En general, se piensa que la tradición occidental moderna del jardín de esculturas se desarrolló por primera vez durante el Renacimiento, cuando las estatuas clásicas se integraron en jardines formales, aunque la práctica de exponer obras de arte en medio de la naturaleza es mucho más antigua. Hace milenios, los eruditos chinos exhibían esculturas abstractas de roca en jardines de patios privados que representaban microcosmos de la naturaleza y estaban destinados a la contemplación.
A medida que la demanda de experiencias artísticas inmersivas ha ido creciendo en la última década, impulsada en parte por las redes sociales, coleccionistas y curadores internacionales han empezado a instalar proyectos artísticos específicos en una nueva oleada de paisajes inesperados. Los más interesantes de estos proyectos rompen el molde tradicional que estipula no solo qué puede ser el arte o dónde puede estar, sino también qué puede hacer. Para la coleccionista de arte beninesa-francesa y activista de la restitución Marie Cecile Zinsou, quien este año fundó un museo al aire libre, Le Jardin d’Essai, en el sur de Benín, mostrar arte entre plantas autóctonas proporciona a los espectadores una mayor conexión con la historia del país.
Diana Campbell, conservadora del Centro de Arte y Parque de Esculturas Samdani de Bangladés, inaugurado en 2024, cree que sacar el arte de los museos y galerías puede hacerlo más accesible: “Los espacios artísticos del futuro deben ser lugares donde artistas, la comunidad local y los espectadores participen activamente”.
Le Jardin d’Essai en Benín
Tras abrir dos de los primeros museos de Benín -la Fundación Zinsou en Cotonú y el Museo de Arte Contemporáneo de Ouidah-, Zinsou dirigió su atención a un terreno remoto que su padre, empresario y ex primer ministro del país, había comprado inicialmente con la idea de construir una fábrica de yogur. Ahora es Le Jardin d’Essai, un jardín artístico de 5,6 hectáreas a unos 15 minutos en auto de Oudiah, una pequeña ciudad portuaria de la costa sur de Benín, donde un sendero creado por la artista tunecina Aïcha Snoussi serpentea entre palmeras, cítricos, bambú, colmenas y esculturas, conectando con talleres al aire libre para cientos de niños que lo visitan cada semana desde las escuelas de los alrededores.
Desde el principio, dijo Zinsou, ha considerado que los árboles e insectos de la propiedad son tan importantes como el arte que ha encargado instalar en ella. Durante los dos últimos años, ha patrocinado a estudiantes universitarios para que cataloguen todas las formas de vida de la zona, y sus hallazgos informan las visitas guiadas que empezaron el pasado septiembre. “Muchas de estas plantas pueden remontarse a hace 4000 o 5000 años, lo que nos permite compartir una historia mucho más larga”, dijo Zinsou. Cuando los visitantes pasean por las arboledas del jardín, por ejemplo, los guías del parque cuentan historias sobre la arquitectura precolonial de la zona y de cómo el fin del comercio de esclavos allí se debió en parte al comercio de exportación de aceite de palma con Francia.
Srihatta-Samdani, Bangladés
En 2012, la pareja bangladesí Nadia y Rajeeb Samdani, coleccionistas y fundadores de la Fundación de Arte Samdani de Daca, iniciaron la Cumbre de Arte de Daca, un acontecimiento cultural y festival de exposiciones bianual. “Queríamos impulsar un ecosistema de arte contemporáneo”, dijo Nadia.
En 2017, empezaron a desarrollar el museo al aire libre Centro de Arte y Parque de Esculturas Srihatta-Samdani con su colaboradora de siempre, la curadora Diana Campbell, en un terreno que habían comprado varios años antes en su ciudad natal, Sylhet, en el noreste del país. El arquitecto local Kashef Mahboob Chowdhury diseñó la primera fase del complejo, inaugurada oficialmente en 2024, que presenta muros ondulantes de ladrillos de barro natural del mismo rojo óxido que la tierra circundante. En los últimos años, Srihatta ha invitado a artistas locales e internacionales a pasar una temporada en la zona sin imponerles expectativas.
