Antes de hablar de inflamación intestinal o microbiota, en el Río de la Plata se hablaba de empacho. Para aliviarlo, las abuelas preparaban un té —muchas veces de manzanilla, menta o peperina— que prometía calmar las molestias. Hoy, la ciencia empieza a explicar por qué.
Un estudio de la Universidad de Buenos Aires y el Institut Pasteur de Montevideo identificó compuestos antiinflamatorios en la infusión de peperina —una hierba aromática de sabor mentolado— y demostró, en modelos celulares, que puede proteger el intestino.
El trabajo, publicado en la revista científica Plants, se enfocó en algo que hasta ahora había pasado desapercibido: no el aceite esencial de la planta, sino la infusión tal como se consume a diario, ya sea en el té de sobremesa o en el mate. A partir de ese extracto acuoso, el equipo identificó 14 polifenoles —compuestos conocidos por su acción antiinflamatoria— junto con flavonoides que protegen las células.
Para evaluar sus efectos, los investigadores utilizaron modelos celulares que simulan el tejido intestinal humano y los expusieron a condiciones que imitan procesos inflamatorios. Los resultados mostraron que la infusión disminuye la activación de los mecanismos que desencadenan la inflamación, reduce la liberación de sustancias que la agravan y, sobre todo, preserva la integridad de la pared intestinal. En otras palabras, estos hallazgos ayudan a explicar por qué la peperina ha sido, durante generaciones, un recurso habitual para aliviar molestias digestivas como retorcijones, hinchazón o gases.
“Tiene un consumo de 400 años. Hubo gente que lo observó, que experimentó… Era muy poco probable que le hubieran pifiado tanto”, dice Ángeles Rodríguez-Basso, investigadora de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires y primera autora del estudio.
La clave, explica, está en que la infusión concentra una mezcla compleja de sustancias que actúan en conjunto. “En farmacología hablamos de sinergia: no es solo la suma de efectos, sino algo más. Esa combinación única puede tener un impacto más amplio en el organismo”, señala.
La abuela tenía razón.
El interés por la peperina también se inscribe en un contexto más amplio. En los últimos años, aumentaron los trastornos digestivos asociados a la inflamación intestinal, el estrés y los cambios en la alimentación, con mayor presencia de productos ultraprocesados. Frente a ese escenario, las plantas medicinales vuelven a despertar interés, tanto en la población como en la investigación científica.
Estudiar estas enfermedades, sin embargo, no es sencillo. “No se pueden modelar en un solo sistema. Tenés que armar una especie de rompecabezas”, explica Rodríguez-Basso. “Por un lado, ver qué pasa a nivel celular con la inflamación y la permeabilidad intestinal. Por otro, evaluar el dolor, especialmente el dolor visceral”.
En esa línea, el equipo trabajó con modelos celulares —versiones simplificadas del tejido intestinal humano— que permiten observar cómo responden las células frente a distintos estímulos. Al exponerlas tanto a la infusión de peperina como a agentes que inducen inflamación, comprobaron que la planta reduce la activación de los procesos inflamatorios y ayuda a preservar la barrera intestinal.
En paralelo, otros estudios del grupo mostraron que la peperina también puede disminuir el dolor visceral, la hiperalgesia y síntomas como la diarrea.
En ese contexto, la posibilidad de incorporar herramientas complementarias que ayuden a mantener el equilibrio intestinal resulta especialmente relevante. “No estamos diciendo que una infusión reemplace un tratamiento médico”, aclara la investigadora, especialmente en casos de enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa. “Pero sí podría contribuir, en el largo plazo y con constancia, a sostener ese equilibrio”.
El impacto de estos síntomas va más allá de lo biológico. “Son cuadros muy invalidantes”, señala Rodríguez-Basso. “Hay pacientes que necesitan estar constantemente cerca de un baño por la urgencia intestinal. Eso afecta profundamente su calidad de vida”.
Para mantener la calma.
Pero los efectos de la peperina podrían ir más allá del intestino. A medida que avanzaban las investigaciones, el equipo empezó a detectar señales inesperadas vinculadas al estrés y al estado de ánimo.
“Empezamos estudiando la inflamación, pero después empezamos a encontrar otras cosas muy interesantes”, cuenta Rodríguez-Basso. En experimentos con animales, observaron que la peperina no solo modulaba procesos digestivos, sino que también parecía influir sobre neurotransmisores del intestino, ayudando a restablecer el equilibrio cuando este se altera, por ejemplo, en situaciones de estrés.
Esa observación llevó a una nueva línea de trabajo centrada en la conexión entre el cerebro y el sistema digestivo. “Veíamos que los animales tratados estaban más tranquilos. Eso nos hizo pensar que había algo más”, explica. Los primeros resultados —aún en proceso de publicación— apuntan a un efecto sobre el estrés psicosocial.
El hallazgo refuerza una idea cada vez más presente en la investigación biomédica: que el intestino y el cerebro están profundamente conectados, y que el bienestar digestivo no puede separarse del estado emocional. “La percepción del dolor también tiene un componente psicológico. Cómo te duele depende, en parte, de tu estado de ánimo”, señala la investigadora.
En ese sentido, la peperina podría tener un efecto más integral de lo que se pensaba. No solo sobre síntomas físicos, sino también sobre el equilibrio general del organismo, en una línea que dialoga con prácticas tradicionales que, mucho antes de ser estudiadas en laboratorio, ya apuntaban a ese mismo objetivo.
Y, como bromea Rodríguez-Basso, tal vez no sea casualidad que en Córdoba —donde su consumo es especialmente alto— la gente tenga fama de ser particularmente alegre.
El creciente interés por la peperina no está exento de consecuencias. En los últimos años, el aumento de la demanda, sumado a la falta de cultivos sostenibles y de una cadena productiva organizada, puso a esta planta en riesgo de extinción. A esto se suma una práctica extendida entre recolectores informales: arrancar de raíz las plantas más grandes y atractivas, lo que impide su regeneración natural. Las que quedan —de menor calidad— son las que logran reproducirse, lo que debilita la población y la vuelve más vulnerable a enfermedades y plagas. Frente a este escenario, Ángeles Rodríguez-Basso advierte sobre la necesidad de promover una recolección responsable: cortar solo las partes aéreas.