C.N.
De no ser porque nació en 1940, Eugenio Schneider sería alemán. Así lo deseaban sus padres -alemanes residentes en Argentina-, pero la guerra no lo permitió. En consecuencia, el menor de los tres nació en Buenos Aires, donde vivió los siguientes 22 años. Allí fue disciplinado a base de palizas ("siempre merecidas"), allí fue alumno de Jorge Luis Borges, allí se casó y fue padre por primera vez.
En 1962, el matrimonio se convenció de que "todos en la ciudad iban por el camino equivocado". Entonces decidieron mudarse a un sitio virgen de la presencia del ser humano: Estaquillas (sur de Chile). "En lugar de tomar un fusil y matar a todos los que pensaban diferente decidimos hacer la experiencia propia, someternos al amo más grande: la naturaleza", recuerda. Sin música, sin diarios, sin radio, sin auto ni hospitales; Schneider aprendió a sacar a hijos del vientre, a hilar lana, a construir una rueca; a sobrevivir en condiciones extremas. Los hijos fueron educados por la pareja (libros sí habían llevado, y en abundancia) y no conocieron la rueda hasta cumplir los seis años.
Pero Schneider no es un improvisado. Antes de partir estudió botánica, geografía y suelos. Para entonces, además, sus conocimientos de historia, filosofía y literatura ya estaban muy por encima del promedio. Por eso, cuando en 1978 un amigo le pidió asesoramiento para comprar una estancia en Uruguay, Schneider ya era un experto. "De campo sabía más que los más grandes masters que había acá. Porque leía", cuenta. Después de recorrer el país de punta a punta, los inversionistas compraron una Estancia en San Ramón (Río Negro), donde Schneider se quedó a trabajar en la producción de novillos gordos.
En 2000, una "picardía" lo convirtió en accionista del Frigorífico Casa Blanca (Paysandú): "Compré US$ 20.000 en acciones porque era más barato que pagarle US$ 3.000 a (la agencia de noticias) Reuters para que me informara sobre el mercado. Si tengo un frigorífico, tengo toda la información. A los seis meses ya era presidente del directorio", relata.
Diez años después -con 8 hijos, 17 nietos, 7 bisnietos, tres matrimonios terminados y una nueva "compañera"-, Schneider continúa al frente de la empresa. Hoy es un referente ineludible dentro de la industria cárnica, una figura muy conocida en el ambiente agropecuario y un empresario acostumbrado a codearse con inversores y autoridades de gobierno. De hecho, es amigo del presidente José Mujica.
En 2010 y con 70 años cumplidos, decide publicar "esbozos" de un diario personal, una especie de "microensayos" titulados Al desgaire (Estuario Editorial).
Se trata de textos breves y punzantes en los cuales reflexiona sobre la vida, la muerte, la música, la política, la democracia, el sexo, la izquierda y la derecha. A lo largo de las 149 páginas, Schneider se despacha. En su palabra escrita y en su conversación queda clara una cosa: es un hombre sin pelos en la lengua. Se puede discrepar con su mirada, pero no hay dudas de que se expresa con la verdad. Su verdad.
-En su libro afirma que en cuanto juego electoral, la democracia "es un rendido homenaje a la ignorancia". ¿A qué se refiere?
-Imaginemos que yo tengo una empresa y que cuando voy a hacer un negocio o una inversión o un cambio, ¿a quién voy a consultar? ¿A todo el mundo o a los que saben? Entonces, no estoy en contra de la democracia, pero quiero que se sepa lo que es, que no se le pida más. Nunca le pidas a nadie más de lo que puede dar. Si le pedís más, empieza la joda.
-¿Y cuál sería el sistema ideal?
-No, no, la democracia. No tengo otro mejor.
-¿Cómo definiría al empresariado y trabajador uruguayo?
- El uruguayo como trabajador debe ser de lo mejorcito que hay en América, pero no está bien mandado, ni por sus compañeros ni por los patrones.
-¿Qué es más difícil cuando hay que instrumentar cambios, convencer a un empresario o a un empleado?
-Por esa respuesta ya cobro, no es gratuita (risas).
-¿Cómo observa el fenómeno de extranjerización de los frigoríficos en Uruguay?
-Hay una cosa que la gente no sabe: este país hace muchos años que está en venta. Se va vendiendo pedazo a pedazo. Es una realidad, ni siquiera estoy en contra, simplemenle consigno. Imaginate que tú heredaste un edificio grande con 300 habitaciones. Al principio las alquilas, pero después empezás a vender. Así entra plata siempre y vos vas a poder llevar un nivel de vida extraordinario, vas a tener sindicatos de principio del siglo XX y toda clase de lujos. Este es un país que se empezó a vender hace tiempo, pero nunca se vendió tanto como en el gobierno de Vázquez. No porque él fuera pérfido, simplemente por las circunstancias.
-¿Cómo visualiza el futuro en este escenario?
-No lo conozco, yo estoy acá para trabajar. Y te digo una cosa: me voy a quedar acá hasta morir y voy a poner lo que me corresponde.
- ¿Qué tres medidas tomaría usted si estuviera al frente del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP)?
-Creo que es el Ministerio que precisa menos medidas inmediatas, urgentes, transformadoras. Eso lo aprendió costilla de sí mismo un amigo mío, que ahora es Presidente de la República, y lo hemos hablado mil veces. Creo que se dio cuenta que no era tan importante hacer cosas ahí, que es mucho más importante hacerlas en otros ministerios.
-¿Por ejemplo?
-El de Transporte, el de Economía. Pero ojo, en este último caso no porque esté en contra de lo que se está haciendo, sino porque se le está siempre pidiendo cosas que no puede dar, y es difícil gobernar una caja cuando te piden cosas visceralmente, por hambre, o al grito.
-¿Qué le gustaría que dijese su epitafio?
-"Su mano fue larga, a veces dura. Nunca una garra" (de su libro de poemas Sin cuenta).
Sobre otros poderosos
José Mujica. "Un amigo". Tabaré Vázquez. "El oncólogo... lo conocí personalmente en Alemania, nos dimos unos abrazos. Es un hombre muy congruo (de congruente) con el Uruguay. Siempre dicen que cada país tiene el gobierno que se merece. Bueno: Vázquez".
Luis Alberto Lacalle. "Un muchacho capaz de hacer muchas cagadas pero abierto a principio muy valiosos. Aprecio mucho su capacidad de ver cosas que otros no ven y de decirlas con cierta claridad y precisión. Incluso más, en una calificación que hice de todos los presidentes del Uruguay que yo conocí -desde Aparicio Mendez, el Goyo Álvarez, etc.-le puse 6 en diez, el más alto".
Julio María Sanguinetti. "Tan congruo como Vázquez".
Tabaré Aguerre. "Un simpático proveedor de vacas de mi frigorífico. Recién está empezando, no puedo decir nada".
Hugo Chávez. "Mono con escopeta".
Augusto Pinochet. "El mandril que probó todas las cosas que había para probar, porque tenía el poder. Desde su punto de vista fue un patriota, porque al patriota no hay que juzgarlo por los resultados, sino por su actitud. Encontró un camino, que no lo encontró él, era el camino. Ese es el mérito que tiene. A mí me aburre".
Barack Obama. "Lo mejor que le podía ocurrir a Estados Unidos es tener un negro en la presidencia. No sé si es bueno o malo, pero la grandeza de ese país es haber resistido toda la mierda que tuvo como presidentes en el siglo XX. Ni uno sirvió. Por eso no me importa, el país puede resistir".