Para Virginia Keusseyan, un pañuelo es como un lienzo en el que puede volcar todo lo que hace y que tiene un sentido. Los empezó a hacer en medio de la pandemia, cuando nació la trilogía campo-ciudad-mar, a la que luego fue agregando un diseño con la flor del ceibo y un poema de Fernán Silva Valdés todo a su alrededor, el pañuelo armenio en homenaje a sus raíces y más recientemente el pañuelo del Bicentenario. Los pedidos se fueron sumando y hoy le reclaman pañuelos para todo tipo de cosas.
Virginia es diseñadora de moda y le gusta mucho trabajar sobre la identidad, investigar sobre ella. Lo primero que hizo vinculado al tema fue un prendedor con el pabellón nacional, allá por el 2009. Luego vendrían remeras con el sol y las franjas de la bandera para alentar a la celeste en mundiales como el del 2010 o copas américas como la de 2011, además de bolsos con el escudo nacional bordado.
Si bien son todas cosas que han tenido una muy alta demanda, lo que se destaca más recientemente son los pañuelos, a los que la diseñadora le encanta llenar de contenido. No vienen con un estampado simplemente decorativo, sino que esos dibujos encierran un significado y, por si no queda del todo claro, el comprador recibe un texto con la explicación de la simbología que está adquiriendo.
El pañuelo de la trilogía nació con el motivo Ciudad. “Hice el Palacio Salvo porque me encantó la idea que tuvo el arquitecto Mario Palanti, que lo quiso unir a su mellizo, el Palacio Barolo de Buenos Aires, haciendo que se iluminaran ambos como saludándose. La idea nunca se concretó, pero a mí me encantó esa historia”, cuenta Virginia y agrega que donde era el café La Giralda sonó el tango La cumparsita por primera vez.
Luego le siguió el pañuelo Campo, con la rastra, el caballo, el gaucho y el apero, todo rodeado de vegetación. “En plena pandemia pasé unos días en el campo uruguayo, donde el silencio, los animales y la vida lenta fueron mi compañía”, escribió en su Instagram @vk.trazandohistorias, recordando esos días de atardeceres en Maldonado que alimentaron su creatividad. “Tengo esos colores grabados y los quiero volcar en algún otro diseño”, confiesa a Domingo.
Aún le queda por realizar el pañuelo Mar. Comenta que estuvo dibujando el faro de José Ignacio, aunque le gustaría ir por un diseño de una Punta del Este en la época del boom, pero con una visión contemporánea. Una especie de ¿qué harían hoy en Europa para promocionar la Punta del Este de los años 40 o 50? “Me gusta hacer piezas con historia, pero con una pata en el presente”, aclara.
Siguiendo con su amor por lo uruguayo, en julio de este año realizó el pañuelo del Bicentenario. “Quería honrar ese aniversario a mi manera, desde el lado del diseño. Además no podía creer que nadie estuviera haciendo nada así”, señala quien encontró la inspiración en el vitral de la claraboya del Palacio Santos, actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Lo concibió como una edición limitada, pero la repercusión sobrepasó sus expectativas y aún hoy le siguen llegando pedidos. “La idea es no saturar el mercado, así que lo tengo que cortar en algún momento”, dice.
Aporta como anécdota que varios lo querían para colgarlo en la ventana el mismo 25 de agosto, incluso hubo quienes lo encuadraron. “Me tenía que apurar para llegar en fecha y si no podían venir a buscarlo o no les llegaba el envío a tiempo, salía yo con el auto a llevárselo”, acota la diseñadora.
No solo la impactó el número de encargos, sino también las reacciones de la gente con el producto que siguen hasta hoy. “Me agradecen haberlo hecho y se me pone la piel de gallina, me emociona. Me mandan audios diciendo que la persona a la que se lo regalaron se le caían las lágrimas”, comparte y agrega que se lo solicitan mucho para regalar a embajadores o a uruguayos que viven en el exterior, y ya hay quienes lo imaginan como obsequio navideño.
Las raíces
Virginia es uruguaya, pero como su apellido bien lo evidencia, es descendiente de armenios. Escapando del genocidio del imperio turco-otomano, sus abuelos huyeron a Francia, donde se conocieron, se casaron y dieron a luz al padre de Virginia. Su abuelo peleó por Francia en la guerra y, años después del final, emigró al Uruguay con la familia.