“Todos han vuelto con ganas de emprender proyectos comunitarios”, dijo Nadia. Desde 2018, por ejemplo, el artista indio Asim Waqif ha estado dando forma a una escultura viviente, “Bamsera Bamsi” (‘flauta de bambú’ en bengalí), en colaboración con el Instituto de Investigaciones Forestales de Bangladés, en Chittagong. Es una gruesa extensión de bambú que está cultivando lentamente para convertirla en un gigantesco instrumento de viento activado por, justamente, el viento.
Fundación Goodwood
En la Fundación de Arte Goodwood, un destino de arte contemporáneo inaugurado esta primavera en 28,3 hectáreas en West Sussex, el arquitecto paisajista británico Dan Pearson ha demostrado ser tan influyente como la conservadora asesora Ann Gallagher, exdirectora de colecciones del Tate Modern de Londres.
“Los artistas pasan mucho tiempo con Dan y su equipo porque es muy importante que comprendan cómo el entorno cambia continuamente”, dijo Gallagher. Cuando ella y Pearson trabajaron con la artista británica Rachel Whiteread en la instalación de “Detached II” (2012), un molde de hormigón de un cobertizo sellado, recorrieron juntos la propiedad hasta que encontraron un lugar que les pareció perfecto.
“Tenía que parecer misterioso y salvaje por partes”, recuerda Pearson. “La pieza habla más alto porque es una sorpresa”. Goodwood seguirá añadiendo nuevas obras: esta primavera se instalará “Magic Square #3” (1977-79) del artista brasileño Hélio Oticicia, una monumental escultura laberíntica que se instalará en el borde de un bosque con vistas a praderas de flores silvestres.
Khao Yai en Tailandia
Los visitantes del Bosque del Arte de Khao Yai, a tres horas en auto al noreste de Bangkok, ingresan al parque a través de un túnel oscuro. Llegan parpadeando con la luz del día a un pabellón, donde se les pide que planten una semilla en el suelo cercano. El Bosque del Arte está en una antigua plantación de tapioca que había sido deforestada en su mayor parte, y su fundadora, Marisa Chearavanont, una filántropa radicada en Bangkok, pretende nutrir la tierra además de exhibir arte.
El parque, inaugurado a principios de año, cuenta con más de media decena de obras, algunas específicas del lugar y otras adquiridas o cedidas. Su director, el curador italiano Stefano Rabolli Pansera, está especialmente interesado en el land art. Una de las primeras obras encargadas para el parque fue “Fog Landscape #48435” (2024) de la artista japonesa Fujiko Nakaya, de 92 años, que se activa varias veces a la semana: una espesa niebla se eleva desde distintas zonas de una ladera a la que ella dio forma, y llega a oscurecer la mayor parte de ella. Caminar por ella es como estar en medio de una nube o en un viaje al más allá.
Solo Sculpture Trail en España
En una parcela de 200 hectáreas entre Barcelona y Valencia, los fabricantes y galeristas de arte Eva Albarrán y Christian Bourdais han ido construyendo lentamente lo que imaginaron como un lienzo abierto tanto para artistas como para arquitectos. En 2010, empezaron a comprar terrenos rurales al norte de Valencia, cerca del parque natural de los Puertos de Tortosa-Beceite. Pidieron a una decena de sus arquitectos favoritos que diseñaran cada uno su idea de una casa de ensueño y, en 2013, se terminó la primera: un cubo invertido de hormigón con patio interior y piscina del estudio chileno Pezo von Ellrichshausen. Dos años después, el equipo del estudio belga OFFICE Kersten Geers David Van Severen terminó la suya: una espectacular casa circular con tejado de hormigón y paredes de cristal. El año pasado, cuando Albarrán y Bourdais compraron un viñedo vecino, decidieron tallar un sendero en el terreno y revestirlo con 16 obras, entre ellas “There Is an Elephant in The Room” (2019), un brillante letrero LED azul, de la colaboración de artistas daneses SUPERFLEX, y “Burning Sunset” (2023), de Claudia Comte, una pintura acrílica de 6 metros de altura. “Como las obras no están expuestas de forma obvia en un cubo blanco, los espectadores tienen una relación más estrecha con ellas”, dijo Bourdais.
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