NEWSWEEK | ROMA
En 1986, el exitoso escritor brasileño Paulo Coelho recorrió a pie el antiguo camino religioso desde la frontera con Francia hasta la Catedral de Santiago de Compostela, en el noroeste de España. Recuerda con una sonrisa que, en esos tiempos, quizás 450 personas hacían la famosa peregrinación cada año. En la actualidad, ese es el número diario que hace el recorrido. Unos 100.000 peregrinos se registraron en la Iglesia Católica de Santiago, el año pasado, después que caminaron por la ruta de 764 kilómetros. Las autoridades europeas estiman que un número tres o cuatro veces superior hizo parte o la totalidad del viaje, pero nunca se presentó formalmente para ser contado.
Se espera que en el verano del hemisferio Norte de es-te año el número sea superior. En efecto, durante los meses pico de julio y agosto, los sinuosos senderos a través de los Pirineos -un peregrino murió como consecuencia del frío, a comienzos de abril- y en los senderos rocosos a lo largo de las colinas de Galicia que forman el Camino de Santiago, se parecerán por momentos a una pintoresca escena como también a un alto camino para acceder a lo sagrado. Los peregrinos formarán una diversidad, ya que provendrán de diferentes lugares del mundo. Algunos caminarán o llegarán en bicicletas; otros lo harán montando a caballo y algunos en sillas de ruedas. Un grupo minoritario camina la totalidad de la ruta; otros recorren algunos tramos. Cualquiera sea el nivel de fervor, todos forman parte de un fenómeno global que crece con rapidez. Es una nueva era de peregrinación que transforma la manera como mucha gente venera y como se ve a sí misma.
Las peregrinaciones han existido desde hace milenios y siempre han constituido viajes hacia el descubrimiento personal. "Cada una es un viaje de transformación hacia un centro sagrado", señala Philip Cousineau, autor de "El arte de la peregrinación". El hecho de que de pronto haya resurgido indica el nacimiento de una nueva espiritualidad, por lo menos como lo ve Coelho. "El camino a Santiago estuvo dormido durante 400 años", indica. "Y, de pronto, despertó de manera espontánea". Los escritos de Coelho quizás tengan vínculos con ese hecho. Inspirados por sus experiencias espirituales y místicas personales, sus libros "La peregrinación" y "El alquimista" han vendido cientos de millones de ejemplares en numerosos idiomas. "La gente está retornando a los verdaderos valores: caminar, aprender a tener una vida sencilla, tener contacto con la gente y llevar muy poco equipaje. Estas son buenas metáforas para la vida", afirma. "Hay que mantener presente a Santiago, que es el destino simbólico, pero disfrutar del camino". El fenómeno tiene su mayor impacto en Europa. Mientras las iglesias cierran en muchos rincones del continente, creciente número de peregrinos se moviliza.
DESPERTAR. Muchos son jóvenes de pensamiento independiente y otros buscan la exaltación colectiva que se encuentra entre los millones que sufren, esperan y oran en lugares sagrados como Lourdes, en Francia y Fátima, en Portugal. Para muchos, quizás para la mayoría, la atracción está en el propio viaje. "Por cierto, algunos lo hacen porque son turistas y otros porque les gusta el desafío físico", indica Edward Condry, de 53 años, sacerdote anglicano de la Catedral de Canterbury. "Cualquiera sea el motivo al comienzo, muchos tienen, al final, una sensación de despertar espiritual".
Tras haber caminado varios tramos del camino a Santiago a lo largo de los años, Condry ahora lidera un grupo de más de 30 ciclistas, de 16 a 64 años, que va a recorrer de Canterbury a Roma, a lo largo de la antigua Vía Francígena. Durante 16 días, recorrerán 1.920 kilómetros de senderos restaurados y caminos modernos que se extienden a lo largo de Champagne y Toscana. "Uno se siente como si estuviera participando de un gran festejo por toda Europa", dice Condry. Sin embargo, las repercusiones para estos peregrinos son, a la vez, vastas y complejas, y están vinculadas no sólo a temas de religión y espiritualidad, sino también a historias de nacionalismo y de políticas de identidad. El hecho de que las Cruzadas comenzaran como viajes de fe hace miles de años, no significa que las nuevas peregrinaciones deben generar enfrentamientos entre el Cristianismo y el Islam. Sin embargo, la memoria está allí. En el pasado reciente, peregrinos que hicieron su camino hacia la Virgen de Czestochowa en Polonia, y la Colina de las Cruces, en Lituania, jugaron un papel crucial para preservar las identidades nacionales que desafiaron al imperio soviético.
En la actualidad, las rutas de peregrinación que tienen miles de años y se extienden por miles de kilómetros a través de las fronteras, son revitalizadas tanto por la Iglesia como por el Estado, no sólo para que las personas puedan disfrutar del camino, sino también con el propósito de afianzar la identidad de una Europa unida que, históricamente, es cristiana. Desde 1987, decenas de "itinerarios culturales" fueron designados formalmente por el Consejo de Europa, una organización de 46 países fundada en 1949 para promover la unidad. Una vez que han sido elegidas, las provincias, ciudades y localidades que están a lo largo de los itinerarios pueden buscar financiamiento de sus gobiernos y de la Unión Europea para proyectos.
