El arte que marca más allá de la piel

Detrás de los tatuajes, una práctica cada vez más popularizada, hay prejuicios, creencias y consecuencias poco conocidas, que involucran a los jóvenes, la donación de sangre y la anestesia.

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DÉBORAH FRIEDMANN

Porque quería tener a su amor, su ciudad o su músico favorito en la piel, porque el año que comenzaba era bisagra y necesitaba contar con un mojón que lo simbolizara, porque así lleva consigo a su abuelo que falleció o a su hermano que emigró... Los motivos por los que alguien decide tatuarse son tan variados como las personas y han ido cambiando desde el Neolítico, período hasta donde llegó a rastrearse este arte.

Como decoración pagana, rito, símbolo o deseo, prohibidos en algunas épocas y de moda en otras, lo que se ha mantenido a lo largo del tiempo es que el tatuaje no es indiferente. Ni para quien decide hacérselo -para algunos es como un lunar, no se siente, y para otros una molestia que preferirían no tener- ni para la sociedad en la que está inserto.

Este elemento decorativo con múltiples sentidos está rodeado de creencias y también prejuicios. A continuación algunos de los más frecuentes.

SE DICE: Un menor de 18 años no puede hacerse un tatuaje sin permiso de sus padres. Y de todos modos, tiene limitaciones.

VERDADERO.

Para poder tatuarse en Uruguay hay que ser mayor de 15 años y, hasta cumplir los 18, tener autorización expresa de padres o responsables. Además, a los adolescentes les está prohibido tatuarse en la cara, cuello, manos y genitales, según una norma aprobada en 2004, durante el gobierno de Jorge Batlle. En ese entonces, las autoridades manejaron como argumento que querían proteger a esos jóvenes cuando fueran a insertarse en el mercado laboral. Señalaban que, por ejemplo, es improbable que una empresa contrate a una persona con un tatuaje en el rostro.

SE DICE: Hacerse un tatuaje es muy doloroso y sangra mucho.

FALSO.

"No sangra mucho", remarca el tatuador Eduardo Sasia, quien desde hace 20 años se dedica a este arte. Respecto al dolor, es "soportable y tolerable" y depende de varios factores. Además del umbral personal, para Sasia es proporcional al tiempo que se esté tatuando. A partir de la segunda hora el dolor aumenta. Lo ideal es que las sesiones no sobrepasen las tres o cuatro horas. También tiene relación con lo tensa que esté la persona: cuanto más relajada se encuentre mejor será el proceso. Además, el lugar del cuerpo también influye. El tobillo y el antebrazo son de los más delicados, y por lo tanto, dolorosos. "Que donde hay hueso duele más es un mito. Por ejemplo, en la columna no duele tanto, duele más a los costados", explica Sasia. María, que tiene cuatro tatuajes, dice que lo que siente cuando se hace un tatuaje es "raro pero increíble".

SE DICE: La tinta del tatuaje puede perder intensidad con el tiempo y volverse azulado.

VERDADERO.

La duración del dibujo en la piel en buenas condiciones depende de varios factores. El cambio de color, hacia verdoso, era frecuente con las antiguas tintas, pero ahora, si se utilizan buenos productos, no sucede, explica el tatuador Guzmán Tasende. Lo que sí es más habitual es el pasaje de negro a azulado, ya que el negro que se aplica es azabache. Los demás colores sí se desgastan, un problema que aumenta de forma directamente proporcional a la exposición al sol, que los daña. Además, el sitio donde esté el tatuaje influye: por ejemplo, los bíceps son un lugar poco expuesto y eso favorece su permanencia, dice Tasende.

SE DICE: Una persona con un tatuaje no puede donar sangre,

FALSO.

Para poder donar sangre es necesario esperar un año después de hacerse el tatuaje. El motivo es que la agujas podrían estar contaminadas y el cliente contraer una enfermedad, cuya sangre pueda transmitir. Una medida que sus defensores tildan de preventiva, pero que también es vista como discriminatoria.

SE DICE: Los tatuajes son para siempre.

VERDADERO.

"Es un procedimiento irreversible. Que no les digan que es transitorio porque no es verdad". Así de contundente es Gonzalo Fossati, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica Reparadora y Estética del Uruguay. El especialista señala que salvo que sean tatuajes de colores muy claros, borrarlos es "imposible". "Si son colores oscuros no los saca nadie", sostiene. Con láser u otros procedimientos se consigue esfumarlos. Y si el dibujo es muy pequeño se puede resecar y en lugar de tatuaje, dejar una cicatriz. Por eso, "la persona que se los hace tiene que saber que es para siempre", enfatiza.

SE DICE: Los tatuajes pueden impedir que una mujer reciba la anestesia epidural.

VERDADERO.

"Todos los que hacemos analgesia del parto en el mundo tenemos limitado el procedimiento si uno tiene que atravesar un tatuaje", afirma Jorge Zuasnábar, médico anestesista y encargado de analgesia obstétrica en el Hospital Británico. El riesgo es que la punción traslade tinta, que puede ser peligrosa para el organismo. De todos modos, hasta ahora Zuasnábar siempre ha podido encontrar un espacio en la espalda sin dibujar, por donde poder aplicar la anestesia. El especialista cree que esta limitante debería ser más difundida.

"Al dolor te acostumbras"

"Tengo tres tatuajes, el primero me lo hice hace 10 años y ya me lo retoqué tres veces. Cuando me lo hice, hacía ya una década que pensaba en tatuármelo, por lo que estaba convencido de que no me arrepentiría. Es una caricatura de Jimi Hendrix, que hizo un dibujante especialmente para mí. Es un tatuaje a color, que hoy quizás no me lo haría de esa forma. Igual me gusta. Después me hice otros dos a una tinta, uno vinculado a la música y otro con dos inscripciones en latín que representan mucho para mí. Los tatuajes duelen muchísimo, aunque también depende de la zona. Sin embargo, se hacen rápido y uno se `acostumbra` al dolor. Por ahora no pienso hacerme otros, pero uno nunca sabe". (Franco, 39).

"Preferiría no tenerlo"

"Me tatué a los 17 años, desde chica me fascinaba la idea de hacerme uno, sobre todo porque admiraba a mi hermano mayor que tenía varios. Pensaba que sería más canchera, más madura, más rocanrolera. Pero la verdad es que pensé tanto en qué me haría que me hice cualquier cosa: una serpiente que aún no sé qué tiene que ver conmigo, de hecho, me dan mucho asco esos animales. Sentí que el lugar de la panza elegido no era el mejor tampoco. Los novios que tuve después de eso lo odiaron, me preguntaban qué haría con él cuando estuviera embarazada… una imagen tan tierna devenida en algo tan feo como una víbora. Por suerte mi novio actual lo aprueba". (Sol, 26).

"Una suerte de mojón"

"Cuando empezó a acercarse mi cumpleaños de 30 sentí que ese era un año bisagra y necesité alguna suerte de mojón simbólico de esa llegada y una especie de recordatorio de que no fue sin obstáculos. A veces cuando no perteneces a una religión necesitas crearte tus propios ritos. No sabía mucho qué quería específicamente pero sí tenía claro que tenía que involucrar espirales porque siempre fue una forma con la que me sentí vinculada primero desde lo intuitivo, después mi director de cine favorito los usa repetidamente y, finalmente, cuando indagué sobre su significado, porque tenía que ver con eso del camino, del tránsito hacia algo pero sin que eso fuera el final tampoco". (Mariana, 32)

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