EL PAÍS DE MADRID | JAVIER SAMPEDRO
Ni tres años han tardado los creadores de etiquetas en hartarse del "metrosexual", ese hombre revolucionario que usaba cremas faciales y leía Vogue, y sustituirlo por un nuevo modelo. Recio, masculino y comprometido. El hombre ha vuelto. Pero, ¿de dónde? ¿Y qué piensa hacer después?
El übersexual es un nuevo hombre surgido en reacción al metrosexual que apenas habíamos empezado todos a asimilar. Sí, parece otro invento para vender ropa y que encima se va pendiente abajo porque la estética del metro, al menos, pretendía envolver para regalo a un hombre liberado de sus lastres glandulares.
El nuevo término, acuñado por la publicista estadounidense Marian Salzman, de la agencia neoyorquina Walter Thompson (la más antigua del mundo) quiere sonar como una bofetada en el delicado cutis de su afeminado antecesor. Lo de metrosexual había funcionado bien por su mera sonoridad -evocaba a homosexual- y ya con eso desvirilizaba.
Salzman ha agarrado al metrosexual por la coleta, le ha arrancado el metro, con todas sus tiendas, peluquerías y gimnasios, y le ha metido un über de caña alta. El prefijo alemán significa "encima de", pero los galeristas neoyorquinos lo han adoptado como un superlativo, y ahora un artista no hace clips ultramodernos, sino übermodernos. Así que el nuevo hombre übersexual sería ultrasexual por lo semántico, ultra-heterosexual por lo etimológico y un ocho por la escala de Richter. Temblad, hembras. ¿Alguien piensa vender ro-pa con eso?
No. El concepto es tan burdo como la palabra lo designa. El ícono que propone Salzman para sustituir a David Beckham no es Pedro Picapiedra, sino Bono (cantante de U2). Su actitud sobrada no emerge de la rectitud, sino de la convicción, y su renacido atractivo de "hombre de verdad" ya no consiste en negar toda preocupación por el envoltorio estético, sino en usarlo para envolver algo: un paquete de nobles principios y justas causas. ¿Suena mejor? Tal vez le guste el tono general, pero no soporte a Bono. Igual, la idea es lo que cuenta.
Quite el CD de U2 y ponga el DVD de George Clooney. Es masculino sin caer en lo caprino, vuelve locas a las mujeres pero desmiente con sencillez las proezas que le atribuyen los tabloides, podría ganar más dinero delante de cámaras pero prefiere gastárselo poniéndose detrás, y se permite comparar a Bush con McCarthy en un país donde la mitad de la población te boicotea una película pese a estar de acuerdo con la comparación, o pese a no saber ni quién es McCarthy. También son paradigmas übersexuales Ewan McGregor, Pierce Brosnan y Bill Clinton.
Pero sigue siendo un invento para vender ropa, ¿no? Todo indica que, con la excusa de redimirnos de una moda vacía y fugaz, nos han vendido otra moda igual de vacía y de fugaz, y de paso nos han vendido un traje. Un hombre nuevo cada tres años: es lo que dura en el vano mundo de agencias neoyorquinas.
Y, sin embargo, la idea de que el übersexual es una moda inventada para sustituir otra moda, es absurda. Fíjese en la caracterización del personaje: vinos añejos, habanos, viejas causas justas y una filosofía política -los Derechos Humanos- basada en la obra del escocés John Stuart Mill, que lleva muerto 130 años. Compra The Economist y The New Yorker, dos revistas fundadas en el siglo XIX, y está representado por un cantante y tres actores que podrían ser los tíos abuelos de los metrosexuales David Beckham y Orlando Bloom. Es una extraña forma de recambio generacional.
FEMINISMO. ¿Qué ocurre aquí? Pues que la publicista Salzman no ha inventado al übersexual; lo ha descubierto. La rápida sucesión de dos estéticas masculinas no es más que una nueva versión de juguete de un proceso que empezó 40 años antes en las mujeres.