ACTITUD. La manera en que esos viajes promueven el sentimiento de solidaridad y estimulan la meditación, atrae a muchos nuevos peregrinos, incluyendo los que creen que no profesan ninguna fe. Estadísticas de la Arquidiócesis de Santiago de Compostela muestran que más de la mitad dice que hace el viaje por "razones religiosas y otros motivos", mientras una minoría simplemente dice que es sólo por "motivos religiosos". Casi el 10% carece de una causa religiosa para participar, pero gustan del camino que los lleva a la Catedral. Los peregrinos modernos, que recorren los caminos sagrados del pasado, han llegado a puntos de inflexión en su vida y buscan una nueva dirección, de acuerdo con lo que indican varios estudios realizados sobre el Camino de Santiago.
Millones en ciudad sagrada
Si bien en Occidente las peregrinaciones tienen un vigoroso renacimiento, también en el resto del mundo constituyen expresiones masivas de fe y espiritualidad. Atraen a multitudes cada vez más grandes de distinta fe para sumar varias decenas de millones de personas cada año. Nuevas rutas se abren a los peregrinos, en tanto las antiguas reviven, no sólo para los creyentes, sino también para personas que no están seguras de su credo y buscan respuestas.
Más de dos millones de musulmanes participaron del recorrido anual a la Meca, en diciembre de 2006. Fueron 300.000 más que hace diez años. La multitud sería aún mayor si el gobierno de Arabia Saudita pudiera darle cabida.
La Meca es el destino del viaje sagrado que deben hacer todos los musulmanes por lo menos una vez en su vida. Allí, al estar delante de la Kaaba -uno de los elementos sagrados de la religión islamista- el ritual muestra que todos son iguales ante los ojos de Alá. La peregrinación tiene lugar en el mes 12 del calendario islamista.
Muchos también hacen el viaje hasta Medina, a la mezquita y tumba del profeta Mahoma.
Por su parte, los hindúes son protagonistas de masivas manifestaciones de fe. El más reciente periplo de los hindúes a las márgenes del río Ganges, en Allahabad, reunió a decenas de millones de personas, en enero del corriente año.
Asimismo, las peregrinaciones son parte integral de la experiencia budista, de acuerdo con lo que señala el Dalai Lama. Siguen una ruta circular, en Asia, de Nueva Delhi a Sarnath (donde Buda dio su primer sermón), luego a Bodhgaya (donde se iluminó), Kushinagar (donde murió) y Lumbini (donde nació). Hay alta concurrencia a Rajgat, a orillas del río Yumana, donde Mahatma Gandhi fue cremado.
Hay 24 lugares sagrados en el mundo que son los principales destinos de las peregrinaciones
Una comunidad que está en movimiento
El padre Cesare Atuire indica que, bajo el Papa Juan Pablo II, quien fue "el más grande peregrino del siglo XX, si no de toda la historia", el Vaticano puso énfasis en el poder del viaje en sí y en la creación de "una comunidad en movimiento". Eso es algo que el Islam, el Hinduismo y el Budismo nunca perdieron, pero que la Iglesia Católica en el Occidente secular no pudo alimentar. Atuire explica que en la mente de muchos europeos y estadounidenses, las peregrinaciones eran vistas como un ejercicio "para la gente común". Entre los Protestantes, hasta en Estados Unidos donde se registra masiva concurrencia a las iglesias, hubo escepticismo durante mucho tiempo respecto de la idea de la peregrinación. Sin embargo, lo que Atuire llama "la experiencia de creer y caminar juntos", es diferente. Es un viaje de descubrimiento.
En 1984, Juan Pablo II inició el Día Mundial de la Juventud, una peregrinación y encuentro que ahora se lleva a cabo cada tres años. El destino cambia: en 2005, tuvo lugar en Colonia, Alemania; el próximo año se realizará en Sydney, Australia.
Pero, el lugar elegido es menos importante que el hecho de que multitudes de creyentes, converjan en un lugar al mismo tiempo después de haber recorrido cientos y hasta miles de kilómetros.
La Iglesia Católica está construyendo sobre la base de este resurgimiento de la conciencia continental. "Hay un dicho famoso de Goethe: Europa nació en peregrinación y su lengua materna es el Cristianismo", dice el padre Atuire, quien es director de la Ópera Romana Pellegrinaggi, que oficia de agencia de viajes del Vaticano y facilita los medios para concretar los periplos religiosos.
En consonancia con el énfasis que el Papa Benedicto XVI ha puesto en consolidar la fe católica en una Europa escéptica y apática, el mapa que el sacerdote tiene de rutas de peregrinaciones que son usadas o están por ser revitalizadas parece un bordado que cubre el continente.
En África, Atuire ha planificado un viaje de dos docenas de peregrinos a través del desierto de Libia y de la frontera con Sudán hasta la ciudad de El Obeid, en la castigada provincia de Darfur.
"El símbolo que tenemos es la cruz, no como una cruzada, sino como un instrumento de la libertad humana", afirma Atuire.
"Caminar juntos no es fácil, sino duro", dice el Obispo Mario de Gasperín, de Querétaro, una ciudad de México que es el punto de partida, en julio de cada año, de una procesión de dos semanas hasta el santuario de la Virgen de Guadalupe. "Es una expresión de preocupación por la sociedad. En la peregrinación, todos se sienten hermanos".