VIAJES

Colombia tiene ritmo

Un recorrido por dos ciudades que están entre lo mejor que tiene el país sudamericano. Desde paisajes de los andes colombianos a un clima tropical pasando por una zona urbana transformada.

cablecar Medellín
Amanece en Medellín. 

Aterrizamos en Bogotá, la tercera capital más alta del mundo después de La Paz y Quito, en un día frío y lluvioso. Afortunadamente nuestro destino final era Medellín que, ubicada en el valle de Aburrá a 1.480 metros de altitud, lucía como el lugar ideal para iniciar la adaptación a las alturas andinas. Los paneles del aeropuerto se iluminaban para anunciar el embarque de los primeros vuelos domésticos y los altavoces nombraban ciudades que resonaban en mi mente con música de cumbia. Así empezamos a vivir Colombia.

En Medellín todos parecían andar a ritmo de primavera, más cercano al goce que a la prisa, y la oferta de tomar la ruta rápida a la ciudad nos pareció una excusa para presumir de un túnel recién inaugurado. Tomamos el camino viejo para disfrutar de un paisaje cordillerano sorprendentemente verde. Transitamos por una ruta bordeada de araucarias, palmeras, y un bonito árbol típico de la región llamado yarumo blanco al que atribuyen propiedades medicinales. El taxista resultó un buen guía de turismo y cuando le propusimos tomar nuestro primer café de Colombia aceptó la invitación. Lo compartimos en un antiguo bar a un lado del camino.

Nos alojamos en el barrio El Poblado, uno de los más modernos y exclusivos de la ciudad, que antes de la llegada de los españoles fue asentamiento de los primeros poblados nativos de tejedores de algodón. Tal vez el espíritu de esos tejedores prehispánicos siga vigente cientos de años después. En esta ciudad, el imponente edificio Coltejer, cuyo diseño reproduce una aguja de lanzadera, es un emblema del poder económico logrado por una industria textil que utiliza algodón 100% colombiano.

En Medellín hay mucho para ver y, el TuriBus nos ofreció un panorama de los lugares más interesantes de la ciudad, un recorrido a pie para visitar la Catedral, antiguos paseos peatonales y añosas casonas. Todo un sector que parece detenido en el tiempo y contrasta con las modernas edificaciones del barrio financiero y administrativo, que rejuvenece el paisaje urbano. A diferencia de los HopOn HopOff que recorren otras ciudades del mundo, el TuriBus cuenta con guías en español que brindan una atención personalizada, satisfacen la curiosidad de los pasajeros y logran que los turistas aprecien más y mejor el patrimonio de una ciudad de la que se sienten orgullosos. Tal como nos ocurrió durante un recorrido por la plaza de las esculturas de Botero, a las que ya no califico de gordas, sino de voluminosas.

Es difícil imaginar que una ciudad donde la gente responde con una sonrisa, es amable y graciosa fuera hasta hace 20 años una de las más peligrosa del mundo. La transformación urbana de Medellín es asombrosa y ofrece a sus habitantes espacios verdes y parques que invitan a disfrutar de un momento de relax: el Parque de los Pies Descalzos y el pequeño bosque de bambú, el Parque de la Luz y el Jardín Botánico donde, además de ver varias especies de árboles añosos, disfrutamos de un Mariposario encantador. Lamentablemente el Orquideario estaba ocupado por una estruendosa banda, que hacia pruebas de sonido para un evento y las orquídeas brillaban por su ausencia. 

Medellín tiene bien ganado el calificativo de ciudad de la eterna primavera. A un clima privilegiado, una prestigiosa floricultura y la calidez de su gente, debemos agregar un sistema de transporte público de excelencia. Este beneficio tuvo su origen en un proyecto de movilidad innovador que concibió en forma integrada diversos medios de locomoción, para acercar a la vida urbana a los habitantes de barrios apartados, mejorar su calidad de vida y promover una integración social que beneficia a todos los habitantes por igual.

