retorno del Clemenceau constituyó una victoria para los militantes ecologistas, que habían acusado a Francia de exportar desechos tóxicos al Tercer Mundo. No es cierto, y el gobierno respondió que no estaba enviando "desechos" a India, sino "equipos de guerra", lo que está legalmente permitido, más allá de que hubiera que quitarle a la nave grandes cantidades de materiales riesgosos. Cuando el Conseil d’Etat, la Corte administrativa de mayor jerarquía en Francia, falló que el casco de la nave eran "desechos", el presidente Chirac, en vísperas de una visita oficial a India, ordenó el retorno del portaaviones.
El brote de chikungunya también parece involucrar omisión política. El año pasado, pese al rápido crecimiento del número de casos, el Instituto Nacional de Vigilancia Sanitaria declaró que la enfermedad "no es un fenómeno preocupante para la salud pública". En enero, el ministro de Salud Pública, Xavier Bertrand, la describió como "no fatal". Recién hace una semana, de Villepin viajó a la isla para anunciar U$S 90 millones en asistencia. El líder del Partido Socialista, Franois Hollande, dijo que "el gobierno mostró intolerable indiferencia".
Pero, los otros hechos refuerzan la impresión de un gobierno que es tomado por sorpresa. En el caso de la fusión en el área energética, el principio subyacente no llama la atención. De Villepin ha hecho del "patriotismo económico" su guía, denunciando acciones hostiles de extranjeros para adquirir empresas. La diferencia en este caso es que la fusión de Gaz de France y Suez, causa la impresión de haber sido hecha de manera precipitada y cuestionable. De Villepin aprobó el acuerdo solo después que quedó en evidencia que Suez era vulnerable a ser absorbida por parte de una empresa italiana. El sábado 25, convocó a una conferencia de prensa para hacer el sorpresivo anuncio. Desde que el acuerdo significa dejar sin efecto la promesa de no privatizar Gaz de France, los sindicatos lo ven como una acción para vender la empresa de manera furtiva.
CRIMEN. En el caso del secuestro y asesinato de Ilan Halimi, hubo frustración entre la comunidad judía de Francia porque llevó demasiado tiempo que se reconociera la característica antisemita del crimen. El Fiscal inicialmente dijo que no existían elementos para sospechar de antisemitismo. El tío de Halimi declaró al diario Haaretz de Israel, que el gobierno "tenía miedo de volver a encender la confrontación con los musulmanes".
El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, fue el primero que lo califico como "un acto de antisemitismo", al concurrir al Parlamento. Días después, bajo presión para que hubiera un gesto de solidaridad, Chirac y de Villepin asistieron al oficio religioso en recuerdo de Halimi, en la principal sinagoga de París.
PUEDE SER OPORTUNO O RIESGOSO
Lo último que el primer ministro Dominique de Villepin necesitaba era el pánico causado por la gripe aviar. ¿Podría darle la oportunidad de borrar la impresión del público de falta de preparación? Después de todo, había instalado un equipo ministerial de emergencia y ordenó vacunaciones, antes de que la enfermedad hubiera llegado a Francia. Un simulacro de infección en humanos fue organizado en Lyon.
A veces, una crisis bien administrada puede fortalecer la posición de un político o quizás dar la cobertura necesaria para aplicar políticas desagradables. No puede dañar a de Villepin que el pánico sanitario ocupe títulos de primera página de los diarios, en momentos en que intenta que el Parlamento apruebe nuevas normas en materia de contrato laboral, que son más flexibles, aunque muy impopulares, para quienes tienen menos de 26 años. La resistencia al proyecto es intensa, y puede explicar gran parte de su caída de popularidad. En los últimos días hubo masivas manifestaciones estudiantiles de rechazo al proyecto laboral.
El anterior primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, nunca recuperó su credibilidad después que miles de personas murieron mientras los ministros estaban de vacaciones, 7durante una ola de temperaturas calcinantes en el verano de 2003.
Una vez que perdió la confianza de los ciudadanos, ningún Primer Ministro se ha recuperado totalmente ni siguió para ganar directamente una elección presidencial.
UN CAMBIO DE IMAGEN COMO PIDIÓ EL GOBIERNO
Harry Roselmack, periodista negro nacido en La Martinica, fue elegido por el canal privado francés TF1 para presentar el telediario central el próximo verano —es el de mayor audiencia con 10 millones de espectadores— en remplazo de Patrick Poivre d’Arvor, periodista estrella de la televisión francesa, anunció un comunicado de la empresa.
Harry Roselmack será pues uno de los escasos periodistas negros que presenten los noticieros de la televisión francesa. Otra de las excepciones es Audrey Pulvar, también martiniquesa, que presenta desde setiembre pasado un telediario en el canal estatal France 3.
Tras los disturbios raciales el año pasado, el presidente Jacques Chirac hizo un llamamiento a los directivos de los medios de comunicación para que contrataran más periodistas de las minorías y "reflejaran mejor la diversidad francesa de hoy". Fuente: AFP