Todo empieza con una historia. No importa si nace en una tableta o en una hoja suelta dibujada durante un viaje en ómnibus. Para el historietista uruguayo Facundo Decarlini, crear un webcómic nunca fue tan accesible como ahora.
“Lo que se necesita es algo para dibujar y algo para subirlo a internet, incluso un celular. Aunque un cómic escaneado y subido a la web no necesariamente es un webcómic. El webcómic tiene ciertas particularidades y está pensado para aprovechar el medio digital”, explica a Domingo.
Decarlini, licenciado en Comunicación Audiovisual, integrante de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historietas (AUCH) y autor de títulos como Mi Amiga Diabólica, Martillazos Juli y Club Atlético Ultratumba, compartió su experiencia durante una conferencia realizada en la 24ª Feria del Libro Infantil y Juvenil de Montevideo.
El universo es extraordinariamente diverso. Existen propuestas simples, como Nerd and Jock, del finlandés Marko Raassina, que funciona como una tira humorística publicada tanto en Instagram como en Webtoon. También hay fenómenos globales como One Punch Man, que comenzó en internet con dibujos extremadamente sencillos y terminó convertido en manga profesional y serie animada.
Uruguay también tiene ejemplos de éxito. Decarlini destacó Four Leaf, de la artista Lumaga, que comenzó en la plataforma Webtoon y alcanzó la categoría de “Original”, reservada para obras seleccionadas y remuneradas por la empresa.
Antes de publicar, recomienda responder algunas preguntas básicas: de qué trata la historia, a quién está dirigida, qué género tendrá y, sobre todo, si será una obra corta o de largo recorrido. Porque el webcómic suele parecerse más a una maratón que a una carrera de velocidad. “Hay que prepararse psicológicamente para eso”, afirma. Su propia experiencia lo confirma: algunos de sus proyectos se extendieron durante años.
Por eso advierte sobre uno de los errores más frecuentes: esperar el momento perfecto. “El enemigo número uno es querer hacer la obra definitiva”, dijo. Según cuenta, hay autores que pasan años perfeccionando personajes, escenarios y argumentos hasta que terminan perdiendo el impulso inicial. La alternativa -concluye- es lanzarse, aprender en el proceso y permitir que la obra evolucione.
¿Dónde publicar?
Elegir dónde publicar un webcómic es una de las primeras decisiones que enfrenta cualquier creador. Según Facundo Decarlini, hoy existen múltiples opciones (además de la posibilidad de una web propia), cada una con características, públicos y oportunidades diferentes. La alternativa más inmediata suele ser Instagram. Crear una cuenta y comenzar a publicar es sencillo, pero también implica competir por la atención con noticias, influencers y todo tipo de contenidos audiovisuales.
Una de las opciones más populares es Webtoon, la plataforma coreana que popularizó el formato de lectura vertical. Allí existen dos categorías: Canvas está abierta a cualquier usuario que quiera publicar su obra; Originals, en cambio, reúne a autores seleccionados por la empresa, que reciben promoción y remuneración. La plataforma busca especialmente historias de largo aliento capaces de fidelizar lectores capítulo tras capítulo.
Otra posibilidad es Tapas, considerada por muchos como una comunidad más independiente. Su propuesta es similar a la de Webtoon, aunque incorpora también novelas digitales. Según Decarlini, suele albergar obras de nicho y temáticas más diversas, incluyendo una fuerte presencia de contenidos vinculados a la comunidad LGBT+.
Faneo (nacida como heredera de la desaparecida Subcultura) representa otra una alternativa interesante, que reúne a autores de España y América Latina.
Los aficionados al manga tienen una opción específica en Manga Plus Creators, impulsada por la editorial japonesa Shueisha, responsable de algunas de las publicaciones más importantes del género. En Uruguay, en tanto, existe Apocalipta, un portal dedicado exclusivamente a historietistas nacionales.