El nuevo Papá

Los hombres "modernos" ayudan en la casa y cuidan a los niños, ¿lo hacen por voluntad propia o son obligados por la vida moderna que llevó a las mujeres al trabajo? Entre el papá proveedor y el papá emocional, surge la incertidumbre de un modelo en transición. En medio surge el peligro de que el padre se olvide de la autoridad para dedicarse únicamente a ser amigo de su hijo. Los expertos opinan.

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GABRIELA VAZ

La generación de varones que cambia pañales, saca a pasear al bebé en el cochecito y no le tiene miedo a los mimos es la protagonista de la nueva paternidad, pero es sólo una de sus facetas. El milenario rol ha dado un giro acelerado en las últimas décadas y ahora busca una definición que contemple sus múltiples formas. Es que ya no existe un modelo único de padre, función que hoy puede adquirir significados varios, aseguran especialistas de diversas áreas. Eso sí, los mismos expertos aclaran que, aunque ya no sea "políticamente correcto", el discurso tradicional que ensalza la figura del padre proveedor, autoritario y distante todavía no está obsoleto.

LIO. Lo cierto es que existe un consenso, o al menos una percepción generalizada, de que actualmente los hombres son más afectuosos con sus hijos, están más presentes como padres y son más colaboradores como pareja. El psicólogo Alvaro Alcuri entiende que mientras "la mujer ha masculinizado su rol, el hombre ha feminizado el suyo por un obvio corrimiento. Las mujeres nos fueron corriendo del rol de macho clásico. Se colocaron en nuestros ámbitos. Si salen a trabajar, van a precisar ayuda en la casa. Y nos resistimos. El conflicto de pareja que se plantea es: ¿de qué se ocupa cada uno? Antes estaba sobreentendido, hoy se arma lío".

Mucha agua pasó bajo el puente desde aquella sociedad de mediados del siglo XIX, en la que los hombres se veían forzados a trabajar todo el día y el contacto con sus hijos urbanos se reducía considerablemente. "Los padres modernos han estado ausentes de la vida de sus hijos, tratándolos muchas veces con extrema severidad como una forma de trasmitir la disciplina y autoridad que se ha supuesto parte de sus deberes. Los cambios socioculturales y el ingreso masivo de la mujer al mercado laboral han modificado las relaciones entre padres e hijos, y especialmente las funciones que cada uno ejerce", explica el libro Paternidad hoy, editado en diciembre de 2004 por la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (Audepp).

De esta manera, vale preguntarse si la nueva forma de paternidad de estos días obedece a una revolución genuina del hombre o si se trata tan sólo de amoldarse al escenario que generó la mujer. "La revolución femenina fue la más grande y exitosa del siglo XX. El estatus de la mujer cambió radicalmente. Eso hace que nosotros nos tengamos que acomodar. Ni remotamente estamos haciendo ninguna revolución de nada. Nos estamos acomodando a los cambios cataclísmicos que sufrió la familia, la convivencia", responde Alcuri.

DIFERENTES. Cada vez más, los varones incursionan en quehaceres que antes pertenecían exclusivamente a la esfera femenina. Y el cambio más radical es que no lo hacen únicamente empujados por la necesidad, el desempleo o el pedido expreso de sus cónyuges, sino por propia voluntad. Para la antropóloga y docente de Facultad de Humanidades, Susana Rostagnol, esto sucede porque hay una modificación del ámbito doméstico, así como del ámbito público. "Los hombres se encargan de realizar tareas tradicionalmente de mujeres, felices de hacerlo, orgullosos y no a escondidas de los amigos. Pero no es una igualación de roles, porque hay cosas que siguen siendo diferentes".

En este intercambio de funciones nada está preestablecido y tanto mamá como papá parecen aptos para hacer todo de la misma manera, cayendo en una equiparación que a veces puede resultar extrema e irreal. "La igualación es una quimera. La conquista de las mujeres en cuanto a ser tratadas de forma igualitaria en sus derechos cívicos y en la oportunidad de acceder a trabajos es fantástica. Pero es una ficción decir que todos somos iguales, más allá de los géneros; hay gente más capacitada para los números que para las letras", sostiene el psicólogo Alcuri.

