GABRIELA VAZ
Qué tiene que pasar en la vida de un ser humano para que éste se transforme en un asesino serial? ¿Qué experiencia, qué dolor o qué trauma debe atravesarse para que se despierte un día el impulso de matar y antes incluso hacer sufrir de la forma más sistemática y cruel?
En Los perros me hablan -libro publicado por Ediciones de la Plaza que estará en la calle a fin de mes-, el psicoanalista Jorge Bafico analiza seis historias de asesinos seriales reales y dos de ficción para intentar contestar esas preguntas.
Se cuentan así los casos de Ted Bundy (1946-1989), quien mató a 34 mujeres entre 1974 y 1978: las violaba y torturaba, en varios casos también desmembraba o decapitaba y luego practicaba necrofilia; John Gacy (1942-1994), que asesinó y violó a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978; Richard Chase (1950-1980) se creía un vampiro y mató a seis personas para chuparles la sangre; David Berkowitz (1953) ejecutó a seis individuos e hirió a otros utilizando un revólver, alegando que se lo ordenaban los perros; y Jeffrey Dahmer (1960-1994), quien mató a 17 chicos y hombres luego de tener sexo con ellos, entre 1978 y 1991. Todos estos casos transcurrieron en Estados Unidos. La última historia real analizada en el libro corresponde a un colombiano, Luis Garavito, quien mató al menos a 147 niños (ver nota arriba). A su vez, se consignan dos casos ficticios: Hannibal Lecter, el célebre caníbal interpretado por Anthony Hopkins en El silencio de los inocentes y el protagonista de Dexter, la serie norteamericana.
Famosas, enigmáticas, fascinantes y terroríficas, no falta registro sobre ninguna de estas historias. La bibliografía abunda. ¿Qué arista aborda el psicoanalista uruguayo -quien trabajó en conjunto con estudiantes de psicología que se dedicaron a recabar toda la información disponible sobre cada caso- que implique otra vuelta de rosca? ¿Qué quedaba por decir? Bafico explica: "La mayoría de los libros que he leído se manejan por el lado del tecnicismo: cuándo una persona es un asesino serial o no. Me parece que falta tratar de entender el por qué. Porqué un individuo puede hacer lo que hizo Albert Fish (caso que no se desarrolla pero se consigna al inicio del libro, de un asesino serial y caníbal estadounidense de principios del siglo XX): no solamente matar a un niño y comérselo, sino escribir luego una carta a su madre relatando lo que le había hecho. Son tan diferentes unas historias de otras que a mí me parece que lo que el psicoanálisis puede aportar es que cada uno es fruto de su vida y su singularidad. La gente metaboliza las historias como puede. A veces pasan estas cosas absolutamente monstruosas. Lo que intento es que la gente entienda qué es lo que pasa atrás del asesino, qué pasó en su vida, por- qué llegó a hacer eso, plantear hipótesis. No es lo mismo un perverso que un psicótico. No es lo mismo un Ted Bundy que tiene una intencionalidad de someter al otro, angustiarlo y torturarlo, que un Richard Chase que está absolutamente enajenado en un delirio de que lo están envenenando y lo que tiene que hacer es chupar sangre para sobrevivir.
-Varios vivieron eventos traumáticos en la infancia, pero a mucha gente le pasan cosas terribles y no se convierten en asesinos. ¿Qué es lo determinante?
-Creo que hay diferentes variables que cuando se juntan determinan eso. Robert Ressler (agente del FBI que participó en la investigación de varios casos e incluso acuñó el término "asesino serial") plantea que hay dos problemas importantes, uno en la infancia y otro en la preadolescencia. En la infancia, se trata de niños que han sido castigados. En general se ve una madre fría y distante y un padre golpeador o alcohólico. Cuando ese chico, solitario, puede cambiar su rumbo, con amigos en la preadolescencia, en general los amigos no aparecen, entonces se va encerrando más. Ahora, en Uruguay tendríamos muchísimos casos de esos: niños traumatizados, que fueron golpeados, violados, no queridos, que han quedado solos en la vida, que en la preadolescencia tampoco pueden avanzar, y no son asesinos seriales. Entonces hay otros factores. También puede haber un componente genético. Y sobre todo una metabolización de la historia que el sujeto hace, que cada uno de nosotros realiza de diferente manera. Muchos son psicóticos: están por fuera de la realidad. Y hay otros que para mí son los más terribles, vi muchos en la cárcel, que son personajes perversos que gozan cuando quiebran emocionalmente al otro, cuando lo hieren.
