En el detrás de escena de muchos de los espectáculos, hay gente tan creativa y talentosa como la que se presenta frente a cámara o sobre el escenario. Donde hoy la luz construye mundos y amplifica emociones, sustituyendo los viejos decorados, aparece el nombre de Víctor González.
Diseñador audiovisual, artista visual y referente en la creación de escenografías digitales, su trabajo atraviesa el carnaval, el teatro y la televisión, con una impronta que combina técnica, sensibilidad y un profundo conocimiento del espectáculo.
A González lo llaman “Dr. Pantalla” en Canal 12. El apodo no es casual. Desde hace casi una década forma parte de la señal, donde ha participado en múltiples formatos, entre ellos el exitoso programa La máscara, que lidera en audiencia. Pero su historia empieza mucho antes, en una esquina de barrio donde la murga sonaba más fuerte que cualquier pelota.
“De muy chicos con mi hermano escuchábamos murga; crecimos escuchando murga. En la esquina de casa, en vez de jugar al fútbol, había una murga de grandes promesas. Y se nos dio por ir y empezar a mamar todo eso”, recuerda en diálogo con Domingo.
Aunque pronto entendió que no quería estar sobre el escenario, el vínculo con el carnaval quedó tatuado. Sus hermanos siguieron en la murga, y él encontró otro lugar desde donde construir: el visual. Hijo de padres que tenían un instituto de informática, creció entre computadoras y programas de diseño. “De chico ya gestionaba Photoshop, Illustrator, After Effects…”, cuenta. Más adelante, formalizó su camino al convertirse en licenciado en Ciencias de la Comunicación.
El covid y el carnaval
El punto de inflexión llegó con un cambio estructural en el carnaval uruguayo. Tras la pandemia, las escenografías tradicionales comenzaron a ser sustituidas por pantallas digitales. Lo que empezó como una necesidad sanitaria y logística, se transformó en una revolución estética.
“Fue un éxito. No solo acompañan muy bien a nivel escenográfico, sino que potencian el espectáculo. Bien utilizado, esto ya forma parte de un rubro visual clave”, afirma.
Desde entonces, González se convirtió en uno de los nombres más solicitados del medio. Su trabajo no se limita a diseñar imágenes: también las opera en vivo. “El diseño de pantalla se divide en dos. Por un lado, la creación, que en carnaval por ejemplo arranca en octubre, reuniéndonos con directores artísticos para pensar escena por escena. Y después está la operación: estamos en vivo, interactuando con el espectáculo”, comenta.
Esa interacción exige precisión y sensibilidad. En su caso, hay un factor diferencial: su conocimiento del lenguaje murguero. “Me resultó muy fácil por haber crecido con esto. Conozco los golpes de batería, los arreglos, las dinámicas. Eso me permite potenciar los momentos justos”, sostiene.
Su talento ha sido reconocido recientemente con dos premios en el Carnaval 2025: Mejor Utilización de Pantallas y Mejor Arte Visual. Pero más allá de los galardones, lo que destaca es su capacidad de integrar equipos creativos y elevar el resultado final.
“Cuando todos los rubros trabajan en pos del espectáculo -pantallas, iluminación, vestuario, maquillaje- se genera un equilibrio visual espectacular”, destaca.
En paralelo, su recorrido dentro del carnaval lo llevó a explorar territorios que inicialmente le eran ajenos. “Después me fui abriendo a otras categorías, como negros y lubolos, parodistas, revistas, que me han abierto la cabeza de una manera extraordinaria”, cuenta, en referencia a un proceso de aprendizaje que amplió su mirada y su versatilidad.
Ese crecimiento también estuvo marcado por el contacto con estructuras de trabajo cada vez más exigentes. “Los conjuntos con los que he trabajado tienen un organigrama muy marcado, con un director artístico y cada rubro bien definido. Es un trabajo con mucha presión, pero también con estándares muy altos”, explica, describiendo la intensidad del circuito carnavalero.
En ese camino, reconoce especialmente a quienes confiaron en su trabajo. “Siempre voy a estar agradecido de cada cabeza que me llamó”, afirma, aludiendo a directores y referentes que le abrieron puertas en distintas etapas de su carrera y le permitieron consolidarse en el medio.
Uno de los hitos más significativos fue su incursión en el mundo de los negros y lubolos. “Era un mundo que siempre escuché, pero vivirlo desde adentro, ensayando y generando escenografías, fue un gran hito en mi carrera”, asegura.
También debió adaptarse a formatos que desconocía por completo, como el de las revistas de carnaval. “Era un mundo que yo totalmente desconocía”, admite, aunque rápidamente logró integrarse y desarrollar propuestas visuales que terminaron siendo reconocidas dentro del rubro.
Canal 12 y el teatro
En televisión, su recorrido también ha sido sostenido. Ingresó a Canal 12 en 2016 haciendo suplencias, hasta que en 2017 tuvo su primer programa en prime time. Desde entonces, ha participado en múltiples formatos, incluyendo el exitoso La máscara, donde su trabajo contribuye a crear universos inmersivos.
“Se trata de generar un ambiente. Si el personaje vive en el mar, todo el set se transforma en el fondo del mar. La pantalla, la luz y la dirección artística trabajan juntas para eso”, explica.
El impacto es medible: el inicio de la última temporada del programa alcanzó 157.000 espectadores únicos y un 45% de share (porcentaje de hogares o espectadores que están viendo un programa específico, con relación al total de personas que tienen el televisor encendido). También ha desarrollado proyectos audiovisuales que superan las 2.700.000 visualizaciones en YouTube, consolidando su perfil como realizador.
En teatro, su trabajo ha llegado a escenarios emblemáticos como el Solís, donde diseñó las visuales de un espectáculo que fusiona murga y música sinfónica. “Es contar una historia entre tema y tema, trasladar al público a distintas épocas”, describe.
Superar la adversidad
A pesar de su crecimiento profesional, su camino no ha estado exento de dificultades. “Perdí la vista de un ojo cuando era chico. Después se complicó, se hinchó, y resultó ser un tumor que nace en el cerebro y se transporta por los nervios del ojo. Me operaron dos veces. Fue una cirugía por el cráneo”, relata.
Lejos de ser un obstáculo, la experiencia parece haber reforzado su determinación. “¿Si me dificulta? Para nada. Estoy dando hasta ventaja. No sé a dónde llegaría con dos ojos”, dice con ironía y convicción.
Hoy, González sigue trabajando en múltiples frentes, consolidado como uno de los nombres clave en el desarrollo de las escenografías digitales en Uruguay. En un rubro que crece y se profesionaliza año a año, su trabajo ya no es un complemento, sino una pieza central en la forma en que el público ve y vive el espectáculo.