Esta indiferenciación exaltada se constata hasta en el lenguaje. Algunas frases que hoy los padres utilizan con frecuencia, como "estamos embarazados", pueden ser un síntoma de confusión y exageración de esta tendencia, más allá de una simple moda. "No somos iguales, no somos lo mismo. Las mujeres se embarazan, los hombres no. Por ese tipo de tonterías se terminan muchas parejas. Es como decir ‘los dos manejamos exactamente de la misma manera’. No, de repente a vos te gusta más y lo hacés mejor. Entonces, manejá vos", sentencia Alcuri.

Por su parte, la psicóloga Ana Barrios, integrante del Grupo de Investigación de Psicoterapia de Niños y Adolescentes de Audepp, entiende que el hecho de que se compartan funciones no quiere decir que se mezclen roles. "La diferencia es sana. Aparte, no es lo mismo la función de la madre o el padre cuando nace el niño, que cuando este tiene dos años, está en la escuela o es un adolescente".

REDEFINIR. La modificación del rol masculino se enmarca en un cambio más amplio: el del concepto de familia occidental clásico. Aunque, asegura Barrios, nunca existió, a lo largo de la historia de la humanidad, un modelo único de familia, atemporal y absoluto, sino que este depende de cada época y sociedad.

Actualmente, se han sumado una gran variedad de formas a la figura del padre. "Familias ensambladas, ampliadas, monoparentales, gays. Lo importante no es la estructura familiar en sí, sino cómo esta funcione. Es fundamental que el niño reciba afecto, educación y límites", explica la psicóloga.

En medio de este quiebre con el sistema pasado y a la luz de las nuevas estructuras familiares, ¿qué significa ser padre? "Lo que define a un padre es el querer serlo, el poder serlo", indica Barrios. Por su parte, la antropóloga Rostagnol destaca que, en una sociedad altamente divorcista como lo es la uruguaya, donde hay muchos padres ausentes o alejados, es imperioso redefinir la paternidad. "En muchas familias el papá es el marido de la mamá, más que el papá biológico, al que el chico ve una vez por semana. Habría que ver qué define al padre hoy. En ese sentido hay una modificación. Incluso, desde el punto de vista antropológico, una pareja de gays pueden ejercer perfectamente la paternidad. Creo que hay que pensar en más definiciones de padre y revalorizar su función. Ese es un cambio que va a haber", asegura.

DISCURSOS. Un detalle cotidiano denota en forma silenciosa la flexibilización de algunos discursos: los varones, sobre todo los más jóvenes, se saludan entre ellos con un beso en la mejilla. Y aunque parezca nimio, este es un permiso que antes estaba vetado.

El acercamiento del hombre a su costado más sensible y emocional le brinda cierto prestigio, a la vez que lo aleja de la vieja ecuación que ataba la masculinidad a la autoridad, la fuerza y el poder agresivo. "El amor y los cuidados tempranos han dejado de ser exclusividad de las mujeres y a partir de los 60 han empezado a sumarse nuevos padres que sin temor a perder su virilidad, participan desde el comienzo en la crianza de sus hijos. En el contexto actual es cada vez más difícil ejercer la paternidad tradicional", se lee en las páginas del libro Paternidad hoy.

Muchos jóvenes han asumido características de "paternaje", así como antes se hablaba de maternaje con respecto a los cuidados de la mamadera, cambiar los pañales, llevar los niños al jardín y acompañarlos en la escuela. No obstante, este escenario no echa por tierra el discurso anterior. "Eso convive con otros padres, de la misma edad y sectores sociales, que continúan teniendo el rol tradicional: el padre es el proveedor, el que da órdenes, el distante, el que con pagar algo —la comida o el colegio— alcanza. Sucede con hombres que están todo el día afuera por trabajo y quieren que en la casa todo esté resuelto. No conocen ni el nombre de la maestra de sus hijos, ni quienes son sus amigos. Delegan todo eso en sus esposas y madres", dice Rostagnol.