Como lógica reacción a milenios de explotación, el feminismo radical de los 70 identificó lo femenino con la causa de la discriminación y creó un estereotipo andrógino: pelo corto, ropas rectas, rechazo a la maternidad, adopción al estilo sexual de los hombres, aversión al mero concepto de instinto maternal, o incluso al deseo de tener hijos. Ello fue evolucionando hasta la feminista actual, que sigue reivindicando sus derechos en un mundo desigual. Pero ya hace mucho que la liberación femenina no consiste en liberarse de lo femenino, sino en liberar a lo femenino de los lastres irracionales que lo han acompañado por 50.000 años.
El metrosexual es el equivalente publicitario, y trasladado al hombre, de aquellas feministas radicales de los 70: un artefacto cultural que, con el objetivo de romper la inercia milenaria de macho, intentó construir el mito de un hombre privado de la naturaleza masculina. Lo intentó de una forma chapucera, es cierto, a base de imitar en parte a las mujeres, en parte a los gays, y en ambos casos sólo en los aspectos más superficiales e irrelevantes.
El übersexual equivale a la feminista actual: un hombre tan liberado del macho tradicional como lo pueda estar el peinado de Beckham.
El frívolo mundo de la moda ha trasladado a los hombres a una versión comprimida de la historia reciente del feminismo. Los hombres tenemos una oportunidad de oro, porque ese übersexual encierra una lección que de otro modo tardaremos 40 años en aprender: que la liberación masculina no consiste en liberarse de lo masculino.
A nadie se le ocurre que el feminismo de hoy sea una moda absurda o una estrategia publicitaria. Por el contrario, se parece mucho a la verdadera naturaleza femenina. Ni las mujeres eran ese robot programado para satisfacer los caprichos del berraco, ni ese arcángel inmaculado inventado por el feminismo radical para liberarla del berraco.
Y el hombre no es Pedro Picapiedra, pero tampoco David Beckham. El hombre es algo muy parecido a este invento de Marian Salzman. El übersexual es exactamente lo contrario a una moda pasajera. La publicista ha descubierto nada menos que la naturaleza masculina.
GENES. El córtex cerebral, sede de la mente humana, es una ciudad con miles de genes que determinan diversas características.
Las mujeres, por ejemplo, tienen una capacidad innata para recordar la posición de los objetos en una colección caótica y perciben de inmediato si uno de ellos ha cambiado de lugar. Tienen también más capacidad verbal, más velocidad para percibir analogías y más fluidez para generar ideas al hilo de cualquier categoría semántica. Los hombres, en tanto, superan a las mujeres en tareas espaciales, como la geometría y la rotación mental de los objetos, y tienen mejor puntería sin necesidad de entrenamiento.
Que los niños prefieran jugar con pelotas y las niñas con muñecas no tiene nada que ver con prejuicios de los padres: los monos hacen lo mismo.
Es que cientos de datos de la psicología experimental lo corroboran. El cerebro femenino nace optimizado para manejar su entorno inmediato y para formular un modelo abierto sobre la complejidad de la mente y de las sociedades humanas. El cerebro masculino es una especialización para cazar, orientarse en territorios amplios y defender a la tribu de agresiones externas. Las leyes de la biología pueden ser una desgracia, pero no hay más remedio que convivir con ellas.
¿Qué futuro le espera al übersexual de Salzman? La resurrección moderna de la naturaleza femenina está funcionando porque es una biología optimizada precisamente para desenvolverse en una sociedad compleja. Más aún: para comprenderla, codificarla y transmitirla a un niño como un modelo de mundo.
En tanto, el übersexual de Salzman también tiene su lugar en el mundo moderno. Puede servir para tres cosas muy importantes y valiosas (ver recuadro). Pero ante todo, saludemos que vuelva el hombre. Aunque vuelva del bar.
Tres razones para aceptar el nuevo perfil
¿Para qué sirve en el mundo moderno esa oscura naturaleza masculina que quiere devolver el übersexual? Para tres cosas.
La primera es hacerse por fin con el manual de instrucciones de la propia mente.
En segundo lugar, la psicología masculina muestra una dispersión estadística mucho mayor que la femenina. Los sotes en física suelen ser hombres, pero los genios también. Los hombres son útiles.
Tercero: la altura del escalafón por la que van los varones no siempre es su sitio natural. A veces resulta más propia de las mujeres.
Puede parecer un ataque. Mejor es tomarlo como la oportunidad de ganar una vida mucho más inteligente y feliz.