-En algunas historias hubo indicios claros de lo que podía pasar. ¿Es posible ver a alguien y notar un instinto asesino latente que puede estallar en cualquier momento?
-Richard Chase era un adolescente con problemas, que deliraba, sentía que se estaba muriendo porque alguien le chupaba la sangre. "Mi sangre se está convirtiendo en polvo", decía. Su forma de recuperarse era tomándola de otros. Lo internan en un psiquiátrico cuando se dedicaba a matar animales, cortarles la cabeza y chuparles la sangre. Y lo dejaron salir. ¿Por qué? Seguramente porque necesitaban lugar para otra persona, porque estaba medicado y aparentemente había mejorado. Pero lo que él hizo fue simplemente -o complejamente- cambiar animales por hombres; su delirio fue el mismo: "Me están envenenando, me tengo que defender". Eso era previsible. Un tipo que está matando animales para chuparles la sangre… y, habría que tenerlo controlado. Pero lo dejaron solo, no monitoreado por nadie.
-Hay algunos que, de niños, jugaban con animales sin vida, tenían una atracción hacia la muerte, la sangre, los cuchillos. ¿Eso puede ser innato? ¿Cómo tiene esa compulsión un chico de cinco o seis años?
-Ya no es tan pequeño; pasaron cinco años de aprendizaje. Uno se hace a medida que va viviendo y en esos primeros años es donde el individuo aprende la mayoría de las cosas. A los cinco años ya sabés caminar, hablar, querer, odiar. A los ocho años tu personalidad está básicamente jugada; después pueden producirse cambios, pero son pequeños en relación a lo que has vivido antes. Entonces un individuo de cinco años que está despellejando y matando animales indudablemente está indicando algo. Con ese niño hay que hacer algo ya. No es común. Todos tenemos cierta carga de violencia y de agresividad, pero no todos andamos matando animales, sobre todo destripándolos. Dahmer quería entender cómo funcionaba un organismo viviente; de niño lo hizo con los perros, de grande con los humanos. No fue muy diferente lo que hizo cuando tenía cinco años que cuando tenía 30. Eso es lo que la gente no logra entender. Obviamente, creo que si su vida hubiera sido otra, se hubiera podido contener. Lamentablemente, la historia de su vida no lo ayudó.
-¿Estas estructuras se conforman en la infancia?
-Es lo que plantean algunas teorías, como el psicoanálisis. Otras dicen que tiene que ver con un gen.
-En estos casos tan extremos, ¿no hay una cuestión latente, que se despierta o no, pero está?
-Claro, por supuesto. Hay un potencial, producto de determinadas cosas, que se exaspera, se activa, eclosiona, por acontecimientos. Pero pasa en la vida misma, con cualquiera de nosotros. Hay situaciones o personas que pueden potenciar aspectos nuestros, buenos y malos. Es muy importante el entorno, el relacionamiento con el otro y cómo el otro nos va transformando, dentro de determinado marco. Si agarrás un Fitito, por más que lo arregles, lo cuides, lo pintes, no va a poder correr una carrera de Fórmula 1, porque su estructura no lo permite. Acá es igual. El sicótico va a ser un sicótico, puede mejorar una cantidad de cosas, pero su estructura seguirá siendo la misma. Y determinadas situaciones lo pueden volcar para peor.
-¿Por qué generan tanta atracción estos temas? ¿Es fascinación por lo que no podemos entender?
-Es eso: todo lo que no podemos entender nos angustia. E intentamos rápidamente proyectar un sentido, darle una explicación, buscarle la vuelta. Por eso nos encantan las películas y series de suspenso, y esto que se ha metido tanto en los medios: el crimen, la mente asesina. Cuando no entendemos algo, pasamos rápidamente a una proyección de sentido. Me parece bueno que el psicoanálisis pueda dar una lectura de estas cosas.