Esta visión es muchas veces inculcada por la educación formal, como la escuela o el jardín. "A los niños les dicen ‘llevale a mamá, decile a mamá, pedile a mamá’, y de repente es papá el que prepara la vianda", apunta.

Así, el nuevo modelo de padre, que genera loas de la sociedad por cada pañal cambiado, convive con aquel cuyo único deber es ser el sustento económico de la familia. "Hay un modelo más colaborador pero no todos lo están llevando a cabo. Convive con sectores más machistas", dice la antropóloga.

Alcuri coincide con esta afirmación. "El discurso de la masculinidad no terminó, sino que coexiste. Este no es un país moderno. Lentamente empieza a tallar el nuevo paradigma. Cuando al consultorio llega una pareja de 50 años, están en el discurso antiguo en crisis. Cuando tienen 30 años, están en pleno proceso de transformarlo. Cuando llega una pareja jovencita, los tipos son mucho más plásticos, porque quizá hasta sus propios padres hayan revisado ese antiguo código", relata el psicólogo.

El apego al viejo rol se puede apreciar incluso en los medios de comunicación, que utilizan esa imagen de padre como prototipo. "En televisión, películas y comerciales se destaca el modelo tradicional. Hay una promoción de un supermercado donde el premio para el padre es un paseo en Ferrari o en Porsche. Eso es una exacerbación de la virilidad, de poderío, se apela a lo más tradicional", indica Rostagnol.

FUTURO. En tanto, y para no perder la costumbre, tampoco en este tema la siempre presente globalización escapa a la hora de cargar culpas. "Ser padre es mucho más complicado y difícil de lo que era antiguamente. En un mundo cargado de mensajes simultáneos, contradictorios y confusos, en el que el aumento de la violencia se está haciendo incontrolable, los padres de hoy están mucho más informados y mucho más desorientados, desbordados y muchas veces desvalorizados en su función. Esta nueva realidad genera mucha confusión", afirma la psicóloga Barrios.

Uno de los riesgos de la paternidad de hoy es pasar de ser el padre autoritario a ser el padre "amigo". "Ser padres es esgrimir una autoridad sana frente al hijo. Autoridad es lo opuesto al autoritarismo y a la libertad sin límites. Es el punto medio, ése que nos marca el sentido común, donde no sometemos al otro ‘porque yo lo digo’ pero tampoco abandonamos a nuestros hijos en un laissez faire que los deja solos", explica la experta.

Mientras, todos los especialistas coinciden en que las consecuencias de estos cambios todavía no están claras, puesto que ni siquiera el cambio mismo terminó de definirse. "Al estar en revisión los roles de padre y madre, pueden derrumbarse las estructuras familiares. En realidad, van a resisitir los cambios, pero se van a reformular. Estamos en pleno proceso. Cada familia se ve enfrentada a este desafío. Hoy se vive una inseguridad, una falta de reglas claras de juego. No se sabe bien quién hace qué, qué está bien y qué está mal, hacia dónde ir. Las reglas se reformulan y por ende no están claras", sostiene Alcuri.

Pero en definitiva, el cambio es tan inevitable como lo fue la Revolución Francesa mirada desde una perspectiva histórica, opina el psicólogo. "Las revoluciones suelen ser cruentas, cuestan trabajo. Esto no va a cambiar en 40 años cuando tiene una inercia de siglos, por más que hoy sea políticamente correcto estar en contra de las viejas tradiciones".

Tampoco la antropóloga Rostagnol se anima a predecir lo que viene. "Hay dos vertientes bien contrapuestas y están en tensión, la del acercamiento a las emociones y la de la violencia exaltada, un modelo social de masculinidad recio y autoritario. Además, a diferencia de los cambios tecnológicos, los cambios culturales siempre son lentísimos".

ANDReS

TULIPANO

49 años. Guionista y productor.

Dos hijas, de 4 años y 6 meses.

