El Caminate: La historia de un hombre que todos los días caminaba la ciudad y se volvió un ícono cotidiano

El Panra: avistado por barrios enteros, su caminar parecía no tener fin. Sigue vivo en quienes lo vieron pasar.

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El Caminante.

Rodrigo Caballero
(Especial para Domingo)

Durante décadas se lo vio caminando por las calles de Montevideo, con su figura inconfundible y su paso único. A diario recorría distancias que parecían imposibles: a veces, en la misma jornada, alguien lo veía en Punta Carretas a la mañana, en Buceo al mediodía y en la vuelta del Estadio Centenario por la tardecita. Andaba por todas partes.

Siempre caminando. Siempre hacia adelante.

No puedo precisar cuándo vi a Jorge Díaz, alias Panra, por primera vez, pero sí recuerdo que hace más de 30 años, mientras esperaba la luz verde en una esquina, se paró a mi lado y tuve la certeza de que aquel hombre no me era desconocido. Lo había visto muchas veces antes.

Siempre caminando. Siempre hacia adelante.

Tal vez sean muchas las personas que uno no conoce y se cruza en la calle a diario. Cada cual en su rutina, sin que nadie note la existencia del otro. Pero su figura era tan característica que resultaba imposible ignorarlo.

En aquellos primeros tiempos llevaba siempre bajo el brazo una carpeta llena de papeles. De esas carpetas de cartulina, con elásticos en las esquinas. Algunos que lo conocían aseguraban que trabajaba como cadete en una gestoría o en un estudio contable, y que realizaba su tarea a pie. Nunca tomaba un ómnibus ni un taxi. Solo caminaba. Siempre hacia adelante.

A mis amigos del barrio y del liceo nos llamaba la atención verlo tan a menudo, en lugares tan distantes de la ciudad, y comentábamos sobre él hasta inventarle un nombre: lo bautizamos El Caminante.

Pronto surgió la costumbre, a modo de broma, de informarnos cada vez que lo cruzábamos. Con lluvia o con sol, en invierno o en verano, el Caminante caminaba.

Casi 20 años pasamos llamándolo así. Hasta que un buen día alguien se enteró, de manera fortuita en un almacén de barrio, que lo apodaban Panra, un diminutivo de Pan Rallado, cuyo origen nunca supimos. Desde entonces, dejó de ser el Caminante y pasó a ser Panra, el nombre que le habían dado sus afectos.

Con la era digital llegaron los cambios, pero no detuvieron su marcha. Cada vez más gente comentaba haberlo visto en el Centro, La Blanqueada, Tres Cruces o La Mondiola, a la mañana y a la tarde. Siempre caminando. Siempre hacia adelante. Con su paso lento e inconfundible, pero ya sin la carpeta con elásticos.

Y entonces ocurrió algo propio de estos tiempos: con WhatsApp instalado en la rutina de todos, apareció una foto suya en un grupo, acompañada de la pregunta: “¿Alguien lo conoce? Lo veo todo el tiempo, en todos lados. Caminando”.

La respuesta no tardó: “¡Claro! ¡Es el Panra!”

Poco después, otra foto apareció con un reporte casi oficial: “Panra reportado a las 14:17 en las inmediaciones del Montevideo Shopping”.

Fue el punto de partida. Desde entonces, cada vez que alguien lo veía, compartía la noticia y celebrábamos su increíble capacidad para recorrer decenas de kilómetros cada jornada. Muchos entendimos que aquel andar no lo llevaba a ninguna parte… pero quizás lo alejaba de algún dolor.

La costumbre de reportar los encuentros se extendió a otros grupos de WhatsApp, y alguien tuvo la ocurrencia de llamarlos “avistamientos”. La información se cruzaba, los avistamientos se multiplicaban y de todas partes de la capital llegaban fotos y reportes. Siempre caminando. Siempre hacia adelante.

La expansión digital también permitió conocer un poco más de su historia. Un familiar cercano contó que caminaba un promedio de 20 kilómetros al día, y que un par de championes nuevos le duraban apenas tres meses. También supimos su nombre: Jorge Díaz.

El Panra nunca supo que éramos tantos los que seguíamos sus pasos y nos alegrábamos con cada notificación. A veces alguien lo saludaba desde un auto o una bicicleta y él respondía sin sorpresa. Tal vez porque estaba en su mundo, tal vez porque alguien ya lo había enterado de su fama. Nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que ya no lo veremos recorrer las calles como antes. Hace poco recibimos la noticia de que Panra había partido.

Se fue temprano, a los 54 años.

Quienes lo seguimos y cultivamos un afecto sincero, aun sin haber cruzado palabra, lo vamos a extrañar. Las miles de calles por las que anduvo, seguramente también.

Siempre fue una alegría verlo transitar en su mundo de caminos interminables. Ojalá que un día, alguno de esos senderos del Parque de los Aliados, en su barrio, reciba su nombre. Y que el cartel que lo recuerde lleve esta frase de Machado: “He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas”.

A la memoria de Jorge Díaz. El inolvidable Panra.

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Jorge Díaz, El Panra.

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