La visita a la Comuna 13 nos dio la oportunidad de conocer los beneficios de este sistema de movilidad. Nuestro itinerario comenzó en el Metro, un ferrocarril elevado desde el que se puede observar la ciudad desde arriba, al que ingresamos en la estación Aguacatala de la línea A y combinamos sin tropiezos con la línea B. Durante el trayecto escuchamos varios mensajes de promoción de la cultura Metro, cuyos frutos vimos reflejados en la limpieza de las estaciones y en la conducta respetuosa de los pasajeros. En la estación San Javier nos embarcamos en el Metrocable, un trayecto aéreo con vistas panorámicas de los barrios que crecieron sobre laderas muy empinadas, cuya orografía dificultaba los traslados y sumía a los habitantes en el aislamiento. Durante el viaje tuvimos oportunidad de conversar con los usuarios, muchos de los cuales se beneficiaban a diario con este sistema de transito rápido, para quienes el teleférico era un transporte público más.

El Metrocable terminó su recorrido en la estación La Aurora, y el Minibus 225 nos acercó a las escaleras eléctricas de la comuna 13, las primeras al aire libre, en las que subimos hasta las calles aterrazadas. Allí, las viviendas parecían abrazar la montaña y los coloridos grafitis contaban historias. En un ambiente festivo de música y arte, algunos jóvenes guiaban a los turistas en el graffitour, otros mostraban sus destrezas en Hip Hop y los más pequeños nos sorprendieron con graciosas acrobacias. Habíamos llegado al que fuera el corazón del barrio más oscuro de Medellín, el mismo que sus habitantes distinguen actualmente como El mejor balcón de la ciudad.

Cartagena

Cartagena
Cartagena, la ciudad amurallada. 

El siguiente destino fue Cartagena de Indias la ciudad amurallada del siglo XVI, a orillas del Mar Caribe, cuya fortaleza resistió durante dos siglos los ataques de piratas y corsarios. Nos alojamos en un simpático hotel boutique dentro de la muralla. Mi programa favorito era deambular por las callejuelas pobladas de antiguas casas coloniales y visitar las plazas, donde los vecinos se enredaban en animadas charlas.

Todo en esta ciudad me gustaba: las flores que trepaban por los balcones y las que asomaban de patios escondidos; las imponentes puertas engalanadas con aldabas y tachuelas y las más modestas de un azul intenso; las fachadas pintadas en tonos pastel y las de vivos colores. De vez en cuando, alguna vidriera que exhibía diseños colombianos merecía una pausa. Tampoco podía pasar por alto las iglesias que se veían majestuosas, como la de Santo Domingo, la de San Pedro Claver, y la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, que además de bellos pórticos y retablos, me ofrecían amparo cuando el calor era agobiante.

Por su parte, Cartagena es la ciudad ideal para el Walking tour y, decidimos hacerlo por la tarde para llegar a ver la puesta de sol desde el baluarte de Santo Domingo. Partimos de la librería de la Puerta del Reloj, donde nos dimos el gusto de curiosear las primeras ediciones de las obras de García Márquez, cuyos personajes siguen muy presentes en la ciudad. Nuestro primer encuentro con ellos tuvo lugar en la Plaza de los Coches. Después de escuchar un sombrío relato sobre el comercio de esclavos, buscamos alivio en el Portal de los Dulces, el mismo escenario de El amor en tiempos de cólera, donde su evocación fue como una brisa de aire fresco.

A medida que la guía desplegaba la información sobre las calles visitadas, mis lugares favoritos cobraban nuevo sentido. Los admirados balcones podían ser coloniales ó republicanos; las aldabas no eran solamente llamadores sino también distintivos de abolengo; los portales principales abrían sus puertas en ocasiones especiales y, los tejados con remates afilados, tenían la heroica misión de alejar a las brujas.

Por las noches, las calles se colmaban de turistas y los vendedores ambulantes ponían toques de color. Los restaurantes tenían música en vivo, los coches de caballos paseaban a las parejas románticas con guitarras y canto, los novios llegaban a la iglesia escoltados por mulatas vestidas de blanco, que agitaban las faldas al compás de la música.

Dejamos atrás Colombia, su música, ciudades, paisajes, y sabores. Sin embargo, nos llevamos el mejor de los recuerdos.

*Blog: www.cronicucas.blogspot.com.

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