"Mi recuerdo de mi niñez tiene mucho que ver con este hoy. Salvo el entorno, con la televisión en colores y la computadora, no hay muchas diferencias entre mi relación con mis hijas y la que tuve con mi padre. No han cambiado los temas. Claro, mis hijas son chiquitas, tienen tiempo. Si tuviera hijos adolescentes quizá tendría una perspectiva distinta. De todas formas, creo que lo fundamental es tener el tiempo para pasar juntos. Puede ser que los papás de hoy sean un poco más colaboradores que los de antes. Yo colaboro y estoy mucho con mi esposa. Eso es importante. Pero mi padre también lo hacía. Soy consciente de que hoy hay división de roles y están más repartidos porque las mamás salen a trabajar".

LUIS ROSADILLA

51 años. Diputado del MPP. Seis hijos de 20, 18, 17, 12 (2) y 11 años.

"Mi papá era espectacular. Me hizo confitero, hincha de Bella Vista, me enseñó a pescar y a echarle el ojo a las chiquilinas. Claro, en nuestro caso la relación era distinta porque se daba también en el ámbito laboral. Las relaciones familiares de hoy son menos rígidas, más directas, más horizontales y menos estructuradas. Eso tiene cosas buenas y malas. Lo bueno es que uno se entera más rápido de qué están pensando los hijos y puede comunicarles más rápidamente lo que uno piensa. Lo malo es que, por el ritmo de vida, se tiene menos tiempo para dedicarles. Los chiquilines de ahora tienen otras cabezas, son más espontáneos, más sinceros. Nosotros veíamos la vida en blanco y negro. Hoy son mucho más abiertos y frescos que nosotros".

RICARDO PIÑEYRuA

52 años. Periodista y comentarista deportivo. Dos hijos, de 30 y 27 años.

"En esta época hay mayor cercanía en el trato y el relacionamiento es más horizontal. La relación de padres e hijos de mi generación estaba basada más en el respeto obligado que en el respeto del diálogo. Los padres eran la autoridad absoluta e indiscutible. Creo que mis hijos cuestionaron mis opiniones y decisiones. En esta relación más horizontal también jugó que mi generación tuvo hijos muy jóvenes y hay aspectos culturales que hemos compartido como el rock o el jean, por ejemplo. Me parece que para los padres actuales el rol es mucho más complejo, ya que la influencia del medio es muy fuerte. Hoy el tiempo de contacto con los hijos es muy poco, a los niños y jóvenes llega mucha información e influencia a través de los medios. Es un gran desafío para la sociedad futura resolver esos cambios tan vertiginosos y fuertes".

PABLO SILVERA

22 años. Músico, vocalista de Once Tiros.

Un hijo, de 3 años.

"La relación que tengo con mi hijo es diferente a la que tuve con mi viejo por las vivencias que hemos tenido. En su época se estaba viviendo otra realidad, por la dictadura, había más persecuta. Además, mi viejo viene de una familia mucho más humilde, laburaba todo el día y nos veíamos poco y nada. Después, cuando tenía 5 años, mis padres se separaron. Pero él siempre estuvo, para todo, para un evento en la escuela o lo que fuera, iban los dos. También me apoyó con la música. Yo estoy separado de la madre de mi hijo y soy bastante más chico de lo que era mi padre. Aparte tengo otra cabeza, soy más colgado, más de jugar. A mí me gusta mirar un dibujito de Batman, aunque esté solo, imaginate. Por eso somos más compinches. Pero es mi personalidad. Con mis amigos soy igual a como soy con mi hijo. ¡Claro que me tocó cambiarle los pañales!! En ese momento la madre trabajaba y yo me quedaba de sol a sol. Toda la etapa del destete la hice yo, a full".

ROY BEROCAY

50 años. Escritor y músico. Cinco hijos, de 30, 28, 23, 16 y 14 años.

"Es bastante diferente la relación que tengo hoy con mis hijos a la que tenía antes con mi padre. Antes la autoridad estaba más marcada. Había una diferencia generacional más fuerte que se veía, por ejemplo, con los gustos distintos de música, libros. Creo que ahora se comparten y se intercambian más cosas, es más participativo. Claro, sin dejar de lado el rol que corresponde, todo bien con lo de amigos pero hay que marcar los límites. Hoy toco en una banda en la que tocan dos de mis hijos. Ahí el vínculo es otro; cada uno opina, discute, plantea las cosas con igualdad. Después, en casa, se retoman los roles naturales. Eso nunca lo podría haber hecho con mi padre, más allá de ir al fútbol".