El padre de Virginia, arquitecto, conoció a su madre en una fiesta armenia donde ella estaba tocando la flauta. Con el tiempo se convertiría en la primera flauta de la orquesta del Sodre.
Todo esto viene a cuento porque la diseñadora también creó un pañuelo para homenajear sus raíces. El mismo viene en tres colores —azul, blanco y rojo, como los de la bandera armenia— y tiene como dibujos el alfabeto armenio completo y las granadas, que son el símbolo de la eternidad.
De casualidad, la embajadora armenia, Mariam Gevorgyan, lo vio e invitó a su autora, primero a la embajada por el Día de la Mujer, junto a otras mujeres destacadas de origen armenio, y luego a la Feria Turismo 360 Destinos Inteligentes, que se hizo en el Antel Arena, para que diera una charla sobre los pañuelos y el origen de la simbología.
Virginia tampoco se olvida de su sangre francesa y en un posteo de su Instagram aparece una ilustración que tiene que ver son esa parte de su ascendencia. “No llegó a ser pañuelo”, señala al tiempo que lamenta que la Embajada de Francia no esté invitando a los franceses o descendientes de franceses a la fiesta que organiza por el 14 de julio. “Es una pena porque son fiestas donde uno se encuentra con todos, con los amigos, con los franceses… Por eso es que ahora hacemos una fiesta paralela”, apunta.
Lo que sigue
Virginia cuenta que todo el proceso de confección de los pañuelos es artesanal. Lo hace todo en su casa, salvo el estampado que es sublimado. Dibuja con técnicas combinadas, más que nada en la computadora —“soy muy detallista; en algún momento lo tengo que soltar porque sino sigo y sigo”, dice—, compra la tela, lo corta, lo plancha y hasta se ocupa del packaging.
La comercialización la realiza a través de Instagram, pero ya le han pedido de Punta del Este, por lo que no descarta empezar a moverse para que sus diseños lleguen a distintos locales comerciales. “Todavía estoy como abrumada”, apunta.
Cuenta que actualmente se están usando mucho los pañuelos personalizados para casamientos o distinto tipo de eventos. “Se los dan a cada invitado como souvenir o para que baile en la fiesta y se lo lleve”, explica.
También los confecciona para personalizar uniformes. Como dato curioso menciona un reciente pedido de un grupo de amigas que querían un pañuelo con el nombre de todas para llevarlo a un viaje que organizaron juntas.
Además continúa con las remeras bordadas, los prendedores, los bolsos… Por ahora se las revuelve trabajando sola, pero piensa que en algún momento va a tener que recurrir a gente que la ayude.
Confiesa que todos los días recibe propuestas diferentes y que todo está sujeto a análisis.
“También hago cosas por hobby, no solo para vender”, aclara. “Lo que me gusta es traer la historia al día de hoy y que lo que haga cuente una historia, y si esa historia le llega al otro, estoy más que satisfecha”, cierra.
Diseñadora que bordó para Natalia Oreiro
Virginia Keusseyan se formó como diseñadora de modas con Peter Hammers y en el Instituto Strasser, además de cursos en el exterior.
Comenzó trabajando para empresas. Fue la diseñadora del Grupo Parisien y de la marca argentina de moda masculina Prototype. También diseñó colecciones para distintos lugares de Brasil de ropa de bebé, niños, mujeres y hombres; ropa de cama y ropa de fiesta, entre otras.
En 2007 salió preseleccionada en el concurso El Botón Mango Fashion Awards. “Eso, para mí, fue un montón”, confiesa ya que nunca habían preseleccionado a nadie fuera de Europa o Japón.
Ha trabajado en forma independiente, vendiendo sus colecciones en distintas tiendas de shoppings y en Punta del Este. En su momento diseñó para el Desfile de Giordano.
En 2019 fue parte de la feria Otra Oportunidad, celebrada en Kibón, con prendas bordadas.
En 2020 destacó su participación en la confección del vestido que lució Natalia Oreiro para la final de Got Talent (Canal 10). La convocó la vestuarista Rosario San Juan para realizar los bordados con cristales de las estrellas que tenía el vestido rosa de la conductora, además del bordado de su nombre. “Como era la época de la pandemia, se me ocurrió hacerle un tapabocas con cristales y Oreiro aceptó. Se lo hice en una noche”, recuerda.
Se la encuentra en Instagram bajo el nombre @vk.trazandohistorias