Igor Galo
(Especial para Domingo)
Punto de partida hacia destinos más populares, como el Serengueti, el archipiélago de Zanzíbar o el Kilimanjaro, visitar con calma esta ciudad es una opción muy recomendable para quienes deseen conocer la sociedad africana moderna más allá de los tópicos turísticos. Fácil de descubrir por cuenta propia, Dar es Salaam ofrece playas, mercados bulliciosos y monumentos que evocan tanto el pasado colonial de Tanzania como su desarrollo como nación independiente.
Aunque hoy es la quinta ciudad más poblada de África y una de las que crece con mayor rapidez, apenas cuenta con 150 años de historia. Fue fundada en 1862 por el sultán Majid de Zanzíbar como una residencia llamada “Hogar de Paz”. Su impulso definitivo llegó con la ocupación alemana, que la convirtió en puerto moderno y capital administrativa del África Oriental germana; tras la Primera Guerra Mundial pasó a manos británicas hasta la independencia de Tanzania en 1961, inicio de su crecimiento acelerado.
Esto explica que su casco histórico, el barrio de Kivukoni, sea bastante reducido y pueda visitarse sin dificultad en un solo día. En esta zona se encuentran la catedral católica de San José y también la cercana catedral luterana.
Ambas se alzan frente al paseo marítimo y el puerto, que a lo largo de su historia vio llegar a marineros, comerciantes, militares y esclavistas persas, omaníes, portugueses e incluso chinos. Hoy es punto de reunión de visitantes y locales. El distrito está lleno de edificios coloniales alemanes e ingleses reconvertidos en sedes gubernamentales.
Sin salir del barrio, se puede visitar el National Museum, cuya exhibición recorre la evolución humana a partir de restos hallados en África oriental. El museo no elude algunos de los capítulos más dolorosos de la historia africana, como la trata de esclavos o el período colonial. Se trata de una visita recomendable para los interesados en la historia, que puede combinarse fácilmente con un paseo por el jardín botánico contiguo.
Cerca, en los barrios de Kisutu y Mchafukoge, la arquitectura colonial británica de la primera mitad del siglo XX se mezcla hoy con modernos rascacielos. La zona es segura y, al no ser un destino especialmente turístico, se puede pasear sin ser abordado constantemente por vendedores.
Ciudad de mercados
En una ciudad que creció a partir del comercio marítimo, no es de extrañar que uno de sus principales atractivos sean sus mercados, especialmente el Kariakoo Market, ubicado en pleno Central Business District. Actualmente en proceso de renovación tras un incendio en 2021, su historia corre paralela a los vaivenes históricos del país.
El actual edificio se levantó sobre el terreno de una antigua plantación de cocoteros que, tras la Primera Guerra Mundial, fue ocupado por el ejército británico. Con la independencia de Tanzania, los antiguos hangares militares fueron ocupados por artesanos y agricultores, que los convirtieron en punto de venta informal de sus productos. Ya en la década de 1970, el gobierno decidió construir aquí un edificio que reflejara mejor el espíritu africano y la esperanza en el futuro de un país que empezaba a andar por su propio pie.
Callejear por la zona es toda una experiencia que refleja el espíritu comercial y multicultural de la ciudad. Desde las elegantes y coloridas kangas africanas hasta las abayas árabes o los saris indios; juguetes, sandalias, camisetas deportivas -auténticas y falsas-, además de perfumes locales… todo puede encontrarse en Kariakoo y sus alrededores.
Muy diferente es el Kivukoni Fish Market, ubicado en una de las salidas al mar de la bahía. Hasta aquí llegan cientos de barcas a lo largo de toda la mañana para descargar sus capturas directamente en la playa. Resulta casi imposible identificar qué se está vendiendo: desde diminutos pescados plateados hasta ejemplares gigantes que se subastan entre gritos y gestos rápidos. A un lado de las mesas, los pescadores cantan los precios; al otro, los compradores -generalmente mujeres- lanzan un billete cuando consideran que la cifra es adecuada.
Península de Msasani
A 10 kilómetros al norte del centro histórico y del distrito comercial, la península de Msasani permite descubrir un Dar es Salaam distinto. El bullicio deja paso a la brisa marina, a elegantes villas rodeadas de jardines y a modernos edificios con logotipos de empresas internacionales. Es uno de los barrios de la emergente clase media tanzana, frecuentado también por expatriados y diplomáticos. Entre sus puntos más populares destaca la Tingatinga Arts Cooperative Society, donde decenas de artistas pintan y venden sus obras a precios razonables.
La tranquilidad de la zona y sus vistas al océano han favorecido la apertura de algunos de los resorts, hoteles y centros comerciales más exclusivos de la ciudad. Uno de los complejos más tradicionales es The Slipway, con restaurantes junto al mar y ferris que parten hacia Bongoyo Island.
Este pequeño islote, cubierto de bosque y rodeado de arena blanca, está deshabitado y forma parte de una reserva marina. A solo tres kilómetros de la costa, invita a relajarse, hacer snorkel, nadar o pasar el día frente al mar. También se puede acampar con permiso previo.
Playas urbanas y puntos de partida
La Bongoyo Island no es la única opción para darse un chapuzón en esta metrópoli. Aunque el interior de la bahía de Dar es Salaam está hoy ocupado por muelles y edificios, existen alternativas para disfrutar de un día de playa.
Una de ellas es Coco Beach, a 15 minutos del centro y muy popular entre los lugareños. Con un paseo marítimo salpicado de puestos donde comprar cocos frescos, los fines de semana se convierte en uno de los principales focos de actividad.
Más tranquila resulta Tanzanite Beach. Aunque en la zona se están construyendo resorts, gran parte de la vegetación se mantiene intacta, al igual que algunos “clubes de playa” que se asemejan más a merenderos familiares tradicionales que a sofisticados beach clubs.
Mbezi Beach, algo más alejada del centro, es otra excelente alternativa. Dar es Salaam puede presumir también de un clima agradable durante buena parte del año. Un entorno perfecto para sumergirse en el espíritu “Hakuna Matata” -“sin problema” en suajili- y practicar un turismo “pole pole”, es decir, sin prisas.