JAVIER GARCiA

42 años. Diputado por Alianza Nacional. Tres hijos, de 7, 5 y 2 años.

"Naturalmente, uno traslada en la relación con sus hijos, hasta sin darse cuenta, la que tuvo con su padre. Quizá la diferencia está en que nosotros requeríamos, o nos conformábamos, con menos respuestas de las que nos exigen los niños hoy. Esto no quiere decir que un vínculo sea mejor que el otro, sino que los tiempos en que se dan son diferentes. Nadie da examen para ser padre, es una experiencia intransferible y muy personal que no viene en molde. En los últimos años cambió la dinámica social y laboral de la pareja. Aquello de que el padre trabajaba afuera y la madre quedaba en casa es cosa del pasado. Por ello, el padre se involucra y participa más de la vida diaria del hogar y de la crianza cotidiana de los hijos. Y esto me parece muy bien".

LOS TRES PARTOS DE LOS HOMBRES

EL MERCURIO | Juan Pablo Díaz, siquiatra

Hoy los hombres van caminando hacia una paternidad más comprometida, responsable y participativa. En definitiva, más auténtica, en que ellos no ven su paternidad como una exigencia, sino como un regalo. Una generación muy diferente a las anteriores. El padre actual ya no es el proveedor, que sólo establecía las normas, corregía o premiaba. Es una figura que está presente, y también el hijo lo reconoce como tal.

PRIMERO. En el primer parto del padre la mamá lo va incorporando para comenzar juntos a hacer el camino. De alguna manera es la madre quien entrega el hijo al padre, quien le dice al niño "Éste es tu papá", dándole así un origen, un estatus y una familia.

Para ejercer mejor el rol paterno existen ciertos requisitos: la negligencia, por ejemplo, es una actitud que no se puede aceptar. Muchas veces los papás tenemos tan poco tiempo, estamos tan ocupados, que no pensamos en las necesidades de nuestros hijos.

La imagen de padres cercanos, presentes, ausentes o autoritarios es desarrollada por los niños durante sus primeros años de vida, y después, a medida que crecen, lo que van haciendo es confirmarla o no.

SEGUNDO. Cuando los hijos son adolescentes tienden a alejarse de sus padres, y para el hombre aquí viene su segundo parto. El quiebre es inevitable porque para llegar a ser adultos, los adolescentes deben formar su autoimagen y cuestionarse la imagen paterna, que es la que entrega las normas. Por eso, el conflicto mayor es con el padre, y no con la madre.

La relación con la madre se complica, pero es el padre el que pone la autoridad. Ella entrega la vida, mientras él es quien raya la cancha.

Muchas veces los padres, en un cuidado mal entendido, evitan el conflicto con sus hijos. Frente a una situación, un padre no puede caer en el le hablo o no le hablo, le digo o no le digo, ¿qué le digo? En el no atreverse a decir nada. Esa excesiva condescendencia respetuosa simplemente puede pasarse para el límite razonable. Es cierto que la relación padre-hijo ha cambiado, y el hijo ahora hace valer sus derechos como persona, pero el padre tiene que saber qué significa eso, interpretarlo y entregarle las posibilidades para que crezca, ayudándole a hacerse grande y parirlo en este segundo parto.

TERCERO. La tercera etapa que vive un padre en la relación con sus hijos la experimenta cuando éstos son adultos, y convierten al padre en abuelo. Éste es quizás uno de los períodos más satisfactorios, en que se valida lo que se hizo como padre. Se empieza a ver cómo nuestros hijos son padres, y es maravilloso observar cómo repiten algunas actitudes y comportamientos de uno mismo, ya que en alguna parte lo aprendieron, lo observaron.

Vivimos un momento de grandes oportunidades. Un nuevo camino se irá abriendo en estas nuevas generaciones de padres, vamos a llegar a un momento en que el padre y la madre van a compartir roles de una forma mucho más simétrica, y estarán más juntos; en que a nivel de pareja se dará más la autoridad compartida. Pero no me refiero con esto a roles alternados, sino a la complementación.

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